¿Cuántos conocés? de la Patagonia al NOA, cinco rincones de los más coloridos en el país

Naturalmente imponentes, cinco paisajes famosos por sus tonalidades.
Naturalmente imponentes, cinco paisajes famosos por sus tonalidades. Crédito: Javier Heinzmann
Pierre Dumas
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9 de junio de 2019  

1. Catamarca: como en la Luna

El Peñón es una minúscula localidad de la puna catamarqueña, la puerta de entrada a una de las verdaderas maravillas naturales argentinas (aunque no haya salido entre las siete finalistas de una reciente votación). Se trata del Campo de Piedra Pómez, una extensa mancha clara en las imágenes satelitales de la región. No es fácil llegar ni a El Peñón ni a ese paisaje lunar, de un color que varía entre el blanco y el beige claro.

Crónicas marcianas: el Campo de Piedra Pómez, en Catamarca
Crónicas marcianas: el Campo de Piedra Pómez, en Catamarca Crédito: Sebastian Pani

Los rayos del sol ponen en evidencia los relieves, como los grandes bloques de piedra de varios metros de altura que se formaron durante erupciones de los volcanes cercanos hace unos cien mil años. Las superficies lisas de este gran conjunto da la ilusión de un mar mineral donde solamente se aventuran las vicuñas. De hecho, del otro lado del cerro Laguna Blanca, el caserío del mismo nombre es el único lugar en el país donde se realiza el chaku, una tradición milenaria que se repite cada mes de noviembre, cuando los pobladores encierran las vicuñas para sacar su lana.

Es el botín más preciado de la Puna, que se transforma en cientos de dólares cuando se teje en ponchos y chales. Mientras tanto, si la blancura del Campo de Piedra Pómez no alcanzara, en la misma región, pero más al sur, están las dunas del Tatón, formadas con una arena que no tiene nada que envidiarles a las playas más paradisíacas del Caribe.

Cómo ir. Esta parte de Catamarca está custodiada por el volcán Galán, uno de los más altos del mundo, con más de 5900 metros. El italiano Fabrizio Ghilardi se convirtió en uno de los grandes especialistas de la región y organiza visitas al Campo de Piedra Pómez con pernoctes en El Peñón. Su agencia se llama Socompa y está basada en Salta (www.socompa.com). La altura del recorrido entre Hualfin y la parte accesible del Campo de Piedra Pómez varía entre los 3000 y 4000 metros de altura.

2. Neuquén: el río que tiñe de rojo

El río Agrio nace del lago que está dentro mismo del cráter del volcán Copahue. Es el principal afluente del lago Agrio o Caviahue, un espejo que reverbera un azul intenso los días de sol. Se trata de una belleza venenosa, porque el río y el lago son mucho más agrios de lo que indican sus nombres.

Altas dosis de arsénico, zinc, azufre, plomo y más, en Neuquén
Altas dosis de arsénico, zinc, azufre, plomo y más, en Neuquén

Las aguas son muy mineralizadas y muy tóxicas; no permiten el desarrollo de ningún tipo de vida. Nada puede resistir al cóctel de sus altas dosis de arsénico, ácido sulfúrico, cromo, zinc, acido clorhídrico, magnesio, azufre y plomo. Es gracias a esta composición química, que viene directamente del laboratorio del volcán, que el río puede colorear las rocas del mayor salto de su curso superior brindando un increíble paisaje.

Este lugar está muy cerca de Caviahue y es una excursión habitual que se realiza desde la pequeña localidad, tanto en verano como en invierno. La cascada cae 35 metros dentro de una hoya formada por una colada de lavas y basaltos. Los componentes del agua colorearon las rocas con tonos que van desde el rojo al amarillo. La mejor vista se obtiene desde la ruta misma, en la parte superior del sitio.

Cómo ir. El salto está a 18 km de Caviahue . Se llega fácilmente en auto (con cadenas para la nieve en invierno luego de una nevada). Más cerca del pueblo, el río forma otros saltos, conocidos como las Siete Cascadas del Agrio. Se ven a lo largo de una caminata y algunas son más accesibles que otra. En realidad, hay 23 saltos en total, como lo pueden comprobar los que se animan a hacer el trekking completo hasta el volcán (recomendable en verano más que nada).

3. Santa Cruz: la meseta de tono pastel

Entre el acceso a la hostería Cueva de las Manos y el cruce del lecho de sal del Cañadón del Río Caracoles, la meseta se tiñe a veces de rosado o amarillo claro. Pero el epicentro de esta paleta natural está en un lugar preciso llamado Tierra de Colores.

