Salta: por los Valles Calchaquíes
Los paisajes áridos y colorados enmarcan una travesía en medio del silencio y el sonido de las coplas norteñas
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SALTA.- Si utiliza la mano como visera verá que éste es un territorio de horizontes anchos, llanuras y cerros. Es el paisaje en estado rústico y a cielo abierto. Al recorrer los Valles Calchaquíes lo hará por uno de los corredores prehispánicos y coloniales más hermosos de la Argentina; de montañas calvas, pero imponentes y de suelos verdes y campos secos.
En los Valles Calchaquíes atravesará portales de antiquísimos edificios y -si quiere- podrá rezar en capillas de adobe que aún se mantienen en pie; podrá llegar hasta lejanos caseríos donde las gaseosas enlatadas llegan a lomo de mula, pero la molienda se sigue haciendo a mano.
Se cruzará con jinetes salteños que montan caballos cerreños; podrá escuchar zambas y bagualas, y prestar atención a los sonidos de instrumentos antiguos como el erke, la quena o el pequeño violín de los misachicos, esa ceremonia ancestral de campesinos que peregrinan a homenajear a su santo.
Los Valles Calchaquíes ocupan territorio en Salta, Tucumán y Catamarca, pero una vuelta por el tramo salteño que no demandará más de 550 kilómetros, lo llevará por los mismos caminos que galopó hace más de tres siglos el cacique Juan Calchaquí, guerreando con su indiada contra los soldados españoles.
Es un circuito que calará hondo en la memoria, bañado por los ríos Calchaquí y Las Conchas, que con sus aguas riegan la medialuna fértil de los valles.
Plantaciones de tabaco
Desde la capital salteña salga en dirección sur por la ruta nacional 68 y estará pasando los primeros pueblos del Valle de Lerma como La Merced y El Carril, y cruzando las plantaciones de tabaco que le han dado a Salta tanta fama como productora.
Luego de recorrer unos 73 km le dará la bienvenida Ampascachi, antiguo asiento de tribus indígenas y de fincas rurales de sombreadas y largas galerías con techos tejados y exquisita arquitectura.
Pocos kilómetros más adelante, se pasa por el poblado de La Viña, sitio donde los hermanos jesuitas cultivaron los primeros viñedos en el siglo XVII.
La iglesia de La Viña, construida antes de 1860 y hoy Monumento Histórico Nacional, sirvió de refugio durante la guerra civil salteña, y más tarde como hospital en épocas del cólera.
Comarca libre del inca, de los quilmes y los calchaquíes; campo de pastores, llamas y conquistadores -el primero de ellos, Diego de Almagro, llegó en 1535-, los valles han formado parte de los 23.000 km del Camino del Inca.
Pasando la cuesta de El Cebilar cambian los colores, ralea la vegetación y a 1175 metros de altura, aparece la capilla blanca y celeste de Alemania, que está allí como testigo mudo de aquél asentamiento de colonos europeos que se estableció en el siglo XVIII.
Treinta y cuatro kilómetros más adelante, el escenario de los valles abre su primer gran espectáculo: la quebrada de las Conchas, que aloja las espectaculares formas naturales de la Garganta del Diablo y El Anfiteatro (erosiones de más de 60 millones de años, que forman dentro de la montaña, enormes recintos de más de 50 metros de altura); El Sapo, El Fraile. El Obelisco y Los Castillos, cuyo rojo impactante obliga a detenerse para admirarlos.
Por este camino se atraviesan importantes ruinas como las de Quitilipi y Las Curtiembres, y unos seis kilómetros antes de llegar a Cafayate, sorprendentemente, la ruta atraviesa médanos de finas arenas blancas.
Cafayate es -desde el punto de vista turístico- la capital de los Valles Calchaquíes y tierra de buen vino. Alamedas y viñedos multicolores preanuncian la llegada a esta ciudad, flanqueda por los ríos Santa María y Calchaquí, y por bodegas que producen vinos de alta calidad, como el famoso blanco torrontés.
Sus casas de arquitectura colonial, de elegantes y floridos patios, y una gran plaza céntrica decorada con enormes tinajas, se suman a los negocios de artesanías típicas que harán más agradable la visita como primera etapa del recorrido.
Si dispone de tiempo, puede visitar Finca San Isidro (a 5 km por camino de senda) para conocer cuevas con pinturas rupestres y otros interesantes atractivos.
De Cafayate a Molinos
En los caminos salteños la historia renueva pueblos porque el hombre ha vuelto a reconstruir -piedra sobre piedra- lo que destruyó el fragor de viejas luchas. Y en otros casos, la perseverancia y el deseo de protección de coleccionistas privados han permitido -por ejemplo- que tanto en Salta como en Jujuy, una diversidad de piezas arqueológicas y culturales hayan sido rescatadas y hoy se puedan ver en algunos museos privados.
Luego de pasar por Tolombón, a 24 km de Cafayate, desde la ruta se verán pastar en la ladera de las montañas las manadas de ovejas caracul, que se alternan con los cultivos de la zona hasta las adyacencias de la antigua ciudad de San Carlos, con sus esquinas coloniales sin ochavas.
Sitiada por los indios y destruida más de una vez, tuvo que soportar más tarde las batallas de la independencia por ser un foco realista. Los curas jesuitas lograron, en 1666, levantar una modesta capilla cuyo techo era de cueros de vaca estirados, hasta que en 1830 se comenzó la construcción de la actual iglesia (San Carlos de Borromeo) que es -sin duda-, la iglesia más bonita de los Valles Calchaquíes, declarada en 1942 Monumento Histórico Nacional.
