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Cuando Fernando Tarruella tenía 20 años, conocer a alguien empezaba cara a cara: había contacto, conversación y un encuentro en persona antes de que aparecieran las demás preguntas. A los 54, después de una relación de dos décadas, volvió a las citas y se encontró con otra escena: una foto para elegir, una descripción de sí mismo que había que armar y nuevos códigos para acercarse a alguien. Entre una época y otra, descubrió que también tenía que aprender “cómo se juega” en la actualidad.



