La Ruta de la Muerte en bici

Entre La Paz y Coroico, en Bolivia, un descenso en mountain bike de 63 km por el camino más peligroso del mundo, que comienza en un paso de altura a 4.700 metros y termina en las yungas, la puerta de entrada al Amazonas boliviano.
Carolina Reymúndez
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21 de marzo de 2015  • 00:00

La suerte está echada. Con esa lapicera de tinta negra que está sobre la mesa de la agencia firmé el Deslinde de Responsabilidad, un documento por el que reconozco que en esta excursión corro riesgo de "heridas, enfermedades o muerte". Creo que el consentimiento me da más miedo que la pendiente que me espera.

La Ruta de la Muerte es un viejo camino que c onecta La Paz y Coroico. Fue construido por presos paraguayos durante la Guerra del Chaco, allá por 1936. Más datos: tiene 63 kilómetros, un descenso de 3500 metros -desde La Cumbre, a 4.700 metros hasta Yolosa, a 1.200- y es muy angosto, entre 3,5 y 4 metros de ancho. Se lo considera el camino más peligroso del mundo por los récords de micros y autos desbarrancados que hubo antes de la construcción de una nueva ruta. El camino desciende desde el Altiplano pelado, frío y amarillento hasta las yungas, un paisaje subtropical, bajo y húmedo.

Hacia La Cumbre

Al día siguiente, una camioneta me pasa a buscar por el hotel. Adentro vienen los guías Simón Gutiérrez y Salomón Mamaní, expertos en mountain bike y corredores de BMX, el chofer y siete bicicletas de última generación -Iron Horses 2008/9- en el techo. El camino es de riesgo, pero la idea es reducirlo al mínimo. Por eso las bicis tienen suspensión delantera y trasera, frenos poderosos, y se usan rodilleras, casco, antiparras y guantes. La camioneta se detiene en La Cumbre, un playón a 4700 metros, y es hora de calzarse el equipo. Ahora sí, me siento protegida, aunque con la movilidad de un astronauta.

En el horizonte, se ven las nieves eternas de los cerros Chacaltaya y Huayna Potosí, de más de 5000 metros. Los guías dan algunas recomendaciones, que uno intenta retener entre los nervios y el frío. Tres tips que me acuerdo y me sirvieron: 1) entrar en la ruta con confianza; 2) usar el freno trasero para que la frenada no sea tan brusca; 3) mantener los pedales al mismo nivel, no uno más bajo y otro más alto, los dos horizontales. Esto ayuda al equilibrio en un camino de descenso en un 85%.

El primer tramo es asfaltado y la bici vuela, a casi 60 km por hora. El camino baja tanto que duelen las manos de apretar los frenos. En esta parte suele haber autos y camiones, es importante conservar la derecha y no asustarse ante un bocinazo. Enseguida hay un puesto de Control Antinarcóticos porque la zona de cocales está cerca, y en un abrir y cerrar de ojos -no tomar esta expresión literal, sobre todo la parte de cerrar los ojos-, la aridez queda atrás y las laderas, lentamente, se pueblan de arbustos, verde y humedad.

En Unduavi comienza formalmente La Ruta de la Muerte, y el acceso a los yungas. Ahora sí: dirty road, es decir ripio. (Este tramo está desde hace dos semanas en construcción para ampliarlo). Un ripio que duele, de piedras grandes, filosas, sueltas. Cuando la rueda lo muerde, uno cree que resbalará, pero no. Es importante mantener los frenos y el manubrio con firmeza, estar atento, y tener un poco de suerte.

El camino tiene dos lados: el precipicio y la montaña. Obviamente, el que uno elegiría naturalmente es el lado de la montaña. Pero Simón, el guía, explica al grupo que iremos por el lado del precipicio porque en este camino se respeta una vieja regla de circulación invertida: los que suben van por la montaña y los que bajan por el precipicio.

Hasta la próxima parada, sigue un rato de máxima concentración, el tramo más difícil, con curvas que abrazan a los cerros, cascadas que cruzan la ruta, laderas con helechos gigantes y nubes tan bajas que casi se pueden tocar. Esta descripción es de ojito, a través de las antiparras, porque la vista debe permanecer fija en el camino. O la historia terminaría cuerpo a tierra. Cada tanto ocurren accidentes fatales en bicicleta. Como el de la turista israelí que hace un mes se despeñó. Son esporádicos, pero suceden, por eso existe el Deslinde de Responsabilidad. Ahora que la hice, creo que la Ruta de la Muerte es difícil, pero lo peor es su nombre. Como me dijo un paisano cuando llegué a Coroico: "¿No ha visto qué paisajes tan bellos atraviesa? Debería llamarse La Ruta de la Vida, ¿no le parece?".

SI PENSÁS VIAJAR...

La mejor época para este descenso es entre mediados de abril y noviembre. En verano llega el tiempo de lluvias y, si bien también se puede hacer, suele haber niebla y es más exigido y psicológicamente más cansador.

Es una aventura válida para aualquiera que sepa andar en bicicleta, con poca experiencia y buen estado físico.

PASEOS Y EXCURSIONES

B-Side. Linares 943, T: (00591-2) 211-4225 http://bside-adventures.blogspot.com.ar/

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