
Rep y el arte de retratar a los grandes íconos argentinos: “Charly es una crisálida, como Picasso o Lennon”
El dibujante reveló cómo se sumerge en la vida de sus personajes para transformarlos en imágenes; además, recordó una noche junto a García y Fito Páez, reflexionó sobre su proceso creativo y adelantó sus próximos proyectos

Hay artistas que dibujan lo que ven y otros que necesitan dibujar para entender lo que ven. Miguel Antonio Repiso, más conocido como Rep, pertenece a los segundos. Empezó a publicar a los 14 años, lleva más de cuatro décadas en el oficio, forma parte de Página/12 desde su fundación y tiene más de 40 libros publicados. Su trayectoria le valió numerosos reconocimientos, entre ellos el de Caballero de las Artes y las Letras de Francia. Pero detrás de cada proyecto conserva la misma curiosidad que lo llevó a dibujar desde chico. “Yo entiendo las cosas cuando las dibujo”, asegura.
Su último trabajo, Charly absoluto, ya va por su tercera edición y es mucho más que una biografía ilustrada de Charly García. Es el resultado de años de admiración, investigación y una particular manera de apropiarse de las vidas ajenas para transformarlas en imágenes. En esta nueva edición de Conversaciones, Rep habla de su fascinación por el músico, de la noche que compartió con él y Fito Páez en Bogotá, de los personajes que marcaron su obra y de la necesidad de reinventarse constantemente. A la vez, reflexiona sobre el oficio, la creatividad y el paso del tiempo, y deja una definición de sí mismo: “Un chabón que nació para molestar, pero que disfruta que lo quieran”.
-Con más de 40 libros publicados, ¿por qué decidiste dedicarle uno a Charly García?
-Se juntaron varias cosas. Un verano, escuchando música con Nacho Iraola, mi amigo y editor, se me despertó el Charly que tenía muy desordenado y quise ordenarlo con este libro.
Cuando les contaba la idea a mis conocidos, todos sonreían y me decían: “Ah, por fin vas a hacer ese libro”.
Yo venía de hacer biografías de Evita, Maradona y Messi. Ya tenía bastante clara la metodología de investigación y sabía por dónde empezar.
-Empezaste a publicar a los 14 años y, a lo largo de tu carrera, también fuiste dibujando el recorrido de Charly.
-Sí. Me acuerdo de que cuando Serú Girán estaba en auge e hizo “Canción de Alicia en el país”, dibujé cuatro cartulinas tratando de entender qué decía esa letra. Me generaba un misterio. Conocía Alicia en el país de las maravillas, pero me preguntaba por qué aparecía la morsa y qué significaban todas esas referencias.
Ahí empezó mi relación con Charly. Entré en su mundo con Serú Girán. Sui Generis y La Máquina de Hacer Pájaros me resultaban más lejanos.
-¿Los dibujos de Charly absoluto son una recopilación de trabajos anteriores o son todos nuevos?
-Son todos nuevos. Me senté a trabajar como un novelista, pero sin seguir un orden cronológico. Un día podía dibujar la escena en la que Charly se entera de que mataron a Lennon; al siguiente, algo sobre “Estoy verde”, Say No More o su infancia.
Primero dibujé y después ordené el material. Todos los dibujos son inéditos, incluso las recreaciones de las tapas de sus discos.
-¿Trabajaste escuchando su música?
-Sí. Tuve que resignificar todo el Charly que escuché durante mi vida. Es un compañero de vida.
Hay una parte de Say No More que me la perdí. Yo soy más del Charly de los 80, de Yendo de la cama al living, Clics modernos y Piano bar. Pero hacer este libro me permitió entender también las etapas que me había perdido.
-Después de recorrer toda su historia, ¿quién es Charly García para vos?
-Charly es el mejor músico que dio esta tierra. El mejor compositor y el mejor faro de su tiempo.
Tiene una formación clásica desde chico, a la que después se suman los Beatles, el rock progresivo y las influencias de distintas décadas. Fue absorbiendo todo eso y transformándolo en algo propio.
Sus letras son impresionantes. Y después está la performance de su cuerpo. No le bastó con ser compositor, poeta, pianista o guitarrista: también convirtió su cuerpo en parte de la obra. Eso lo vuelve una personalidad insoslayable de la cultura argentina.
Es como si me naciera un arcoíris de la boca cada vez que hablo de Charly. Antes no lo tenía tan ordenado. Este libro me ayudó a entender por qué lo admiro tanto.
-¿Y qué representa Charly para vos?
