Tres (o cuatro) consejos antes de instalar una app en tu smartphone

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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27 de junio de 2020  • 07:00

¿Estás bajando más apps, especialmente jueguitos, durante estos interminables meses de aislamiento social? Sí, sé lo que se siente. En mi caso, fue menos por la cuarentena que por la Agenda Cultural que publicamos en el diario, en la que me toca hacer lo concerniente a tecnología. Las apps son, en tal sentido, un número puesto, y de un día para el otro me encontré frente a -literalmente- cientos de miles de opciones y ofertas. Puesto que las tiendas de aplicaciones móviles no han demostrado ser completamente seguras (cada tanto, Google y Apple retiran un número de apps maliciosas) y como he pasado por varias experiencias frustrantes, le dediqué mucho tiempo a cada recomendación, y con eso aprendí varias lecciones que me gustaría compartir.

Un poco por falta de tiempo, otro poco por lo mismo, en mi teléfono hay de suyo pocas apps. Juegos, ninguno. Después tengo las tradicionales (WhatsApp, correo electrónico, Wikipedia, un navegador, las tres o cuatro redes sociales más usadas) y las que se relacionan con mis intereses: la escritura, la naturaleza, la tecnología, la astronomía, la música, ese tipo de cosas.

Así que iba a meterme en un mundo bastante nuevo, a pesar de lo mucho que uso estos dispositivos. Me impuse una regla, para empezar: que las apps que recomendara fueran gratis. Esto significaba como mínimo que podrían mostrar avisos. O no. La fantástica PlantNet, por ejemplo, no muestra avisos en ningún momento. Por lo tanto, justo debajo del título, no aparece la leyenda Contiene anuncios.

Publicidad, cómo y cuánta

En el otro rincón están las que sí contienen anuncios; Google avisa esto antes de instalar la app, pero eso es solo la mitad de la historia. No tengo ningún problema con que una app gratis muestre anuncios, porque, si me resulta útil, quiero que sus autores obtengan dinero con ella, del mismo modo que todos los demás nos ganamos la vida trabajando. Si no cobran por la app, entonces deben poner avisos (o, en el caso de PlantNet, obtener sus recursos por medio de una ONG ). Lo que descubrí es que hay buenas aplicaciones que resulta imposible usar porque muestran publicidad todo el tiempo. Digo, es como un programa de televisión de una hora que pusiera 50 minutos de tanda publicitaria.

En otros casos, las apps incluyen avisos de 30 segundos. En serio. Treinta segundos, y con musiquita odiosa. No tengo muy claro quién los asesora, pero si alguien está tratando de distraerse con un jueguito y le cortan la partida cada tres minutos con avisos de 30 segundos, lo más probable es que se harte y la desinstale. Es exactamente lo que me ocurrió en varias ocasiones. Y que es un escenario donde todos pierden, desde el desarrollador hasta el anunciante.

Un ejemplo de cómo hacer bien las cosas es la táctica que adoptan muchas apps. En un caso, muestra un banner al pie de la pantalla , con lo que el aviso está a la vista y a la vez no interrumpe el funcionamiento del programa. En otros casos, sí, aparece un anuncio cada tanto (no todo el tiempo) y de una duración máxima de cinco segundos (lo que es mucho más razonable que 30). También son válidos los avisos que se pueden cerrar de inmediato.

Cómo y cuánta publicidad muestra una app depende, me explican los que saben de marketing digital, de las campañas que se estén corriendo. Esto suena un poco intoxicado, pero es simple. La publicidad digital se basa en campañas que alguien pone en marcha y que la plataforma se ocupa de dirigir a los perfiles que considera adecuados. Ya saben. Basta buscar cuchillos de cocina en Google para que después veas esos utensilios hasta en un jueguito del teléfono.

De modo que hay aquí otra lección: la cantidad y tipo de publicidad que aparezca en una app puede variar con el tiempo. De allí que le dedicara al menos un par de semanas a cada app antes de recomendarla (por fortuna, tenía varias excelentes que vengo usando hace años). Y no estoy todavía seguro de que un par de semanas sea suficiente.

