Como buscadores de oro en las minas de La Carolina

En este pueblo puntano se pueden visitar las minas de la época de la Colonia
En este pueblo puntano se pueden visitar las minas de la época de la Colonia
(0)
8 de noviembre de 2019  

El siguiente relato fue enviado a lanacion.com por Paula Flores. Si querés compartir tu propia experiencia de viaje inolvidable, podés mandarnos textos de hasta 5000 caracteres y fotos a LNturismo@lanacion.com.ar

En julio fuimos unos días a Potrero de los Funes, San Luis con amigos. Ubicados frente al embalse, suite flotante, sol de mañana, bello atardecer, mejor vista imposible. Ideal. Aprovechamos los días para hacer varios recorridos que propone la provincia, ordenada y prolija, por cierto, donde moverse por sus autopistas de doble mano, invita a conducir con tranquilidad.

Mapa en mano, un día, curiosos, llegamos a La Carolina.

"Son de las canteras del pueblo", nos dice Pedro, puntano, de piel ajada y sombrero de paja, para los momentos de sol fuerte. "Las hermoseo y las traigo para que elijan ustedes", continúa explicando al grupo detenido frente a su furgoneta. Destartalada, ruidosa, llega sobre los adoquines, se para en el pequeño centro del pueblo.

Estamos en La Carolina, un pueblo con apenas 250 habitantes, ubicado unos 80 kilómetros al norte de San Luis Capital. Se llega por un camino de montaña en excelente estado. Desde su baúl, Pedro expone las piedras a la venta.

La Carolina, en tiempos pasados supo de la fiebre del oro, en las minas del cerro Tomolasta, próximo al poblado. Hacia 1794 el virrey Sobremonte - el mismo de los manuales de historia- se enteró que unos expedicionarios habían descubierto el mineral en la zona. Allí se fue entonces, a fundar un caserío, al que llamó La Carolina, en honor al rey Carlos III de España, quien se alegró mucho con el nombre, pero más aún cuando le llegaron los barcos cargados de monedas de oro, acuñadas en Chile.

El oro se agotó, pero los pobladores actuales vieron en el turismo minero la oportunidad de contar su historia y atraer viajeros. El pueblo tiene calles adoquinadas, es prolijo, de belleza austera; casas bajas, coloridas, bancos en sus veredas, macetones floridos, perros moviendo las colas, niños corriendo.

Varias familias llegaron a vivir hace pocos años en busca de las oportunidades que brinda el incipiente turismo. Hay un comedor -como lo llaman ellos- "La Huella", donde sirven comidas caseras y organizan excursiones por la mina abandonada, con guías locales.

Muchos jóvenes que habían emigrado para trabajar en la capital o en otras provincias ahora están regresando, capacitándose en turismo y recibiendo a los viajeros curiosos.

Con casco y botas

La excursión a la Mina La Carolina incluye un recorrido por los túneles húmedos, los mismos que en tiempos pasados caminaban los mineros. Casco en mano y botas para agua - el suelo de la mina está en partes inundados - se recorren unos pasillos oscuros con iluminación provista. Se explican los métodos de extracción y las desventuras de quienes explotaron el lugar, para que otro aprovechara las ganancias. La excursión se completa con una visita al río homónimo, donde zarandas en mano, los invitados juegan un poco a ser buscadores de pepitas de oro. El río es un espectáculo, las aguas conjugan tonos verdes, amarillos, ocres y dorados, todo por las mezclas de minerales que arrastra.

Para seguir entendiendo el proceso de extracción de las minas, hay un museo de sitio dedicado a las piedras, muy variadas en minerales y tamaños, parte es a cielo abierto, lo que da un encanto y brillo particular a las piedras expuestas. También ahí se ven fotografías antiguas, herramientas y elementos utilizados por los mineros de antaño. Es gratuito, pero se recomienda dejar una contribución para que el pueblo pueda seguir prosperando en su propuesta.

El recuerdo de Lafinur

Otra perlita del lugar, caminando un poco cuesta arriba de la lomada de los cerros -nada imposible, bien cerca- es el Museo de la Poesía dedicado a Cristónomo Lafinur. Fue un poeta, escritor, filósofo y educador argentino, nacido en 1797 justamente en estos lares, cuando en La Carolina había solo unas casas dispersas y sus padres, oriundos de Córdoba, llegaron para encarar actividades mineras. Mas allá de su obra como poeta, educador y sus sueños libertarios que acompañaron al general Belgrano, fue bisabuelo de Jorge Luis Borges, quien ha dedicado algunas líneas al prócer. Vivió en Santiago de Chile, donde se enamoró y formó su familia. Falleció allá en 1824, con una corta pero intensa vida de 28 años. En 2000 se repatriaron sus restos, que descansan en un predio bello rodeado de árboles, al lado del museo.

Muchos otros poetas, anónimos y conocidos, han dedicado escritos a La Carolina y a la figura del prócer. Vitrinas con poemas colgados de hilos, estéticamente dispersos, muy original la exposición. Hay también un laberinto de piedras autóctonas, frente al museo, dedicado al bisnieto del prócer. Así Borges y sus laberintos, completan la visita.

Para terminar el recorrido les sugiero prueben en La Huella algunas delicias caseras dulces que preparan, la pastaflora de batata y membrillo, manjares puntanos, imperdibles.

"Entonces, ¿cuál le gusta más?", pregunta Pedro, con espíritu vendedor. No es fácil. Después de un rato, me decido por una grande, gris, irregular. Fondo opaco, con manchas dispersas, que brillan con el sol. Es original, diferente. "Es de granito, pero con pedacitos de ónix, mármol, carbonilla." Pedro explica y enumera, pero ya no me acuerdo más. La envuelve en papel. "Va a ver que cada vez que la mire se va a acordar de La Carolina".

Y mientras escribo este relato, pienso que Pedro tenía razón. Palpo su superficie rugosa y viajo de nuevo a La Carolina, cruzo a un perro feliz moviendo la cola, descanso en un banco, huelo los macetones floridos, saboreo las pastafrolas caseras.

¿Vacaciones con un giro inesperado? ¿Una aventura que marcó tu vida? ¿Un encuentro con un personaje memorable? En Turismo, queremos conocer esa gran historia que siempre recordás de un viaje. Y compartirla con la comunidad de lectores-viajeros. Envianos tu relato a LNturismo@lanacion.com.ar. Se sugieren una extensión de 5000 caracteres y, en lo posible, fotos de hasta 3 MB.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.