Cerca de la Cueva de las Manos, la llamada Tierra de Colores santacruceña
Cerca de la Cueva de las Manos, la llamada Tierra de Colores santacruceña Crédito: Sebastian Pani

La señalización indica dónde hay que parar para caminar por la meseta algunos cientos de metros y llegar por encima de un pequeño desfiladero creado por la erosión, donde se entremezclan capas de arenisca de varios colores. Lo más llamativo es su tonalidad, que hace pensar en una pintura pastel o un milk-shake sesentoso, a diferencia de los colores bien marcados de las montañas del Noroeste.

Siguiendo por la ruta 40 hacia el sur, el cauce blanco del antiguo río Caracoles muestra otro color. La impronta de sal que dejó al pie de un cañadón de imponentes paredes es de un blanco absoluto, que cobra toda su intensidad los días de pleno sol. Del otro lado de la ruta, una laguna de aguas salitrosas sirve de morada a flamencos y patos. Siempre más al sur y por la ruta 40, se llega al portal de entrada de la Cueva de las Manos.

Cómo ir. La principal localidad de la región es Los Antiguos. El nuevo parque Patagonia y el sitio arqueológico Cueva de las Manos son los principales atractivos locales. La localidad de Lago Posadas es el punto de acceso para conocer el lago del mismo nombre, con un arco de rocas en sus aguas. Es el mellizo del lago Pueyrredón (que se llama Cochrane en la parte chilena).

4. Jujuy: la montaña multicolor

Aquella serranía donde los geólogos contaron 14 colores saltó a la fama gracias a la película Mi obra maestra, de Gastón Duprat, estrenada el año pasado. Es una obra abstracta de la naturaleza que repite los mismos tonos y secuencias geométricas a lo largo de varios kilómetros sobre el flanco de un cordón montañoso, a 4700 metros de altura en plena Cordillera.

Está cerca de Humahuaca y de un tramo del Qapaq Ñan, el antiguo camino inca que cruzaba toda la porción sur del imperio y sigue manteniendo su traza, en parte reconvertida en camino de trekking de alta montaña. La serranía del Hornocal es parte de una formación geológica muy extensa que llega hasta el Perú y crea varios paisajes intensamente coloridos en medio de los Andes. Los lugareños prefieren llamar esta montaña el "cerro de los Catorce Colores", comparándola implícitamente con la de Purmamarca. Por lo general, las visitas se limitan al mirador desde el camino.

Es donde la vista abarca al conjunto de la serranía y donde se aprecia mejor la "obra". Es sin embargo posible bajar hasta el pie de las montañas (solo para quienes esté entrenado lo suficiente para soportar el camino y la altura). Hay una versión más chica de aquella muestra geológica en Maimará. Se llama la Paleta del Pintor y la disposición de las capas de rocas es muy semejante, formando un efecto de olas de colores bastante parecido.

Cómo ir. Hornocal está a 25 kms de Humahuaca, desde donde se organizan salidas que duran media jornada. Se recomienda hacer la visita por la tarde, cuando la sierra y sus dibujos están expuestos directamente a los rayos del sol. Por el contrario, por la mañana las tonalidades no se aprecian del mismo modo.

5. Jujuy II: un cerro, siete colores

Es la montaña más famosa de la Argentina, junto al Aconcagua y seguramente una de las imágenes más difundidas del país a nivel mundial. El cerro se levanta justo detrás de las casas bajas del pequeño pueblo andino de Purmamarca.

El Cerro de los Siete Colores, una de las maravillas naturales del NOA
El Cerro de los Siete Colores, una de las maravillas naturales del NOA Fuente: LA NACION - Crédito: Julián Bongiovanni

Las excursiones suelen llevar a los turistas por la mañana, cuando el sol ilumina directamente el cerro y pone en evidencia sus siete colores. Cada uno de ellos es en realidad una capa que muestra la lenta formación de la montaña a lo largo de millones de años, cuando se conformaron los Andes. Las composiciones de las rocas se traducen con distintos matices visuales y revelan qué tipo de suelos y clima había en cada era.

Los grises tienen 600 millones de años y son sedimentos que se depositaron en el fondo de un océano, mientras los rojos fueron acumulados por ríos y los amarillos por lagunas. Los colorados se formaron en épocas más recientes, hace 100 millones de años. Sin importar cuándo se formaron, los estratos se transformaron en montaña cuando se levantaron los Andes. La mejor vista se consigue en la entrada del pueblo, al costado de un panel informativo y de los pueblitos de vendedores de artesanías.

Cómo ir. Gracias al cerro, el pueblo es uno de los puntos más visitados de todo el noroeste argentino. Sus pequeño centro gira entorno de la iglesia dedicada a Santa Rosa de Lima y la plaza, ocupada por decenas de vendedores de tejidos y recuerdos, cada mañana. Detrás del pueblo, el sendero al Cerro Porito lleva hasta un mirador sobre las casas y el valle del arroyo mientras que otro camino contornea el Cerro de los Siete Colores. Es un paseo interesante entre afloramientos de sedimentos de distintos colores. Hay que contar una hora para completarlo.

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