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Tom Kilburn delante de una réplica de la Manchester Baby, la primera computadora capaz de ejecutar programas almacenados en su electrónica. En la mano, un chip moderno, decenas de millones de veces más potente que el prototipo de 1948
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Tom Kilburn. Lideró la creación de una serie de computadoras históricas; una de ellas llegaría a la Argentina en 1961

Estudió matemática en Cambridge bajo los bombardeos nazis, trabajó en el desarrollo del radar y luego aportó innovaciones revolucionarias a la informática; muchas de ellas continúan vigentes

Estudió matemática en Cambridge bajo los bombardeos nazis, trabajó en el desarrollo del radar y luego aportó innovaciones revolucionarias a la informática; muchas de ellas continúan vigentes

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Invariablemente, los relatos sobre las primeras computadoras –construidas en la década del ‘40 del siglo pasado– mencionan la enormidad de esas máquinas, que ocupaban habitaciones enteras y consumían tanta electricidad como una ciudad pequeña. Pero no hablan del calor. En una era en la que el aire acondicionado era todavía una tecnología exótica, prohibitiva y rara, esas salas repletas de circuitos valvulares podían alcanzar fácilmente los 38 grados. Las válvulas disipaban mucha más temperatura que los transistores, que todavía estaban en el futuro, y operar esos equipos inmensos era también un ejercicio en resistencia física.