Ponce, con mucha historia y estilo bien señorial
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PONCE.- Aproximadamente 50 kilómetros al sur de San Juan, en la orilla opuesta de la isla se encuentra la ciudad señorial de Ponce (en homenaje al conquistador y primer gobernador de Puerto Rico, Juan Ponce de León), marcada a fuego desde su fundación, en 1692, por actividades culturales y sociales que la convierten en un punto ineludible de visita.
Con llanos y lomas bajas, y un clima tropical semidesértico (que se evidencia en la vegetación y en las altas temperaturas), la zona denominada tierra caliente es una de las más secas del país, surcada por catorce ríos que desembocan en la costa caribeña, propicia para la navegación, hacer buceo o playa.
Desde las tribus indígenas, datadas desde 1000 años a.C. (aficionadas a los juegos de pelota, la música y las fiestas), los esclavos africanos, desde mediados del siglo XVIII (que influyeron en el desarrollo de ritmos populares como bomba y plena), hasta los numerosos europeos que llegaron merced a la política inmigratoria española de principios del siglo XIX (comercio, arquitectura, política) aportaron su cuota en el desarrollo de la cultura ponceña.
En la Perla del Sur -como también se la conoce- por ejemplo, puede visitarse el Museo de Arte de Ponce, que incluye importantes obras tanto de artistas locales como del período prerrafaelita, academicista del siglo XIX y moderno del siglo XX, que es el segundo en importancia luego del Museo de Arte de San Juan. El comercio y la industria tuvieron un fuerte desarrollo, primero basado en la agricultura y luego en la producción de ron, cemento, hierro, PVC, alimentos y laboratorios médicos, que exportan al mundo.
El casco histórico de Ponce se desarrolló en un trazado de cuadrícula en torno de la plaza principal, De las Delicias, donde se erigen la catedral de la Guadalupe y el Museo del Antiguo Parque de Bombas. Durante todo el siglo XIX se sucedieron varios incendios que obligaron a reconstruir la ciudad, convirtiéndola en sí misma en un atractivo collage de arquitecturas colonial, neoclásico europeo y criolla norteamericana.
La figura del bombero adquirió cada vez mayor importancia; sobre todo a causa del incendio de El Polvorín, en 1899, cuando un grupo de miembros evitó la destrucción de la ciudad por segunda vez: habían pasado varios meses desde el cambio de la soberanía de Puerto Rico, de manos de España a Estados Unidos, y todavía se hallaba bajo ocupación militar; un depósito de artillería se prendió fuego y la gente comenzó a huir despavorida. Entonces un grupo de jóvenes que estaba en el Parque de Bombas, a pesar de que se les había prohibido, decidió arriesgar su vida para combatirlo.