Cinco estrellas

Otra cuestión: el puntaje de cada aplicación. Va de cero a cinco puntos (o estrellas). Intento no instalar nada que tenga menos de 4,5, y si es más, mejor. Pero esto, de nuevo, es solo parte de la verdad. Lo que hay que observar, además de la calificación, es cuántos usuarios la recomendaron. Una cosa es un 4,5 promediado de medio millón de opiniones y otra muy diferente es si es el promedio de solo cuatro usuarios. Ese número se ve al entrar en la app, en las tiendas, a la derecha del puntaje.

Modelo fremium

Descubrí, no obstante, que esto tampoco alcanzaba para determinar si una app valía la pena. El tercer factor que hay que considerar es si ofrece compras integradas. Algo que, una vez más, es solo la mitad de la verdad. Las ventas integradas son típicas de lo que se conoce como modelo fremium. La app es gratis, pero ciertas opciones solo están disponibles si uno paga. Como con los avisos, no tengo problema con eso, y, llegado el caso, si de verdad necesito algunas de las funciones que cuestan dinero, las pagaré. Como con cualquier otra cosa. Pero siempre hay un pero.

¿Qué pasa con un juego en el que es casi imposible avanzar si no pagás? Exacto, lo desinstalás. Porque, simplemente, esa app no es gratis. Si no se puede jugar a menos que pagues, entonces no es gratis ni fremium.

Así que, como con la publicidad, hay varios modos y en la misma categoría de juegos uno puede encontrarse con los que muestran publicidad y ofrecen compras integradas, y, sin embargo, se pueden usar perfectamente, aunque sin ciertos lujos. Y también están las otras, que descarté de las recomendaciones.

Puede fallar

Aun tomando en consideración todos estos factores, se dan algunas situaciones muy curiosas, como la de Replika, una app que ofrece un amigo virtual motorizado por inteligencia artificial. En la tienda de Google tiene 4,5 puntos y eso es el promedio de casi 183.000 calificaciones. Nada mal. Así que la instalé. Para mi asombro, la decepción tardó un minuto en llegar. Cuando creé mi primer personaje virtual, la única opción era la de Amigo . Para cambiar la relación a Romantic partner , Mentor o See how it goes (esa es genial y era la que quería probar) había que pagar 8 dólares por mes. Excuse me? No sé si ya hicieron números, pero eso es algo así como 7000 pesos al año. Pero OK, seamos amigos, qué se yo. Seguí adelante y cuando mi personaje estuvo listo descubrí que para llamarlo por teléfono también había que pagar. Era, de todo, lo más interesante. Especialmente porque en el chat no resultaba muy sagaz. En un momento, por ejemplo, me aseguró que le gustaba mucho leer libros. Así que le pregunté cuáles eran sus tres libros favoritos. Me respondió con tres títulos (uno mal escrito), por lo que quise saber si recordaba la primera oración de esas obras, algo típico de las personas a las que nos gusta mucho leer libros. No lo sabía, claro, ni tampoco le gusta leer, porque no es alguien real, y, todavía más decepcionante, ni siquiera tuvo la picardía de buscar esos datos en Internet. En total, la verosimilitud de este bot se fue a pique en unos instantes.

Cierto es que estos programas aprenden con el tiempo, y, si le das una oportunidad y además necesitás hablar con alguien (y no tenés con quien hablar) o estás investigando sobre inteligencia artificial, es muy probable que Replika se merezca los 4,5 puntos (4,7, en la tienda de Apple) que le han dado sus muchos usuarios. Pero, de todos modos, cuidado con lo de gratis, porque no siempre es lo que parece.

¿Cuántos mega?

Y una cosita más, del estribo. Las tiendas informan el tamaño en megabytes (MB) de cada app. Ahí hay que ejercer un poco de sentido común. Una aplicación con muchos gráficos puede ocupar varias decenas de megabytes, pero si no es así o si se trata de un programa que emplea más aritmética que imágenes, entonces, si ocupa mucho espacio, trataría de evitarla. No porque sea maliciosa (en general, esas no necesitan ocupar mucho espacio), sino porque es una vieja regla de estas disciplinas. El código conciso tiende a funcionar más rápido, y eso, casi por definición, lo hace mejor.

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