
Además, una perspectiva realista acerca de cómo nacen las tecnologías más revolucionarias, y por qué casi siempre un nombre (y no una docena) termina asociado a un desarrollo en particular
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Ni los mismísimos dioses eran capaces de comunicarse unos con otros a distancia. Descargaban rayos y flechas enamoradoras; por supuesto, volaban, tenían carros mágicos y eran capaces de adoptar la forma y el aspecto de personas y animales. Pero no tenían teléfono. Punto para Bell.
Por Ariel Torres