-De alguna manera, la continuidad de aquello por lo que siempre hice duelo: la separación de los Beatles. Lo dibujé como un quinto Beatle porque creo que podría haber sido uno de ellos. No por una cuestión de edad, sino por su espíritu. Charly tiene un espíritu Beatle.
-Usaste la palabra “continuidad”, pero también es un artista en constante transformación.
-Totalmente. Es una crisálida, como Picasso o Lennon. Son artistas que atraviesan distintas etapas: formación, plenitud, decadencia, muerte y renacimiento.
A Charly le pasó con Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán y su carrera solista. Se transformó muchas veces.
-Esa transformación también aparece en tus dibujos. Incluso señalás cómo va cambiando físicamente, especialmente su nariz.
-Todos vamos cambiando con los años. Rembrandt se hizo autorretratos durante toda su vida y, al observarlos, ves cómo algunos rasgos se acentúan.
Yo le decía a Menchi Sábat que era un “envejecedor”, más que un caricaturista, porque captaba muy bien ese proceso.
Charly tiene una nariz prominente, aunque el bigote se la tapa un poco. Para mí es un rasgo importante. Además, cuando dibujo a un narigón, en cierta forma me estoy haciendo un autorretrato.
-¿Qué buscás identificar primero cuando retratás a una persona?
-La mirada. En Charly está construida por la nariz, los anteojos, el bigote y esos ojos que siempre tienen algo de picaresca.
Charly te mira con ironía, nunca con drama. Cuando encuentro eso, puedo dibujarlo de cualquier manera porque ya encontré mi Charly. Otro dibujante hará uno diferente. Yo necesito que el mío tenga carnadura.
-¿Hoy podrías dibujarlo a ciegas?
-Sí. A Charly y también a Borges.
-Hablaste de Charly como un “cuerpo argentino”, al nivel de Maradona y Messi. ¿Qué significa esa idea?
-En realidad, lo relaciono más con cuerpos como los de Diego y Evita, que llevan consigo el sufrimiento, la gloria y la caída.
Charly hizo de su cuerpo un instrumento. Lo puso en el escenario, lo transformó y lo expuso de maneras increíbles. Es parte fundamental de su expresión artística.
-Dante, el Quijote, Messi, Maradona, Bukowski, Martín Fierro, Gramsci, Cortázar, Borges, Evita y ahora Charly. ¿Por qué elegís determinados personajes para tus libros?
-Primero tienen que calzarme en la mano. Tengo que poder dibujarlos y convivir mucho tiempo con ellos, porque hacer 200 dibujos sobre una persona exige entenderla profundamente.
Es como un actor que se prepara para interpretar a alguien. Durante los meses que trabajo en un libro, me meto en el personaje, estudio sus gestos y trato de pensar como él. En ese sentido, durante un tiempo yo soy Charly.
-Me acabás de dar el título.
-Charly me presta su identidad durante un rato. Con algunos personajes me resulta más fácil que con otros. Borges lo dibujo con absoluta facilidad. Bukowski y Kerouac me costaron más.
Messi también fue difícil porque tiene una vida bastante tranquila. Pero después de convivir con él durante más de 200 páginas, ahora puedo dibujarlo sin problemas.
-¿Qué hacés cuando no existe una imagen de la escena que querés contar?
-La invento. Tengo la capacidad de hacer la foto que falta.
Por ejemplo, hay una anécdota conocida sobre un encuentro de Charly con Borges en la puerta de un ascensor. No existe una foto de ese momento, así que la dibujé y le agregué un remate imaginario. Tengo que inventar. Me pagan por inventar.
-¿Cómo es tu proceso de trabajo? ¿Hay muchos bocetos, correcciones y dibujos descartados?
-Sí. Aunque ahora estoy dibujando sin red, cada ilustración del libro tuvo una planificación. Descarté muchas y volví a hacer otras. Leonardo da Vinci decía que el dibujo es una cosa mental. Y es cierto: dibujar es pensar, narrar.
Puede haber espontaneidad en la pintura, como cuando Charly agarra un aerosol. Pero yo trabajo para lectores y necesito ser preciso.
Quino, por ejemplo, calcaba a Mafalda para que el personaje fuera igual en cada cuadro. Los grandes maestros tenían esa rigurosidad.
-¿Y qué fue lo más difícil de resolver en este libro?
-La tapa y el título. Son la síntesis de todo lo que hay adentro.
En otros libros podés trabajar con una fotografía documental, pero acá tenía que inventarlo todo. Quería una imagen que funcionara como un afiche, que alguien pudiera colgar y que representara inmediatamente el universo de Charly.
-¿Cómo llevaste al papel eso que definiste como el “presente absoluto” que vive Charly cuando toca?
