Paraíso de paz y arena al que llegar es toda una aventura.
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Había una vez un pueblito de pescadores perdido entre las dunas del Nordeste. No tenía caminos ni luz, y casi no usaba dinero; estaba libre de los pecados del mundo moderno. Entonces llegaron los primeros hippies, y decretaron que era el paraíso. El gobierno creó un área de protección ambiental. Un día el diario The Washington Post incluyó al pueblito en la lista de las diez mejores playas del mundo, y ahí sí: ante la mirada sorprendida de los brasileños, buscadores de paraísos de toda laya se lanzaron de cabeza a la arena prometida. Los adoradores del viento, windsurfistas y más tarde kitesurfistas, descubrieron que era el lugar que habían soñado. Je-ri-coa-coa-ra: de “jacaré quarando ao sol”, (yacaré tomando sol), según la forma que los pescadores veían en el Serrote, el morro vecino. Para los amigos, Jeri.

Cualquiera diría que semejante presión turística arruinaría el sitio en dos años. Pero Jeri sigue lejana y charmosa, ahora con un marcado estilo rústico-chic (con lugares más rústicos y más chiques). Las inmensas dunas la custodian, y hacen que llegar todavía sea una aventura. Si bien ya hay electricidad, teléfono, TV y hasta wi fi, las calles siguen siendo de arena. Y, se sabe, no hay nada tan relajante como andar en ojotas, o mejor, en patas.
Es cierto: las cinco calles de Jeri guardan medio centenar de posadas, unos 30 restaurantes y varias decenas de lojas. Y sin embargo, todavía se respira ese qué sé yo que aliviana el alma. Ver caer el sol sobre el mar desde la piscina, las hamacas o los balcones de la bella posada Jeribá, ubicada en un desnivel que deja en primera fila frente a la playa, puede compensar meses de estrés.

¿Qué tiene Jeri que no tengan otras? ¿Qué más que playa, sol y palmeras? Ah… La arena se acomoda hasta crear una duna de 30 metros, románticamente bautizada como Pôr-do-sol, o puesta del sol. La playa es una media luna que permite que en el mar convivan deportistas y no tanto, y que de cada punto haya buena vista. El sol es fiel, y las palmeras se combinan con las cajueiras (árboles de cajú) y las santa ritas en flor.
La llegada es épica. Después de unas seis horas en bus desde Fortaleza, en Jijoca de Jericoacoara, a sólo 20 km, hay que subir a la jardineira, una especie de trailer abierto arrastrado por un tractor de grandes ruedas. Un camino de cajueiras lleva a la pequeña Vila de Preá. Casi a las 17, con el sol muy cerca de las dunas, la jardineira toma la playa. Se bambolea, esquiva botecitos de madera y va derecho allá donde el sol se pone atrás de las palmeras. A las 17.30, con las últimas luces, entra a Jeri. En la playa ya se toma caipirinha al son del berimbau.

Baja la noche, mansa y estrellada. Es la hora de pasear por “el centro”: las tres callecitas que venden vestidos y tazas pintadas a mano. Las propuestas para cenar van desde pizza o peixe grelhado hasta sushi, langosta, moqueca y otras elaboradas exquisiteces marinas. Ahí donde la calle principal se funde en la playa, los puestitos de tragos despachan caipirinha y mangaroska. El reggae viene de todos lados; los bares ofrecen shows en vivo. La noche puede seguir con los DJ de Mama Africa, el rock de Planet Jeri o el forró de For all; o deslizarse hasta la próxima batida de maracuyá, la mejor del mundo, hecha en el momento, en la playa, bajo las estrellas.
Antes de las 6, el sol ya está a los gritos. De todos lados, desde el hostel hasta el 4 estrellas, salen figuras de neoprene. Son los windsurfers y kitesurfers, que copan la Praia da Malhada. Encuentran en Jeri una fórmula imbatible: viento de junio a enero, calor y buenos precios.

Ni los menos deportistas se resisten a la caminata a la Pedra Furada (piedra agujereada), el ícono de Jeri, a 3 kilómetros. Se pasa por cavernas y piscinas naturales hasta llegar a la Pedra, un tremendo pórtico creado por el mar; el viento sopla tan fuerte que cuesta mantenerse sobre las rocas rojas.
Paseo en Buggy
Si el día pide aventura, lo mejor es una excursión en buggy.La Asociación de Bugueiros ofrece varios paseos; uno de los más populares lleva a la vecina Vila de Tatajuba. Hay que agarrarse fuerte; el buggy se zambulle en un paisaje alucinado. La arena vuela fantasmagórica, las nubes se mueven y provocan reflejos plateados.
Primera parada: paseo ecológico del cavalo marinho, o caballito de mar. Recorremos un brazo de mar en una canoa; junto a los manglares de la costa, el guía muestra ostras y cangrejos. Finalmente pesca un caballito con media calabaza y lo ofrece a los ojos voraces de las cámaras. Es nacarado, de unos 13 cm; después de las fotos vuelve al agua.

