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Kathleen Booth a mediados de la década de 1960 con el sistema de procesamiento de datos IBM 7040 en la Universidad de Saskatchewan, donde trabajó en traducción automática y redes neuronales
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Kathleen Booth. La precursora de las redes neuronales que, hace casi 80 años, nos enseñó a hablar con las máquinas

No solo implementó el primer método práctico para darle instrucciones a las computadoras, sino que se le ocurrió que las redes neuronales podrían usarse para simular la visión de los animales; tenía razón

No solo implementó el primer método práctico para darle instrucciones a las computadoras, sino que se le ocurrió que las redes neuronales podrían usarse para simular la visión de los animales; tenía razón

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En 1966, unas pocas semanas después de haber empezado a dirigir el taller de impresión del diario LA PRENSA, mi padre se enteró de algo pasmoso. Para hacer una página de diario había que crear un molde metálico; eran los proverbiales tipos móviles de Gutenberg, sin anestesia, en la vida cotidiana. El molde consistía de un bastidor y palabras o letras sueltas –dependía de muchos factores– modeladas en una aleación de plomo, estaño y antimonio. Los tipos se usaban una sola vez, lo que era lógico en el caso de los diarios, y volvían a fundirse en cada cierre. Ese trabajo recaía sobre un grupo de empleados que trabajaban con unas máquinas enormes y de aspecto aterrador, más parecidas a una creación biomecánica surgida de la mente de Cronenberg o de Giger que a una herramienta de productividad. Se llamaban linotipos y eran operadas por dos personas. Una se ocupaba de tipear los textos (de los artículos, títulos y demás) y la otra armaba la página acomodando lo que salía de la linotipo, palabra por palabra, letra por letra, línea por línea, dentro de los límites del bastidor.