
Paloma Herrera: “Yo ya lo hice y di todo. No me quedó nada para dar”
A diez años de su retiro y recién cumplidos los 50, la estrella del ballet internacional repasa una carrera marcada por la disciplina y la pasión por la danza. Hoy, entre la enseñanza, nuevos proyectos y una vida sin mandatos, reflexiona sobre el éxito, la libertad y el desafío de reinventarse

A los 15 años dejó la Argentina para instalarse en Nueva York y perseguir un sueño que terminó convirtiéndola en una de las grandes figuras del ballet internacional. Paloma Herrera construyó una carrera marcada por el talento, pero también por una disciplina extrema y una entrega absoluta. Hace diez años decidió despedirse definitivamente de los escenarios. Acaba de cumplir 50 y asegura que no siente nostalgia.
Hoy enseña, forma y acompaña a nuevas generaciones de bailarines desde un lugar diferente: conserva el rigor que marcó su carrera, aunque, cuestiona algunas de las formas duras con las que ella misma fue formada. “Se pueden decir las mismas cosas, pero bien, con amor”, sostiene.
En esta conversación habla del retiro, la disciplina, los maestros que dejaron huella, su paso por la dirección del Ballet Estable del Teatro Colón, el dolor por la enfermedad de su madre y una manera de vivir que nunca estuvo demasiado pendiente de los mandatos ajenos.
—Cumpliste 50 años y hace exactamente diez que dejaste de bailar. ¿Cómo vivís esta nueva etapa? ¿Qué descubriste de vos?
—Son muchas etapas que se cierran y se abren, y estoy muy bien. Feliz de haber dejado atrás una historia tan importante en mi vida, que fue mi carrera de bailarina y que fue parte de mi identidad. Pero se abrieron un montón de otras oportunidades y mi esencia sigue siendo la misma.
Sigo en mi mundo, en mi burbuja de la danza: dando clases, yendo a concursos, coacheando. A mí siempre me gustó el trabajo más allá del escenario. Obviamente, uno adora el escenario, pero siempre me encantó el trabajo que hay detrás. Ahora puedo ser parte de ese proceso de un bailarín para llegar al escenario. Lo que hay detrás es un mundo maravilloso.
—¿No fue difícil dejar el escenario después de una vida entera arriba de él?
—No, porque yo nunca quise ser bailarina por el aplauso, por estar en un cartel o por un premio. Siempre disfruté el cariño del público. Eso sí me llenaba, poder comunicarme con el público, pero no por el hecho de llamar la atención. Nunca fue ese mi fin. A mí lo que me gusta es ese mundo, ese trabajo, todo lo que siempre fue como mi religión.
—¿Y no extrañás bailar?
—¿Sabés lo que pasa? Cuando lo hacía, tenía que hacerlo lo mejor que podía. Y ahora, si me pongo en una barra y empiezo a hacer la clase, no va a ser como yo quiero. Yo ya lo hice, di todo. No me quedó nada para dar. También estaba lista para decir: “Ahora puedo disfrutar otras cosas”. Puedo caminar por la calle y mirar sin tener que estar pendiente de si me pasa algo. Hay una etapa para todo
—Durante toda tu carrera la disciplina fue una columna vertebral. Ahora que estás del otro lado, formando bailarines, ¿cambió tu manera de entender la exigencia?
—Se movió un poco. Pienso que hay que encontrar un equilibrio. Yo sufrí bastante porque soy de esa generación, de esa forma de enseñar tan dura. Había maestros como Irina Kolpakova, mi maestra de toda la vida, que era maravillosa. Rusa, muy dura, pero siempre con amor. Hoy tiene 94 años y cada vez que voy a Nueva York la veo. Pero había otros maestros con los que empezaba el ensayo y se te cortaba la respiración de la tensión y del miedo. Y no sacaban lo mejor de mí. Soy totalmente consciente de eso. Uno aprende muchísimo de esas experiencias y trata de no repetir esas historias, de tomar lo bueno y dejar lo malo. Ahora que estoy del otro lado, trato de revertir esas formas que a mí no me hicieron bien.
—¿Cómo encontrás ese equilibrio sin perder la disciplina que para vos sigue siendo fundamental?
—Trato de que haya disciplina, que no sea cualquier cosa, pero que la persona pueda disfrutar. No sacarle esa libertad ni esa personalidad que para mí siempre fue tan importante. Pero sí que estén la disciplina, el respeto, el amor y la pasión por la danza. No es todo blanco o negro, tiene que haber un equilibrio. Se pueden decir las mismas cosas, pero bien, con amor.
—¿Y cómo se logra que las nuevas generaciones entiendan esa disciplina?
—Uno tiene que ser inspiración, tiene que ser un ejemplo. No podés decir: “Ustedes tienen que trabajar”, y después no ir nunca o llegar tarde. Yo doy mis clases, pero llego antes, hago todos mis ejercicios para poder estar focalizada y enseñar. Me parece que eso es fundamental, poder inspirar. Inspirar es fundamental.
—Cuando aparece un bailarín excepcional, ¿lo reconocés enseguida?
—Enseguida. Es impresionante. Hay gente que tiene algo diferente al resto.
—¿Y qué es ese “algo”?
—Es una mezcla de todo: de la calidad de movimiento, de lo físico, de cómo se mueve. Por eso también los maestros son tan importantes. De repente ves un talento, con unos pies y un port de bras divinos, pero está mal enseñado. Y decís: “¿Cómo puede ser?”. Porque es muy difícil cuando uno no tiene una enseñanza de calidad desde muy chico. Es una combinación. Hay una calidad de movimiento que, en parte, te la da la enseñanza, pero además tiene algo.
