Sobrevuelo por una ciudad moderna y con forma de avión
Con una arquitectura funcional y audaz, Brasilia sabe cómo asombrar al visitante
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BRASILIA.- Para algunos, esta capital es un símbolo de la funcionalidad del espacio moderno; para otros representa la desolación del paisaje urbano; puede gustar o no, pero todos los que la visitan y habitan allí en algo están de acuerdo: ninguna ciudad de Brasil y de otras partes del mundo se le parece.
Las calles no tienen nombre, y es tan fácil perderse en ellas como en el juego de perspectivas de sus edificios y monumentos, de líneas simples y curvas.
Auténtica por donde se la mire, Brasilia se convirtió en 1987 en el primer sitio urbano contemporáneo declarado, por la Unesco, Patrimonio Cultural de la Humanidad por su valor arquitectónico y urbanístico.
Representa el sueño de visionarios hecho realidad, una maqueta que cobró vida en un lugar donde sólo reinaba la naturaleza.
Un plan ambicioso
La base administrativa de Brasil nació en 1960 por la fuerza política del ex presidente Juscelino Kubitschek y el ambicioso plan de llevar el progreso tierras adentro construyendo la nueva capital. La obra fue ideada por Lúcio Costa, y Oscar Niemeyer fue el arquitecto de muchos de sus edificios icono.
Pero los candangos, como se les denomina a los obreros que llegaron de todas partes de Brasil buscando nuevos horizontes, fueron los que protagonizaron la concreción de este sueño. Con un incentivo doble de remuneración, 3000 candangos trabajaron incansablemente durante 41 meses, bajo el sol y la lluvia, en jornadas de ocho horas, divididos en tres turnos.
La vista aérea de la ciudad coincide con la forma de un avión. En sus dos alas se concentran las residencias, y en el Eje Monumental se enclavan los edificios gubernamentales.
Las manzanas se llaman supercuadras porque ocupan 200 m2 y en cada conjunto de cuatro de éstas los habitantes encuentran todo lo que necesitan para vivir: tiendas, restaurantes, supermercados, iglesias y recreación.
Todo está concebido con un orden que contrasta con la identidad de los pueblos latinoamericanos. Como si se tratara de una ciudad norteamericana poblada por brasileños, con su calidez y alegre sonoridad. Hay que tener en cuenta que los primeros brasilienses recién cumplen 42 años y su cultura tiene retazos de todas las regiones de Brasil.
Ciudad parque
Para imaginar este paisaje urbano no basta con cerrar los ojos. Las supercuadras no tienen casas, sino pocos edificios -hasta 11 y de 6 pisos-distantes unos de otros, que permiten descubrir la línea del horizonte, y dar lugar a amplios espacios verdes.
Ante los ojos del observador asoma como una verdadera ciudad parque, aunque con pocas plazas. Es la que más áreas verdes tiene por habitante en el mundo. Abundan los lugares vacíos, de tránsito, con peatones perdidos en la dimensión de un cruce a otro de avenidas, porque Brasilia fue diseñada para circular en auto, sin pérdida de tiempo, algo tan preciado en los tiempos modernos.
La mayoría de las personas que vive en los barrios periféricos, que en total suman 2.000.000 con los de Brasilia, cuenta con tiempo suficiente para trasladarse a sus hogares a la hora del almuerzo.
Pura lógica
Las dos avenidas principales que convergen en el centro, tal como lo diseñó Lúcio Costa, permiten ir de una punta a otra de la ciudad en alrededor de 10 minutos, ya que por la rodoviaria que une las alas, por ejemplo, se puede viajar a 80 km/h. Algo impensable en San Pablo, donde en general es normal perder mucho tiempo de viaje entre la casa y el trabajo. En ese cruce se sitúa la terminal de ómnibus.
Los habitantes dicen que no es posible perderse, porque el trazado y numeración de las manzanas tienen su lógica. Pero para el turista no es fácil orientarse durante los primeros días. Precisa tanto de un mapa como de un auto para llegar a cualquier parte.
Los shoppings son los lugares más accesibles a la hora de comer, y es precisamente allí donde es posible chocar con la muchedumbre. Pero si se trata de buscar algo con más personalidad, calidez e intimidad, otros lugares permiten cenar a la luz de una vela.
