Los caminos de Polonia llevan la memoria de Karol Wojtyla
Cada vez más turistas visitan el país y siguen los pasos de Juan Pablo II
1 minuto de lectura'
Durante la vigilia televisiva de la agonía de Juan Pablo II se vieron muchos documentales sobre su vida. En varios se mostró su pasaporte polaco sobre el escritorio. Y se subrayó que fueron monjas polacas las que lo atendieron durante todo su pontificado.
Es que las referencias del pastor ecuménico a su patria fueron una constante en su vida. En 1999, en su Homilía durante una visita a Wadowice, el Papa recordó que fue bautizado en esa iglesia barroca del siglo XV, donde tomó su Primera Comunión y fue monaguillo. Su pueblo natal fue una de las conexiones más frecuentes en las cadenas de televisión. Es un lugar pequeño, donde viven unas 20 mil personas, a 50 kilómetros de Cracovia, que se convirtió en un lugar de atracción para los viajeros sin distinción de creencias.
Allí se mantiene la casa en que nació, convertida en museo, y se marca la dirección en las señales de tránsito. Está en el Sur, próxima al río afluente del Vístula y rodeada de bosques en un paisaje excepcional que recuerda el amor de Karol Wojtyla por la naturaleza y la práctica deportiva.
Sus estudios: arte y filosofía
Cracovia, la ciudad que tiene historia desde el año 945, es otra visita imprescindible en su trayectoria. Durante la ocupación nazi, Juan Pablo II estudió arte y filosofía antes de entrar en un seminario clandestino. Terminada la Segunda Guerra Mundial, se ordenó sacerdote en 1946, durante la ocupación comunista. En 1958 fue nombrado obispo auxiliar de esa ciudad por Pío XII y, en 1967, Paulo VI lo nombró cardenal.
Es difícil dar un paso en la hermosa ciudad sin pensar en él. Todas las miradas se dirigen a las ventanas del Palacio del Obispo, donde residió hasta ser nombrado papa. El martes último, frente al edificio marchaban 150 mil jóvenes asociándose a la peregrinación mundial a San Pedro cuando una ambulancia se estacionó junto a sus muros porque una mujer dio a luz a un niño cuando iba al hospital mientras la muchedumbre rodeó el vehículo respetuosamente.
El diseño de la Ciudad Antigua se mantuvo desde hace siglos sin cambios, como la Plaza del Mercado, la más grande de la Europa medieval. También la iglesia de Santa María, gótica, con su altar tallado en madera de tilo por el escultor alemán Veit Stob. Desde la torre más alta, a cada hora en punto, un trompetista recuerda la invasión tártara de 1241. También el barrio judío de Kazimierz del siglo XVI, con el cementerio y siete sinagogas, donde anualmente se realiza un festival cultural que atrae a visitantes de todo el mundo.
A 120 kilómetros de Cracovia está la capital religiosa, Czestochowa. Es centro de culto por el convento de Jasna Góra, donde se encuentra la capilla de la Natividad de María con la imagen de la Virgen Negra. Se la conoció así debido a los residuos de hollín que fueron decolorando su imagen por los siglos de velas ardiendo frente a la pintura. Y se habla de numerosos milagros mientras la leyenda cuenta que fue pintada por San Lucas el Evangelista con madera de una mesa de la Virgen María construida por el carpintero Jesús.
Al Oeste, a 60 kilómetros está Auschwitz y el Museo del Martirio por el Holocausto, que también recuerda hechos de Su Santidad para salvar vidas y su gesto de acercamiento al pueblo judío al que llamó "nuestros hermanos mayores". Y a tres horas de tren u ómnibus está Praga, la capital totalmente destruida y reconstruida según planos originales, escenario de la historia de El pianista, de Roman Polanski.
Turismo temático
Si bien la muerte del papa produjo una conmoción universal que acentúa esta forma de turismo temático, es creciente el interés general que han despertado los viajes a Polonia dentro del auge que tiene en este momento Europa del Este.
El país tiene 312 mil kilómetros cuadrados, tamaño que duplica la extensión de nuestra provincia de Córdoba, con prácticamente la misma población que la Argentina, 37 millones de habitantes.
Es muy útil en Internet entrar en la página oficial del gobierno ( www.poland.gov.pl ), que tiene textos en español. Y la de turismo ( www.poland-tourism.pl ), aunque en este caso sólo hay versiones en inglés, francés y alemán. Sin ir tan lejos, se puede disfrutar de la buena cocina típica en La Casa Polaca, en Jorge Luis Borges 2076, en Palermo Viejo.
También, vale contactarse con la embajada polaca en Buenos Aires cuyos teléfonos (4802-9681/82) están muy ocupados en estos días, pero donde el embajador Slawomir Ratajski, que habla muy bien nuestro idioma, seguramente nos podrá guiar en nuestro deseo de saber más de la tierra de su compatriota tan querido.


