Novedades en la próxima parada
Cuando de echarse a rodar se trata, esta carretera es inigualable para los que tienen ansias de viajar
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CHICAGO.- No hay mayor conjuro para el fascinado por la carretera que decir Ruta 66, Calle Mayor desde hace 76 años del pueblo imaginario que se estira miles de kilómetros entre Chicago y Los Angeles. La carretera de Viñas de la ira , por la que miles de okies escapaban de la sequía y la Depresión de los años treinta desde Oklahoma hacia la tierra prometida de California, regala hoy al viajero pasado, presente y futuro de Estados Unidos.
Puede que la US 66 desapareciera en 1985 para convertirse en las autopistas I-55, la I-44, la I-40, la I-15..., pero ese rosario burocrático de números no puede con el mito de una vía que también fue símbolo de la generación beat en En la carretera , de Jack Kerouac, aún transitable en el 85 por ciento de su trazado original. El viajero dudará, se perderá, volverá una y otra vez sobre sus pasos, se sorprenderá...
La Ruta 66 nace en la calle Adams, frente al Art Institute de Chicago, que atesora Noctámbulos y American Gothic, dos retratos de un Estados Unidos que aún existe. Tras bordear la sombra de la Sears Tower, el edificio más alto del país, la carretera sale de la ciudad por La Villita, un barrio de emigrantes mexicanos.
Los maizales de Illinois acompañan al viajero en su rumbo Sudoeste hacia Saint Louis. No hay motivo para parar si no fuera por Springfield, la capital del Estado, en cuyo centro histórico se conserva la casa de Abraham Lincoln; de esa vivienda partió hacia la Casa Blanca.
A la salida de Springfield, la autopista se lanza hacia el horizonte. Como un faro en la pradera, el arco de Saint Louis se deja ver desde decenas de kilómetros, a orillas del Misisipi de Mark Twain. Fue construido para conmemorar la adquisición de la Luisiana en 1803, la mejor operación de compra de la historia, por la que Estados Unidos casi duplicó de un plumazo su territorio hasta plantarse en el Pacífico. Desde los 192 metros de altura del arco es imposible no mirar con otros ojos hacia el futuro inmediato.
Dejar atrás Saint Louis es adentrarse en Missouri, paisaje de suaves colinas arboladas de un Estado que se vende a cada paso como un gigantesco parque de atracciones.
Nombres de tribus indias
En Kansas, la Ruta 66 apenas traza un arco de 20 kilómetros en el rincón sudeste del Estado. La tierra roja de Oklahoma recibe entre pueblos con nombres de tribus indias. En Miami, que los locales pronuncian Maama , nuevo extravío hasta terminar ante una cerca para el ganado en una carretera de menos de tres metros de ancho, toda baches. Mientras se consulta el mapa, un vecino puede revelar: se encuentra sobre la mismísima Ruta 66 es su estado más puro.
El paisaje es sólo llanura y el cielo adquiere una dimensión desconocida, envolvente como una bóveda al alcance de la mano, camino de Oklahoma City.
Nuevo México muestra las primeras montañas del viaje. Desde Santa Rosa, la carretera sigue en flecha hacia el Oeste, camino de Albuquerque. Antes de 1937, la Ruta 66 giraba bruscamente hacia el Norte buscando Santa Fe, la capital del Estado.
La plaza de Santa Fe recuerda la de cualquier ciudad mediana, con comercios de lujo. Tendrá artificialidad y será demasiado bonita para ser auténtica, pero como todo Nuevo México, es una estación de la que no se puede prescindir.
En el balcón de un restaurante que mira a la plaza, rubios anglos de edad madura y risa fácil beben margaritas y cenan generosas raciones de tapas al gusto local. Un matrimonio canta canciones country. Desde el balcón, los árboles apenas dejan ver el lateral del palacio del gobernador, cuya historia como inmueble público con uso continuado más antiguo de todo el país ha visto ondear las banderas de España (de 1610 a 1821), México (de 1821 a 1848) y Estados Unidos hasta hoy. En la entrada del palacio, indios zuñi, hopi, cherokee y navajo venden sus artesanías desde los años de la Depresión.
De Santa Fe, la US 66 baja hacia Albuquerque atravesando reservas de indios pueblo, llamados así por la sorpresa que sus viviendas causaron a los españoles. El terreno se reseca, atravesado por el río Grande.
En Arizona, Winona no sería nada de no ser porque, en Get your kicks on Route 66 , Bobby Troup escribió: Don´t forget Winona ( No olvides Winona ).
Juan Delgadillo atiende el Snow Cap, restaurante kitsch que ya circula en pósters. A los 85 años, Juan recuerda a los okies que pasaban ante su casa rumbo a California: "Iban con colchones, gallinas y todo lo que podían. Era muy triste entonces. °Cómo han cambiado las cosas!"
La calle mayor se llama oficialmente Historic Route 66.
La verdadera Ruta 66 es hoy un trozo de calzada que va justo por detrás del Snow Cap y pasa ante la casa desde la que Juan veía el trasiego angustiado. El viajero sale de Seligman, principio del tramo más largo (250 kilómetros) de la ruta original por una carretera desierta, mientras cae el sol.
El desierto del Mojave
La US 66 adquiere su máximo dramatismo a partir de Kingman. La calzada entra en un paisaje de desierto y culebrea entre los cactos y yucas semisecas del Mojave. Es una carretera que asusta al americano: "Si se mete por ahí, se arriesga porque quiere". La US 66 muestra curvas de 76 años mientras asciende: en el fondo de los barrancos, restos de coches despeñados. Terreno inhóspito. El mismo que vieron los okies.
La Ruta 66 llega a California sobre las aguas del río Colorado, cuya vista provocaba en los emigrantes de antaño el alivio de la liberación. Se había alcanzado la tierra prometida, aunque todavía quedara por delante desierto.
El horizonte se oscurece con lo que parece lluvia. Caseríos fantasmales. Lo que el ojo no avisado tomó por agua, resulta ser arena: una tormenta levanta toneladas del Mojave que, en suspensión, crean una atmósfera espectral.
San Bernardino, ciudad ya de paisaje californiano: cipreses, palmeras, buganvillas, es también cuna de McDonald´s. El local original es un museo donde, en contra de lo esperable, no se venden hamburguesas. Por el laberinto de autopistas, el viajero llega con ánimo triunfal hasta Santa Mónica, cuyo boulevard entra perpendicular al Pacífico. En su confluencia con Ocean Avenue concluye la leyenda de asfalto: 3770 kilómetros de la orilla del lago Michigan a la del Pacífico. Edificios art déco, terrazas, hoteles, coches de lujo, paseantes y..., decenas de vagabundos que hacen cola para recibir comida gratis. El Estados Unidos que lo tiene todo y el que nada tiene. Ruta 66: Estados Unidos tal como es.



