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Son alrededor de 40 las actividades ofrecidas por el equipo de guías de Huilo Huilo: baños termales en invierno, pesca con mosca en verano y otoño, paseos en kayak, mountain bike y rafting cuando el río Fuy tiene un caudal suficiente, entre otras. Elegimos la más cultural de todas, conocer la gente que vive al lado de este universo particular. Empezamos por el Museo de Neltume, que resume la historia de más de un siglo de esta comunidad que vivió oscuros días durante la dictadura de Pinochet. Hay documentos históricos, fotografías y mobiliario relacionado a la época de la Unidad Popular y del Complejo Forestal y Maderero, además de documentos sobre la guerrilla desarrollada en el marco de la Operación Retorno del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) a inicios de la década del 80. El museo sufrió robos y un ataque incendiario en febrero de 2013. "Es inimaginable, nunca pensamos que esto podría suceder", dice la señora Angélica, custodia del museo, todavía conmocionada. Evidentemente fue alguien no muy familiarizado con la madera, porque para avivar el fuego usaron una manta de Castilla que estaba exhibida en la sala de "Trabajos de Aserradero", de un material no inflamable, que terminó apagando el incendio. Las salas contiguas, con artefactos donados por los lugareños y una interesante muestra fotográfica de la vida local, quedaron intactas.
Seguimos hasta la comunidad Valeriano Callicul, a pocos kilómetros de Neltume, para visitar la casa de Juana Quintoman Catrilaf. Mientras va transformando un montón de lana cruda de sus propias ovejas en una madeja lista para ser usada en un enorme telar mapuche, cuenta que aprendió la técnica de una tía, hace cinco años, en un taller organizado por la Fundación Huilo Huilo. Trabaja por encargo y dice que no da abasto. Le lleva de uno a dos meses hacer un poncho grande o una manta. Nos muestra uno de cada, y son realmente hermosos. También hace muñecos mapuches de trapo, que coloca sobre la mesa, el varón lleva un poncho y un morral, tejidos en el telar, y pantalones de jean ?la verdad que la combinación es sumamente cool?. La muñeca lleva ropas típicas y una canastita de mimbre llena de bollitos de lana cruda, teñida también por Juana, con tintas naturales. Agradecemos su tiempo y seguimos hacia la casa-restaurante Pichiweno (cerro pequeño en mapudungún) cuyos dueños son narradores orales de Neltume. Egidio Duat Catrilaf, mezcla de sirio con mapuche, está ataviado con las vestimentas de un Lonko, jefe indígena, y con una larga trompeta o trutuca nos da la bienvenida al local. Su mujer, la inolvidable Eliana Sepúlveda Alcaman, declama poesías referentes a la cultura local, mientras nos da de comer el postre clásico chileno de "mote con huesillos" (maíz con duraznos rehidratados en almíbar) y una "once" completa: té, huevos revueltos, sopaipillas (tortas fritas de zapallo), empanadas de quinoa, pebre (chimichurri chileno) y juguitos de quinoa con miel de ulmo. Todo vegetariano. Habíamos almorzado hacía poco, comí de pura gula, pero igual sobró. Doña Eliana me explicó cosas sobre la tradición mapuche, pueblo hospitalario por demás. Nunca hay que dejar comida en la mesa, así que envolvió empanadas y sopaipillas y nos las entregó, seguidas de un afectuoso abrazo de despedida, otra tradición originaria de estas tierras.
Más información: Dónde comer y dormir en Huilo Huilo
Por Ana Schlimovich y Jorge López Orozco. Extracto de la nota publicada en revista Lugares n°2015.

