El Silencio conserva un rincón en Cañuelas
Con parque diseñado por Carlos Thays, una estancia de nombre sugestivo y un pasado que tiene mucho que decir
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Hasta ahora,desde que Benjamín Cardoso negoció con los indios la adquisición de 3000 hectáreas (allá por 1833), la estancia El Silencio se conserva intacta. Así es, aunque pasen los años, los dueños y las historias.
Del establecimiento original (sobre la ruta 6, en el km 42, partido de Cañuelas), se conservan la casa de huéspedes, el living comedor, el aljibe, el galpón, la glicina y el perfume de antaño. La casona colonial data de 1930.
El parque es un lujo adicional. Diseñado por Carlos Thays, ostenta sus características avenidas de eucaliptos y casuarinas en forma de cruz. Desde el living y sus enormes ventanales pueden verse las columnas blancas de la galería frontal que sostienen la terraza. Desde allí el panorama invita a detener la vista en la blancura del jazmín del cabo, el rojo de las flores, el verde de las achiras frente a la casa.
El canto es casi ensordecedor. Participan las torcazas y los tordos, que con la luz del atardecer parecen violetas. También los caranchos, las garzas, las cigüeñas (que reposan orondas en una laguna artificial, a 100 metros del casco), y los pájaros carpinteros.
Tilos centenarios, álamos piramidales, sauces llorones, liquidámbares, robles, aguaribay, pinos disciplinados: la lista de especies de árboles es inmensa. Todo el perímetro del campo se encuentra delimitado por eucaliptos.
El asado del mediodía lo prepara Raúl Ignacio González, que trabaja en la estancia hace 33 años, y se sirve junto al quincho o bajo los tilos, según la época del año. Hay otro galpón en remodelación que próximamente podrá recibir más de 100 personas sentadas.
Raúl posee un encanto especial para contar historias de facones enterrados, malones... y chistes. El secreto del asado no lo susurra: lo grita. Respecto de la técnica para asar, él sintetiza que no hay secreto, sino "una paciencia infinita". Además, cuenta, " ya mi padre asaba lindo". Costillares enteros, pollos de campo, corderos y lechones del vecino completan la lista de sus especialidades, siempre acompañadas por tres variedades de ensalada que siempre van más allá que la lechuga y el tomate. Así también, el mate amigo, al rescoldo: no más llegar a la parrilla Raúl ofrece un mate caliente para matizar la espera.
Los ñoquis de papa, "con un buen tuco y crema", o la sopa de zapallo con leche y queso rallado de Joaquina Maciel (alias Tití) reconfortan al viajero por la noche.
Vidas de familia
Paradojas de la vida, Benjamín Cardoso, que introdujo el alambrado en Cañuelas, terminó enroscado en su destino: la oscuridad de la noche le tendió una trampa mortal. Fue encontrado, muerto, junto a su caballo, tres días después.
Su hija se casó con Ramón Aguirre, un militar que participó en la Conquista del Desierto, y luego trabajó en la zona con ovejas y agrandó el campo hasta la 10.000 hectáreas. Un hijo de este matrimonio se unió con una mujer salteña, de apellido Saravia, quedando como dueños los Aguirre-Saravia. Hoy el establecimiento pertenece a Guillermo Yeats y su esposa María Angélica, y la recepción de los viajeros corre por cuenta de Marta Foster.
De acuerdo con las temporadas, se puede ver las tareas rurales de vacunación, yerra y un largo etcétera. Los paseos a caballo siempre son con guía. El encargado es Marcelo, hijo de Raúl, que con sus 21 años se encarga de escoltar a los interesados a los distintos montes.
En la entrada a la estancia, que queda sobre el que fuera Camino Real, funcionaba una pulpería muy utilizada a principio de siglo por los gauchos de la zona. Es ahí donde vive Raúl y su familia. "Al final, un peón vendió los barrotes a un ciruja. Y chau restos de la pulpería", resume González, entre mate y mate.
Una rica y dulce historia
Cañuelas es zona de tambos, uno de ellos hoy reciclado como vivienda familiar. Será por eso que en la ciudad se celebra la Semana del Dulce de Leche todos los años, en noviembre, y aquí nació su leyenda. Aunque algunos documentos sitúan la cuna de esa institución nacional en el Perú, y no hay cuento de mulata ni de Rosas que valga ante la contundencia de las pruebas. Del tambo, en El Silencio quedan sólo las cuatro vacas que Gladys, la esposa de Raúl, ordeña cada mañana para tener los lácteos de cada día. Y también la hacienda del arrendatario del campo, cerca de 400 cabezas.
Datos útiles
Cómo llegar
Para llegar a la estancia El Silencio, hay que tomar la Autopista Riccheri hasta la salida del km 26, 3 kilómetros antes de llegar a Ezeiza. Allí hay que tomar a la derecha por la Avenida Jorge Newbery hasta la Autopista Ezeiza-Cañuelas. Una vez que finaliza esta última se llega una rotonda. Tomar a la derecha por la ruta 6 que se dirige a La Plata-San Vicente. Conviene ir despacio, este tramo de la ruta está muy deteriorado, con muchos pozos.
Desde allí son 18 kilómetros más hasta llegar al paraje El Deslinde, donde se dobla a la derecha por un camino de tierra. Como referencia vale un bar parrilla y un cartel de vialidad. Por este camino, que se bifurca, hay que tomar a la derecha (ruta 52, por donde pasaba el Camino Real), son 1800 metros, aproximadamente, hasta la entrada.
Cuánto cuesta
En total, son seis habitaciones que pueden albergar hasta 12 personas.
1 día $ 150
Con pernocte y todas las comidas incluidas, más las bebidas.
Fin de semana: $ 220
Incluye las cuatro comidas y todos los refrigerios y las bebidas (el vino de la casa es el Colón Cabernet Sauvignon).
Día de campo: $ 70
Actividades
Entre otros servicios: cancha de tenis, bochas, polo, caballos, tres carruajes y pileta de natación. Según pedido se organizan espectáculos folklóricos, exhibiciones de pato y de polo.
Reservas
Teléfonos: 155-0160471, 02226-430082 y 4791-2231.


