Gaiman: el té tiene su propia mesa en Chubut
Los galeses justifican bien sus humos
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GAIMAN, Chubut.- Con viento a favor, todo el encanto de su gente y el aroma a scones recién horneados, Gaiman suele ser relegada como un destino de paso. Con el tiempo justo para tomar el té. Grave error. Porque Gaiman merece más. Un día completo, al menos.
A 15 kilómetros de Trelew y alrededor de 80 de Puerto Madryn, Gaiman espera con aires de aldea y apenas 4642 habitantes, según el censo de 1991, contando la ciudad y las chacras aledañas.
Una de las atracciones menos conocidas, aunque figura en el Libro Guinness de los Récords 1998, es el Parque El Desafío. Nacido del genio creativo de Joaquín Alonso, se trata de un parque reciclado, armado con 30 mil latas de bebidas, 5 mil botellas pláticas y 50 mil botellas de vino y cerveza, que componen ambientaciones variables a cielo descubierto.
Laberinto y disparate para unos, galería de arte para otros, el circuito de una hectárea comienza con un insólito jardín de flores multicolores hechas con botellas y latas.
Lejos de adormecerse por la indiferencia local, Alonso, su creador, ronda los 90 años y le sobra energía para treparse hasta el último peldaño de una escalera para acomodar las latas al viento. Desde allí lanza el saludo: "¡Pasen, pasen...! Yo también tengo mis ruinas, no son las de Machu Picchu, pero sí las de mucho chupi".
Con las manos sobre un álbum de fotos amarillento y la palabra focalizada en el horizonte del pasado, Juan Osvaldo Jones fue bautizado por un pastor llegado especialmente desde las Malvinas, aunque su nombre terminó castellanizado por decreto del registro civil. Presidente de la Asociaciación de Residentes Chubutenses, Jones recuerda su infancia en Gaiman: "Iba tres veces por día a la iglesia. Primero a la anglicana para aprender inglés, a las 3 iba a la iglesia galesa para aprender galés, y a las 6, junto con mis padres, para escuchar al predicador."
Los lugareños atesoran anécdotas por doquier. Con un apellido casi insolente en un lugar famoso por la repostería casera, Clara Hamburguer -guía de turismo en inglés, español, italiano y alemán- relata una de las visitas más particulares que recuerde. "Hace unos años me contrató un extranjero con mucho dinero. No me daba demasiadas explicaciones, y se manejaba con un extraño proceder. Visitamos Gaiman del derecho y del revés. Pero se entusiasmaba sobre todo en los locales de venta de souvenirs: compraba de todo. Mi curiosidad era tan fuerte que, finalmente, le pregunté y me explicó que estaba cumpliendo con el sueño de su vida. El señor se llamaba Gaiman, algo insólito, pues este nombre deriva de la voz tehuelche que significa piedra de afilar. Me mostró su documento para constatar la curiosidad y me contó que soñaba con venir acá desde chico. Una maestra de la escuela le había mostrado en el mapa que, en un lugar remoto llamado Patagonia, existía una población con su apellido."
Mi nombre es Jones
Aquí resulta extraño tener que hablarle en español a un mister Jones o a una missis Griffiths. Así también le ocurrió al escritor Bruce Chatwin, que pasó la Navidad de 1974 en Gaiman, poco antes de seguir las huellas de los bandidos Butch Cassidy y Sundance Kid. En sus escritos, Chatwin declara haber conocido en una granja a un mister Williams "cuyo primo, el doctor Bryn Williams, regresó a Gales donde es ahora el archidruida."
Y sí. Todavía resulta extraño toparse con apellidos gringos, pero no tanto como el hecho de que las nuevas generaciones demuestren ganas por aprender el galés con el que desembarcaron del Mimosa aquellos 153 colonos en sus ansias por convertir esta Terra Incógnita en una Nueva Gales.
"Esta fue una colonización de trabajo y fe -explica el arquitecto Franklin John Humphreys, de pie entre las lápidas de un antiguo cementerio, junto a una capilla galesa-. Durante el siglo XX todo fue silencio entre Gales y la colonia, pero ahora el British Council patrocina los estudios del galés."
En estos pagos hoy todos parecen ser parientes. Tanto que en Trelew hay 5 calles diferentes que llevan el nombre de Jones. Y tanto que los lugareños le dicen "el español" a Miguel Angel Mirantes, dueño de Ty Te Caerdydd, aunque él da cuenta de sus ancestros galeses por parte materna y paterna.
Mirantes habla 4 idiomas y dice chapucear el galés, aunque enseguida larga una chorrera en ese idioma: "Dicen que uno sabe verdaderamente hablar galés cuando puede pronunciar correctamente el nombre larguísimo de una estación de tren en aquellas islas: Leanfairpwllgwyn-gyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch ".
Ty Te Caerdydd es una de las 6 casas que sirven el tradicional té en Gaiman, rodeada de lindísimos jardines (que incluyen otros árboles además de los sauces criollos que vieron los colonos al llegar) y frutales orgánicos para la producción propia de dulces. Hay quienes utilizan cierto humor ácido al comparar este lugar con un santuario a Lady Di: la ambientación da testimonio de la visita que hiciera la princesa de Gales. La vajilla de porcelana pintada por Soldi -usada por ella- está guardada en una vitrina.
Se destacan el pan de campo en finísimas rodajas y la manteca casera, pese a que ésta ya no se decora con los sellos que trajeron los galeses a mediados del siglo XIX. Mención especial para la torta de crema, que es preparada parcialmente por distintas personas. "Es una receta única -aclara Mirantes-, al prepararla entre varios nos aseguramos de que la fórmula resulte más complicada en caso de que alguien intente copiarla."
Para prolongar el sabor de la experiencia, Ty Te Caerdydd tiene también un local de venta de repostería y otro de souvenirs, con libros, frutos de mar en escabeche, dulces, cucharitas de plata y muñecas de lujo vestidas según la usanza galesa; las hay para elegir, por 40 pesos, entre pelirrojas, rubias o morenas, con caritas diferentes y de calidad apta para coleccionistas.


