
Trabajó toda su vida en Philips y tras el éxito del primer grabador de cinta portátil de la compañía, se obsesionó con una idea que parecía imposible; la clase de ideas que cambian el mundo
Como muchos otros pioneros, Lou Ottens probablemente no llegó a ponderar, en su momento, el valor de lo que había creado. Sintió, al principio, que había inventando solo una forma –a su juicio, algo cuestionable– de oír música; nunca estuvo conforme con la calidad de sonido de ese medio. Pero con el paso de las décadas, el casete de audio, que diseñó para la compañía en la que trabajó toda su vida, la neerlandesa Philips, se transformaría en el emblema de una época y, por primera vez, nos daría la posibilidad de llevar nuestra música en el bolsillo. Pero el casete dio origen a algo más, no menos actual.