El buggy cruza el brazo de mar en una balsa. Ayrton, el bugueiro, muestra los restos de la “antiga vila de Tatajuba”, tragada por las dunas móviles hace 35 años. La “nova Tatajuba”, un par de kilómetros más lejos, está protegida por el agua; hoy es la nueva promesa del litoral, con apenas dos pousadas bajo las palmeras.
Damos la espalda al océano y el paisaje se vuelve lunar, o dunar. Es el desierto cearense. Así llegamos a los lençois, hermanos menores de los famosos lençois maranhenses, un mar de dunas en el que se forman lagunas de agua de lluvia. En primavera, casi todas están secas; sólo queda una, un espejismo verde desde una impresionante duna de 78 metros. Ahí en el borde, vendedores envueltos como beduinos resisten la arena voladora y nos esperan con cocos. También alquilan tablas para deslizarse en skibunda, cuya traducción literal es “culopatín”.
Última parada: Lagoa da Torta, ideal para chapuzones, windsurf, kitesurf y aerobunda, una tirolesa que termina con la bunda en el agua. Lo mejor son las redes (hamacas) sobre el agua misma, y la barraca que ofrece sillas y mesas, también, semiacuáticas. La vida es mejor con los pies en remojo. El “menú” es una bandeja con tres peces, cinco langostas y un puñado de camarones fresquitos, y, sí, queremos todo, también esas ostras que pasa vendiendo un menino a un real. La mesa de plástico sirve un almuerzo de lujo.

Volvemos justo a tiempo para el evento central del día: la puesta de sol. En un ritual, todo el pueblo sube los 30 metros de la duna Pôr-do-sol. La arena castiga las piernas, pero a nadie le importa. En un silencio hipnótico, la bola roja cae al mar. Ahora sí, se desata la euforia, y muchos bajan corriendo o rodando. En la playa se arma el fútbol y la capoeira. Pasa algún caballo, los últimos kite salen del agua, vuelve un bote rezagado. De los bares ya brota reggae o MPB, mientras el cielo vira al rosado y se encienden los farolitos de colores. Los últimos cocos transmutan en las primeras caipirinhas. Estratégicamente sentado en la arena de Jeri, uno puede respirar hondo y sentir, por una vez, que no se está perdiendo nada.
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DÓNDE DORMIREssenza Hotel Av. Océano Atlântico s/n. T: (55 88) 9989-0040.reservas@essenzahotel.com.br / www.essenzahotel.com Inaugurado en julio de 2014, es el mejor hotel de Jeri y cumple con creces tres preceptos fundamentales: exclusividad, elegancia, confort. Frente al mar y con vista a la gran duna, son 30 suites en total. Las de la planta baja tienen salida directa a la piscina de borde infinito (1.000 m2 y 1.50 m de profundidad); las del primer piso tienen piscina privada y un espejo gigante que refleja el mar. Amenities Boticário, frigobar retro, decks de madera, almohadones y sillones por todas partes. Desde los balcones se ven el mar, los kitesurfistas, los caballos, las barcas de los pescadores. No admiten niños menores de 12 años.
Blue Residence Rua São Francisco s/n. T: (55 88) 3669-2204.reservas@blueresidencehotel.com.br / www.blueresidence.com Estratégicamente ubicada entre la duna Pôr do Sol y la calle principal, conjuga una excelente atención hotelera con la independencia de los bungalows, equipados con cocina americana completa y sala de estar integrada.
My Blue Hotel (ex Mosquito Blue) Rua Ismael s/n. T: (55 88) 3669-2203.mail@mybluehotel.com.br / www.mybluehotel.com.br Al pie de la duna y a pocos pasos de la calle principal. Las habitaciones tienen un aire a costa mediterránea: paredes blancas pintadas a la cal, por dentro y por fuera. Desde BRL 400 a BRL 600 la doble con desayuno.
Blue Jeri Pousada A 100 metros de la playa. T: (55 88) 3669-2027.mail@bluejeri.com.br / www.bluejeri.com.br Combina la arquitectura colonial brasileña con el "estilo típico" de la aldea de pescadores. Jacuzzi compartido en la terraza, con vista a las dunas y la bahía de Jericoacoara, + parking para windsurf.
Vila Kalango Rua das Dunas 30. T: (55 88) 3669-2289. reservas@vilakalango.com.br / www.vilakalango.com.br Bungalows, habitaciones y rústicos palafitos ?paredes de adobe, techos de hojas de palmera y pisos de madera? en un jardín de 5.000 m2, frente a la famosa duna.
The Chili Beach Rua da Igreja s/n. T: (55 88 ) 3669 -2278 / 9909-9135.www.chilibeach.com Primer hotel boutique de Jericoacoara. Estilo rústico chic, frente al antiguo cementerio marino. DÓNDE COMERMy Blue Rua Ismael s/n. T: (55 88) 3669-2203. Imperan el blanco, las lámparas hechas con latas de cerveza reciclada por Bin Lata, artista callejero que trabaja y expone en la playa de Mucuripe (Fortaleza) y la atención esmerada. Los platos estrella son la ensalada de mango, kiwi y mix de frutas tropicales, el róbalo con hierbas y la infaltable langosta.
The Chili Beach Rua da Igreja s/n. T: (55 88 ) 9909-9135.www.chilibeach.com Abierto al público, con reserva.
Tamarindo Travessa Ismael s/n. T: (55 88) 9676-5817. Especialidad en pizzas de masa delgadísima y variaciones insólitas. . PASEOS Y EXCURSIONESExperimentejeri T: (55 88) 9662-9190 / (5585) 9690-3558. contato@experimentejeri.com.br / www.experimentejeri.com.br Paseos en buggy a Lagoa do Paraiso, Tabajuba y Pedra Furada. Rota das Emoções: en 4 x 4 al delta de Parnaiba y los Lençóis Maranhenses. Viajes a la Serra y al Sertão do Ceará.
Solar da Malhada A una cuadra de la iglesia, se llega siguiendo a la gente. Hay samba todos los viernes y es "la noche más linda de Jeri" según los lugareños.
Surfin Sem Fin T: (55 88) 9864-2843. surfinsemfin@group.net.br
Nota publicada en enero de 2015.


