
Hasta 1979 andaba algo perdido, trabajaba como disc jockey y enseñaba meditación trascendental; pero entonces descubrió las computadoras y su vida cambió para siempre; la del resto de nosotros, también
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El monumental sismo tecnológico que sacudió a la civilización en el último medio siglo, con la miniaturización y, como consecuencia de esto, el advenimiento del cómputo económico y de dimensiones reducidas, tiene varios orígenes. Pero hay uno que se perfila con claridad en el horizonte histórico. No es una invención de hardware, un nuevo proceso de fabricación o un hallazgo de la física. Es, simplemente, una aplicación, un programa de computadora. Uno que la sociedad necesitaba con desesperación, aunque todavía no lo sabía.
Por Ariel Torres

