Carmelo tiene la fórmula para vivir como un duque
Un hotel que supera los parámetros tradicionales de confort
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Bajo el tibio sol de la mañana de invierno, el crucero se desplaza por el Río de la Plata, ya próximo al fin de su viaje. Es tal la placidez del itinerario que parece un despropósito pensar que pocas horas de esta jornada serán suficientes para aprovechar a pleno el objetivo fijado: visitar en Carmelo, Uruguay, el Four Seasons Resort, emparentado directamente con el hotel, monumental y elegante, que funciona en la calle Posadas, en Buenos Aires.
A bordo, tan sólo se oye el sonido ronco del motor del crucero, mientras es difícil vencer con los ojos el fuerte reflejo sobre el agua para ver el estuario. En la inmensa soledad asoma una vista única de los canales y paisajes que unen la Argentina y Uruguay. Embarcar, aunque sea por poco tiempo, exalta. No importa el frío, tampoco las preocupaciones sobre lo que pasa en nuestro país, porque ese gigante que espera por nosotros, invitados especiales, despierta mucha expectativa.
Algunos folletos anticipan que este resort es un canto al lujo, sin lugar a dudas accesible para unos pocos afortunados que buscan confort exclusivo. Todas las instalaciones y servicios están a disposición suya, siempre que el bolsillo se lo permita, claro.
¡Advertencia!: esto cuesta caro. Sobre todo para los argentinos, por la constante depreciación que experimenta el peso devaluado. Ejemplo: un bungalow (¡90 metros cuadrados!), entre viernes y domingo, vale 195 dólares por noche. Si se anima, hay que reservar por el 4321-1690 o carmelo@fourseasons.com Tras 2 horas de viaje desde el Tigre, allá, ante la vista, se recorta Carmelo, semejante a un viejo pueblo fantasma. Las calles muestran almacenes de principios de siglo y autos antiguos.
Después de breves minutos de tocar tierra, se ingresa en el Four Seasons Hotels, un refugio frente al río en medio de bosques de pinos y eucaliptos, que supera los parámetros tradicionales de la comodidad. Especial para vivir, para amar, quizá para soñar, para sentirse como un duque. Esa es la primera impresión de esta fugaz visita. El tiempo escasea y no hay tiempo para convivir con el refinamiento. De todos modos, algunas atenciones -rápidas, justas y silenciosas- y un breve recorrido permiten apreciar que es éste un hotel especial, sin lugar a dudas para escapar de las presiones cotianas.
De buena madera
Hay que considerar, según nos informaron, que el hotel forma la companía hotelera que más condecoraciones internacionales recibió en el mundo. Quién lo iba a pensar en un paraje prácticamente virgen, donde la naturaleza y sólo ella es la protagonista y no muy lejos de Buenos Aires.
Fue creado para el relax y la atención a mano en cualquier momento. El diseño arquitectónico costó 30 millones de dólares. Dentro del predio del Four Seasons Resort Carmelo comenzó a funcionar recientemente el nuevo casino.
Tiene tantos valores agregados que es fácil decir de él, sin temor a equivocarse, que no hay muchos como éste, en América del Sur.
Esta propiedad presenta una comodidad incomparable y una privacidad elogiosa. Vayamos por parte.
El diseño, una mezcla embriagadora de influencias asiáticas y occidentales, contribuye a ofrecer la sensación de un refugio reparador. Una piscina de doble cascada domina la atención. Al lado, los restaurantes permiten disfrutar de cenas en el interior y en las terrazas con vistas al río. Por supuesto, la casa se esmera con platos y especialidades.
Posee 20 bungalows de 90 metros cuadrados con jardín privado y ducha exterior, y 24 suites de 120 m2 distribuidos en dos plantas. Cada habitación cuenta con una galería cubierta, chimenea, inmensas bañeras y duchas, y doble lavatorio.
Bien romántico
En los dúplex, las camas de tamaño king size son de lapacho, mientras que en los bungalows son chinas, hechas a mano. Los tules que envuelven las camas dan un toque romántico a las habitaciones.
Si uno quiere no hacer nada, se entrega a leer en la biblioteca o sueña bajo un árbol que está en el paraíso. Es agradable la sensación de estar solo y acompañado en medio de la gente, pero sin toparse con nadie, aunque uno se cruce en los senderos.
Una gran variedad de oportunidades para la recreación, que van desde la natación y los paseos a caballo hasta los torneos de golf, se ven mejoradas gracias al spa del resort. Este brinda tratamientos para irse como nuevo. Se incluyen, entre otros, masajes, hidroterapia y belleza corporal. La cancha es par 72 y tiene 18 hoyos, 16 de ellos, con lagunas artificiales. Se invirtieron 3 millones de dólares. Desde el hotel se organizan excursiones a Carmelo, visitas a una bodega local, y viajes a Colonia, a 70 kilómetros del resort.
Si el lujo en un hotel se aprecia viviendo un poco mejor de lo que se vive en casa, esta regla aquí no es una excepción. Una advertencia apura la visita: el barco espera para regresar al Tigre, de donde partimos.



