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Toluca de Lerdo es una de las ciudades más altas y frías de México, pero su gente es cálida y hospitalaria. Como casi todas las antiguas metrópolis del país, se desarrolló alrededor de una plaza central. Además de la Plaza de los Mártires, la catedral, las ruinas arqueológicas de Calixtahuaca y el Centro Cultural Mexiquense, es imprescindible visitar los famosos portales, que son el alma del casco histórico. Considerados los más largos del país, con sus 120 arcos, están divididos en secciones, y adentro hay tiendas de ropa, puestos de comida y artesanías, bares y restaurantes. Lo que más me gustó es el Cosmovitral, un jardín botánico construido dentro de un edificio con enormes vitrales de 28 colores y matices.
En los cinco meses que viví en Toluca, estuve presente en dos de las fiestas más importantes: la Feria del Alfeñique y el Día de la Independencia. La primera es una feria tradicional y colorida que se extiende desde la última semana de octubre hasta el 3 ó 4 de noviembre. Se ofrecen dulces y chocolates en forma de calavera, ataúd y cráneos. La segunda es el 15 de septiembre. El 14 a la medianoche se festeja el Grito de la Independencia en las plazas públicas de todas las regiones del país. La gente se reúne en sus casas, se viste con trajes típicos, se pinta las caras de verde, rojo y blanco, y celebra que son un país libre. Es un festejo muy alegre, donde se disfruta de buena comida y bebida hasta el amanecer.
Lago de Pátzcuaro e Isla de Janitzio
Janitzio es la isla más importante del lago de Pátzcuaro, en el estado de Michoacán. Es famosa por la celebración del Día de Muertos, el 1º y 2 de noviembre. Viajé especialmente para estar presente en los rituales que se realizan para recibir a la muerte y confieso que son sumamente fascinantes.
Según la tradición, el 1º de noviembre se recuerda a los niños o Santos Inocentes, y se colocan juguetes y dulces sobre las tumbas. El 2º de noviembre se celebra el Día de los santos difuntos: es cuando se dice que las almas de los que han muerto visitan a sus seres queridos en el mundo terrenal. Los familiares van a los cementerios, decoran y limpian las tumbas. Llenan los altares con flores de cempasúchil (flor amarilla tradicional del día de muertos) frutas, velas, el "pan de muertos", los platos preferidos del difunto y mucho alcohol. Luego, las familias permanecen en sus casas comiendo y bebiendo las ofrendas que le dejaron a sus familiares muertos (porque los muertos no se comen la comida que les dejan en la tumba).
Pude ver cómo los poblados michoacanos de Pátzcuaro, Tzintzuntzan y Janitzio se visten de colores para recibir estas fechas. Las ceremonias se inician diez días antes de la noche de muertos; hay un cronograma cultural que incluye talleres, exposiciones, ofrendas, danzas prehispánicas y exhibición de pescadores con las redes mariposa. En 2012 el lema fue "la muerte también se divierte".
La noche del 31 visité el Muelle San Pedrito, donde se realizó un festival Purépecha (nombre de una de las etnias más importantes del estado), con danzas y comidas típicas, música y tianguis (mercados) de artesanías.
Desde ahí nos tomamos la lancha hasta la isla de Janitzio. Al llegar, subimos por unas callecitas muy angostas y caminamos hasta un escenario a orillas del lago de Pátzcuaro, y desde ese momento nos quedamos en vela toda la noche (ya 1º de noviembre), como dicta la tradición.
Antes de la medianoche, la gente comenzó a caminar hacia el panteón principal del cementerio; los familiares estaban tendidos al lado de las tumbas de sus seres queridos, en silencio. Fue un momento de profundo respeto. Se podía ver a las familias y niños cuidando los restos de sus difuntos, sin prestarles atención a los turistas que les sacaban fotos.
Si bien esta tradición se festeja en todo el país, la región michoacana es la más popular, ya que para los pueblos de esta zona la muerte representa algo más profundo. Es un acontecimiento digno de ser visto, que me permitió entender la muerte como nunca antes me la había imaginado.
Además de estar presente para esta celebración, aproveché para visitar la Basílica Nuestra Señora de la Salud, el templo más importante de Pátzcuaro y el Mirador el Estribo, en lo alto de un volcán, con vista panorámica del lago de Pátzcuaro y sus islas.
También vale la pena visitar el Museo de Arte e Industria Populares, que exhibe una rica colección de textiles, madera, laca y maque, verdaderas joyas artesanales. Por último, la zona arqueológica Tzintzuntzan, a 17 km de Pátzcuaro, que fue la última capital del Imperio Purépecha.
Malinalco
Se trata de un pueblo mágico y ancestral, con calles empedradas y casas coloniales de adobe. Se encuentra al sur del estado de México y a 70 km de la ciudad de Toluca. Al llegar, me llamó la atención la paz y tranquilidad del ambiente. Es un destino de fin de semana, ideal para relajarse.
Tiene una característica iglesia, abundan los tianguis de artesanías y hay un criadero de truchas, el plato típico del lugar. La "trucha estilo Malinalco" es rellena de ají, tomate, epazote (hierba muy utilizada en la cocina mexicana tradicional), cebolla, ajo, mantequilla y chile, y se prepara ahumada o envuelta en papel aluminio. De postre, son imperdibles las nieves o helados artesanales hechos en base a las frutas típicas de la zona.
Lo más imponente es su zona arqueológica. Está ubicada en el cerro de los Ídolos, a pocos minutos a pie desde el centro, y subiendo unos 400 escalones de piedra en forma de caracol. Dicen que al lugar acudían los guerreros águila para realizar ritos de iniciación, por lo que en el interior del templo se aprecian las impresionantes esculturas de dos águilas y un jaguar, muy bien talladas.
Tequila
Este municipio del estado de Jalisco es conocido por darle el nombre a la icónica bebida mexicana. Su clima semiseco es el que permite que ahí crezca el agave, la planta que se procesa para obtener el tequila.
Para recorrer este pueblo, Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO desde 2006, conviene contratar un tour por las antiguas instalaciones industriales, los campos agaveros y alguna de las fábricas donde muestran cómo se realiza el tequila paso a paso, con degustación incluida.
Antes o después, se puede visitar la plaza principal del pueblo, el Museo del Tequila y la increíble pintura que se encuentra en la antigua fábrica La Perseverancia. Dentro de los souvenirs, abundan las barricas de tequila de todas formas y tamaños y los vasos tequileros grabados. Lo mejor es comprar varias botellas de tequila y mezcal, ya que al ser una zona productora, son muy económicas y de buena calidad.
Por Macarena Hormello - hormellomacarena@gmail.com
Nota publicada en marzo de 2014. Publicada en revista Lugares nº 211.