Otra quebrada, la de La Flecha, imprime al serpenteante camino nuevos paisajes erosionados. Las parvas rubias de los alfalfares y las apachetas (túmulos de piedra que veneran a la Pachamama) forman parte de este imponente paisaje calchaquí, hasta encontrar otra joya de los valles: el pequeño pueblo colonial de Molinos.
Fundado a mediados del siglo XVII, esta población serrana levantada en la confluencia del río homónimo y el Luracatao, es un baluarte de la historia; pasaba por aquí la antigua ruta comercial que unía Salta con Chile y, desde mediados del siglo XVII, fue encomienda y feudo de Diego Diez Gómez.
En Molinos vivió y murió el último gobernador realista, Nicolás Severo de Isasmendi, y su cuerpo embalsamado está en la hermosa iglesia parroquial, cuya capilla en 1659 se encontraba dentro de la casa-hacienda de este señor feudal.
Vale la pena hacer noche en este pueblito para conocer las 18 hectáreas que ocupa el criadero de vicuñas Coquena, habitado por una colonia de ejemplares que viven cuidados en semicautiverio.
Aquí se esquilan las vicuñas con la técnica ancestral de los quechuas, sin necesidad de sacrificar al animal, obteniendo las fibras de lana más finas dede América, superiores a las de Bolivia y Perú.
Naturalmente, en Molinos se encuentran algunos de los mejores artesanos de telar, que venden sus ponchos y el famoso barracán. A ocho km del casco histórico, se hallan las ruinas indígenas de Churcal, pertenecientes a la tribu de los chicoanas, y la Finca Colomé, donde se encuentran la bodega y los viñedos más altos del mundo.
Todo es historia en Cachi. Después de pasar por Seclantás, a 165 km de Cafayate, aparecerá San José de Cachi, fundado a mediados del siglo XVII por Gonzalo de Abreu, con 145 indígenas encomendados.
Con un paisaje de coloridos cerros y salpicado por el río Calchaquí, el pequeño pueblo de Cachi está rodeado por más de cien sitios arqueológicos y vigilado por el nevado de 6400 metros de altura que lleva su nombre.
Cachi significa sal en lengua kakana, y se cree que los primitivos aborígenes que le dieron nombre confundieron la cumbre blanca del nevado, con un salitral.
Las antiguas casonas de Cachi se alinean sobre callecitas estrechas, y su vieja iglesia de 1884 de estilo neogótico y de una sola nave, tiene el techo abovedado y sus arcos, el piso y el confesionario están construidos en madera de cardón.
Un altar estucado se antepone al antiguo que era de adobe, y unas hornacinas sostienen las imágenes del patrono del templo (San José), otra de San Pedro y una Virgen del Rosario. Al lado de la iglesia se halla la casa parroquial.
Frente a ella se encuentra la plaza rodeada por una pirca, que se supone imita a los antiguos centros indígenas de reunión, y una segunda parte, abierta y de piso de piedra; en una de las esquinas está ubicado el Museo Arqueológico Pío Pablo Díaz que, a criterio de este cronista, es uno de los más interesantes del norte argentino.
Auténtico cofre histórico, el museo atesora unas 5000 piezas que se corresponden con unos diez mil años de historia, descubriendo el largo proceso social prehispánico desde las primeras poblaciones americanas hasta la conquista española.
Cachi amerita una estada pausada para disfrutar su mercado artesanal y caminar por sus calles de piedra bola, de trazados irregulares con cortadas en ángulo recto. Desde aquí se pueden realizar excursiones hacia el sitio conocido como Cachi Adentro, para ver ruinas indígenas precolombinas muy importantes como las de La Paya y Las Pailas.
De Cachi a Salta
Desde Cachi, el regreso a la capital no significa que ya se ha visto todo, porque el paisaje aún tiene reservado un espectáculo: el Parque Nacional Los Cardones, la quebrada de Escoipe y los sesenta y pico de kilómetros de la vertiginosa Cuesta del Obispo por la RP 33.
Es un camino ancho, pero de cornisa: de un lado el muro de la montaña y del otro, el precipicio. Territorio del cóndor, en su punto más alto -en el abra Piedra del Molino a 3620 m- observará volar a baja altura al rey de los Andes, y lo verá abrevar en los piletones de piedra donde se acumula el agua.
Allí, en la Cuesta del Obispo, si las nubes están bajas, tendrá desde lo alto el mismo espectáculo que si viajara en avión: la vista de las cumbres que emergen del fondo de ese mar blanco y el valle Encantado, de formas y colores naturales de extraordinaria belleza.
Datos útiles
Cómo llegar
En avión $ 300
Hasta Salta, de ida y vuelta, con tasas e impuestos.
Alojamiento
Tanto en Cafayate como en Molinos y Cachi (localidades sugeridas para pernoctar), encontrará diversas ofertas de alojamiento.
Comidas típicas
Durante el paseo disfrutará de exquisitos platos salteños, empezando por las empanadas (suaves o picantes), locro, tamales, humitas, pollo al barro, mazamorra y guiso de mondongo con mote, entre otros. Postres: dulces de cuaresmillo, de cayote, de higo, leche planchada, gaznate y quesillos artesanales. Vinos: recomendado el torrontés cafayateño.
Más información
Casa de Salta de Buenos Aires: 4326-2456/59. Oficina Turística de Salta: 431-0950/0721.
En Internet
http://www.redsalta.com
http://www.turismosalta.com



