Algunas anécdotas con gusto a sal
Risas y gritos de terror frente a mantarrayas y tiburones
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TAHITI.- Una de las atracciones más típicas de Bora Bora es alimentar a las mantarrayas con un puñado de peces muertos en la mano. Uno, dos, tres segundos y más de una docena de mantarrayas revolotea alrededor de los turistas, y comen de la mano y se dejan acariciar y pasan sus largas colas entre medio de las piernas, y una mujer desesperada grita de terror mientras el resto se ríe del puro gusto.
Rangiroa es el atolón más importante de Tahití y uno de los cuatro más grandes del mundo, con 240 motus separados por más de 100 pequeños canales, y con una enorme laguna de agua tibia y transparente. Todas las actividades están relacionadas con el agua, desde paseos en botes con fondo de vidrio hasta buceo con tanque, pasando por excursiones en pequeños submarinos y el siempre bien ponderado snorkel.
A toda carrera
En eso estaba una turista argentina con su recién estrenado marido, haciendo snorkel en la playa del hotel, y de repente, como si hubiera visto al diablo, la mujer sale nadando a toda carrera y con una mueca de terror en la cara. ¡Me mordió un tiburón!
Aunque el escualo en cuestión no medía más de 30 centímetros, que para ella había sido un tiburón blanco que había intentando comérsela, y el resto de la gente alojada en el hotel seguía en el agua como si nada, ella sólo se queda tranquila cuando le dicen que es mejor meterse en el agua sin anillos ni collares, porque el brillo atrae a los peces.
Es que en Tahití hay tiburones, pero no son peligrosos. Hay grises, de punta blanca, de arrecife, tigre y martillo. En total, 16 especies dan vueltas, por lo general, fuera de los atolones y las lagunas, aunque también hay muchos adentro, pero más pequeños, como los que se ven en la laguna Azul, uno de los paseos imperdibles de Rangiroa.
Miles de buzos llegan todos los años a Rangiroa, atraídos por su fama mundial, para ver a los peces, mantarrayas y a los reyes de altamar.



