
Hija de un granjero, quiso ser maestra, como su mamá, pero luego de graduarse estaba tan endeudada que salió a buscar trabajo; la contrataron en IBM y fue la primera mujer en obtener el premio Turing
En 1988, la revista donde trabajaba me envió a entrevistar al Dr. Jorge Sanz, investigador de IBM. Estaba de paso por Buenos Aires y me recibió en las oficinas que el gigante azul tiene en el centro porteño. La charla sobre su trabajo no solo fue extraordinaria, sino que me dio un vistazo de lo que estaba por venir. Por ejemplo, su notebook estaba conectada sin cables a la red de IBM. Palabras más, palabras menos (han pasado más de 35 años), Sanz estaba entusiasmado con lo práctico que era llevar el correo electrónico (me mostró la pantalla) consigo a todas partes.