—Después de retirarte también cambió tu vida cotidiana. ¿Qué cosas empezaste a disfrutar de otra manera?
—Nunca lo tomé como una obligación. Mucha gente decía: “Qué carrera sacrificada, qué exigente”, pero yo no lo veía así.
Obviamente, vivía de una forma: tenía que dormir temprano, no salía. Ahora tampoco es que salga, ni tomo ni fumo, no lo hice antes y tampoco lo voy a hacer ahora. Pero estoy mucho más relajada y con otros tiempos, pude volver a mi país, que adoro.
—Hoy estás mucho más tiempo en Buenos Aires.
—Sí. Estoy con un pie acá y otro allá, viajo mucho por cursos. Nueva York es mi casa, pero yo amo a mi país. Siempre volví, siempre bailé acá. Mi familia, mis afectos, mis amigos. Siempre estuve mucho acá y ahora tengo más tiempo para estar.
—Y apareció también otra posibilidad de construir una vida de pareja. Llevás casi seis años con Juan Ortega. ¿Cómo vivís esa estabilidad?
—Estoy feliz, muy contenta. Él no tiene nada que ver con el mundo de la danza y, sin embargo, siempre me acompaña. En cada etapa fui súper feliz, pero estaba muy focalizada. La carrera toma mucho tiempo, mucha dedicación. Es momento de tener tiempo para una vida de pareja.
—¿Esa nueva vida despertó otros deseos?
—Yo nunca tuve hijos. Yo soy la antitípica. Fue como mi signature, mi marca registrada. Eso es un poco gracias a mis padres, que me dieron libertad absoluta desde muy chiquita. Nunca sentí que tuviera que encajar en ningún molde. De hecho, nunca encajé en ningún molde. Nunca tuve que cumplir ningún mandato. Me parece fantástico que cada uno haga la vida que siente, que quiere. Esa frase de estar cómoda en tu propia piel me encanta.
—Esa libertad parece haber atravesado toda tu vida. Incluso siendo una persona que estuvo siempre tan mirada.
—Para mí fue fundamental. Nunca me sentí presionada. De chiquita tenía una personalidad. Era medio nerd. En los recreos, con el rodete, hacía mis pasitos y todo el mundo me cargaba, pero no me importaba. Supongo que me ponían los lápices en el rodete, esas cosas. O me iba de bailarinita por el colectivo y mamá me dejaba.
Y no porque quisiera llamar la atención. Al contrario, soy súper bajo perfil. Pero era yo, era lo que quería hacer. Nunca me importó eso de “no hay que hacer tal cosa” o “hay que hacer tal otra”. Así fue un poco mi vida. La fui armando y para mí eso ha sido muy importante.
—Cuando mirás hacia atrás, ¿hay algo que no volverías a hacer?
—No hay nada que no hubiese hecho. La vida no es perfecta, la carrera no es perfecta. Pero justamente porque la vida es así, uno tiene que saber disfrutar el momento. Yo siempre fui de pensar: “Hoy estoy, mañana no”. Vivo cada día intensamente, a full, porque siempre pienso que puede ser el último. Mi vida fue muy intensa desde muy chiquita. Para mí, un día eran como veinte para otras personas. Mi carrera también fue así: viajé mucho, viví muchas cosas, mucha intensidad arriba del escenario, abajo, los viajes. lo volvería a vivir.
—¿Y qué fue lo que más te dolió?
—Lo que sí es un drama para mí, es la enfermedad de mi mamá. Eso es algo terrible para mí que, me gustaría no pasar. Pero no es una decisión, no es algo que yo hice y pueda decir: “Esto no lo hubiese hecho”. Eso nunca lo hubiese elegido.
—Tu mamá fue, además, una figura central. Te acompañó y al mismo tiempo te dio libertad para irte sola a Estados Unidos a los 15 años.
—Una madre maravillosa.
—Hay otra Paloma que apareció después del retiro: la empresaria ligada al mundo de los perfumes. ¿Cómo nació esa historia?
—Justamente, hace diez años, cuando dejé de bailar, me llamaron de Sutton y me dijeron que querían tener un perfume con mi marca. Yo estaba feliz porque tenía mi marca registrada desde hacía mucho tiempo, gracias a mi papá, que me había dicho que lo hiciera. Pero estaba totalmente focalizada en mi carrera y no podía pensar en otra cosa.
Cuando me propusieron esto, era exactamente lo que estaba buscando para usar mi marca en algo que realmente me gustara. Y así entré en este mundo. Estoy involucrada en todo: en la gráfica, el diseño, los logos, y también en las fragancias.
—¿Cómo llevás tu identidad a una fragancia?
—Yo no tengo idea de las notas y todo eso, pero les digo: “Me gusta más así, menos de esto, más de aquello”, y ellos me interpretan. Obviamente, ellos son los que saben y los que deciden al final, pero estoy muy involucrada y me encanta.
—También hubo una experiencia muy distinta: dirigir el Ballet Estable del Teatro Colón. ¿Volverías a dirigir una compañía?
—No.
—¿Por qué?
—Fue muy difícil. De todo se aprende y estoy muy orgullosa de lo que se hizo, de las producciones, de los bailarines que se unieron. La compañía estaba súper bien y yo estaba muy orgullosa. Pero, en la balanza, no compensaba.
Uno tiene que estar feliz y había muchos problemas que iban más allá de lo artístico: salarios, horas extra, jubilaciones. No tenía vida. Mi mundo es mi burbuja de la danza.
-¿Qué se viene? ¿Qué tenés por delante que te ilusione?
-Ahora se lanzó el nuevo perfume, haber recorrido diez años con un proyecto totalmente diferente y poder hacerlo con mi personalidad, es una alegría. Después, seguir en mi burbuja de la danza, viajes, siempre ser feliz.
