
Estudió matemática en Cambridge bajo los bombardeos nazis, trabajó en el desarrollo del radar y luego aportó innovaciones revolucionarias a la informática; muchas de ellas continúan vigentes
Invariablemente, los relatos sobre las primeras computadoras –construidas en la década del ‘40 del siglo pasado– mencionan la enormidad de esas máquinas, que ocupaban habitaciones enteras y consumían tanta electricidad como una ciudad pequeña. Pero no hablan del calor. En una era en la que el aire acondicionado era todavía una tecnología exótica, prohibitiva y rara, esas salas repletas de circuitos valvulares podían alcanzar fácilmente los 38 grados. Las válvulas disipaban mucha más temperatura que los transistores, que todavía estaban en el futuro, y operar esos equipos inmensos era también un ejercicio en resistencia física.