Están de moda los restaurantes étnicos, con variedad de comidas regionales y típicas de Brasil, así como bares y discotecas. Solamente se re-quiere saber donde están para no dar vueltas sin rumbo por los alrededores de los hoteles. Las supercuadras de la cocina tienen la mesa lista en las entrecuadras 405/6 y 402/3.
Desde otro ángulo
El lago artificial Paranoá permite embarcarse y ver la ciudad desde otro ángulo, y ver más verdes que grises. Al estar cercada Brasilia por una espesa vegetación, en la periferia se puede disfrutar de actividades al aire libre. Hay paseos ecologistas, estancias con tradiciones gaúchas, lagos, museos y sitios arqueológicos, entre otros.
Hay muchas razones para visitar la capital brasileña. Sin embargo, lo que más atrae son las formas audaces de sus edificios y monumentos, la yuxtaposición de lo artificial con lo natural, la construcción de su curiosa identidad.
Y especialmente intriga el modo de vida que los espacios parecen determinar, porque al fin y al cabo son adaptados. Por ejemplo, llaman la atención los puestos de comida en las esquinas de cuadras solitarias, donde los taxistas, en un paréntesis de su trabajo, comen pinchos de carne o pollo, mientras presencian emocionantes partidas de dominó.
Brasilia, obviamente, no es un destino turístico convencional. Si bien la mayoría de los visitantes viaja por negocios, recibe un promedio de 30.000 turistas extranjeros por año.
Es un imán para los arquitectos, pero también para los que están predispuestos a vivir una experiencia de viaje diferente, donde el asombro se transforma en una constante.
Datos útiles
Cómo llegar
El pasaje aéreo de ida y vuelta a Brasilia cuesta 663 dólares, con tasas e impuestos incluidos. Se llega vía Puerto Alegre.
Alojamiento
El costo de una habitación doble, en un hotel tres estrellas, con desayuno buffet incluido, es de 30 dólares.
Movilidad
Alquilar un auto pequeño cuesta por día 45 dólares, con kilometraje libre, cobertura básica y tasas incluidas.
Más información
Embajada de Brasil en la Argentina: Carlos Pellegrini 1363, 5º piso; 4515-6500.
En Internet
http://www.infobrasilia.com.br/history.htm
http://www.brasiliaconvention.com.br/portugues/brasilia.asp
Circuito imperdible
- Plaza de los Tres Poderes de la República. En el extremo este del Eje Monumental está el Congreso Nacional, integrado por dos edificios de 28 pisos en forma de H; la Casa de Gobierno y el Palacio de Justicia, enfrentados por la plaza de cemento. Entre las esculturas se destaca la dedicada a los candangos, obra en bronce de Bruno Giorgi. El mástil en que flamea la bandera brasileña mide 100 metros de altura y posee 24 barras de metal que representan a los Estados.
En el Espacio de Lúcio Costa, en un sector subterráneo de la plaza, puede verse una maqueta de la ciudad de 170 metros cuadrados.
- Catedral Metropolitana Nuestra Señora Aparecida. Fue proyectada por Oscar Niemeyer. Es circular y de diseño futurista. Se levanta sobre 16 arcos de concreto y tiene luz natural gracias a los coloridos de los vitraux. La entrada es un pasaje en declive negro, llamado zona de meditación para que los devotos encuentren su luz propia.
En el interior, de paredes cóncavas, hay una la réplica de La Piedad , ángeles colgando en el centro y la cruz de la primera misa. Está abierta de 8 a 19.30.
- Iglesia Don Bosco. Es la que produce un mayor impacto visual, ya que sus paredes están cubiertas por vitraux de 12 tonalidades de azul que recrean un cielo estrellado. Su estilo es gótico, posee 80 arcos de concreto, una araña en el centro que pesa 2600 kilos, con 7400 piezas de vidrio murano y 180 lámparas. La imagen de Cristo está esculpida en una sola pieza de cedro y mide más de 4 metros.
- Torre TV. Desde allí transmiten las emisoras de radio y televisión. Mide 224 metros de altura, hay un mirador a los 70 metros. Su armazón de hierro es similar a la Torre Eiffel. El mirador y la feria artesanal de la base funcionan los fines de semana y feriados, de 8 a 18.
- Museo del Catetinho. Fue la primera residencia gubernamental creada por Niemeyer cuando se inició la construcción de Brasilia. Se hizo en apenas diez días para poder alojar al entonces presidente Juscelino Kubitschek. Guarda la simpleza en la que vivieron durante ese tiempo los que pusieron en marcha el proyecto Brasilia.