-Me sirvió una experiencia personal. Lo vi dos veces en mi vida.
Una fue hace poco, cuando me saqué una foto con él después de hacer el libro y me dio su bendición.
La otra fue en Bogotá, cuando Fito Páez me llevó a un recital. Terminamos pasando una noche en la habitación de Charly. Estaba absolutamente volado: se vestía de mujer, se sacaba la ropa, enchufaba cosas, bajaba al piano y nosotros lo seguíamos. Ni siquiera registraba quiénes estábamos ahí. Esa experiencia la atesoré. No estaba como periodista ni como fotógrafo, simplemente la viví.
Los dibujantes somos observadores. Esas escenas quedan guardadas y después reaparecen en el trabajo.
-Además de observar, ¿qué importancia tiene la investigación en tus libros?
-Muchísima. Cuando dibujás la vida de Maradona o Messi, los datos tienen que ser exactos porque los fanáticos no te perdonan nada.
Si dibujo a Messi haciendo el gol de cabeza con el Barcelona y le pongo la camiseta número 10 en lugar de la 19, el libro pierde credibilidad.
Por eso hago un trabajo previo y posterior de chequeo, casi periodístico.
-¿Alguna vez se ofendió alguien por cómo lo retrataste?
-Sí, aunque no muchas veces. En los primeros años de Página/12 dibujaba a Manzano y se enojó porque había detalles equivocados.
También hubo sectores de la derecha peronista que se molestaron con mi libro sobre Evita. Yo la mostraba como una mujer con un cuerpo, una vida y una sexualidad. Para algunos era tocar a una santa.
Pero, en general, no tengo grandes conflictos. Creo que dibujo con cierta ternura, incluso cuando hago una crítica.
Mi primera historieta conocida fue Los Alfonsín, en Humor Registrado. Dibujaba a Alfonsín con cariño, aunque también criticaba cuestiones como las leyes de impunidad.
-¿Y alguna vez un retratado te pidió quedarse con un dibujo?
-No recuerdo casos así. Tampoco soy un caricaturista tradicional. Me considero más un creador de mundos.
Hice libros sobre la historia del arte, desde Altamira hasta la actualidad, y sobre los 48 barrios de Buenos Aires. Mis intereses van mucho más allá de retratar personas.
Cervantes nunca vino a pedirme un Quijote y Dante tampoco me pidió el infierno.
-Con más de 300 dibujos sobre Charly, ¿qué etapa te resultó más inspiradora y cuál fue la más difícil?
-La más difícil fue Sui Generis, porque no era una etapa que yo hubiera vivido tan de cerca. Además, es un dúo y no hay tanto para dibujar alrededor de una sola personalidad.
Con Serú Girán pasa algo parecido, porque son cuatro músicos. La etapa solista fue la que más disfruté. Ahí tuve mucha más libertad para inventar.
También me gustó recrear las tapas de sus discos porque fue una manera de homenajear a los artistas visuales que trabajaron con él, como Andy Cherniavsky, Juan Gatti o Renata Schussheim. Charly es un artista popular y de vanguardia al mismo tiempo. Siempre estuvo anticipándose a lo que venía.
-¿Sentís que el libro ya está terminado para vos?
-La verdad es que podría volver a casa y seguir dibujándolo. Charly me sigue latiendo.
-Te admiro por poder hablar, dibujar y pintar al mismo tiempo. ¿Qué te da esta manera de trabajar?
-Una libertad que no tengo en el tablero profesional. En mi trabajo habitual hay lápiz, goma, retoques, escaneo y pintura. Es un proceso muy preciso.
Acá estoy sin red. Si me equivoco, tengo que continuar a partir del accidente. Eso me entusiasma muchísimo. También hago este tipo de experiencias en la Fiesta FA! o con Pedro Saborido, cuando él habla y yo dibujo.
En el tablero puedo corregir y esconder errores. Acá la gente ve todo, y eso es hermoso. Me recuerda que nací para esto.
-Uno de tus dibujos favoritos del libro es en el que el pelo de Charly se convierte en una especie de vegetación. ¿Por qué?
-Porque ahí fui completamente libre. No me basé en una época ni en una escena concreta de su vida.
Empecé a dibujar esa especie de árbol que se forma con su pelo y fui agregando elementos. Después apareció el verde y lo relacioné con la canción “Estoy verde”.
Es un dibujo figurativo, pero también tiene elementos abstractos. Me gusta porque nació de una idea que no estaba del todo definida.
-¿Hubo algún dibujo que tuvieras que rehacer?
-Sí, el primero. Está en las primeras páginas, después del prólogo de Rodrigo Fresán.
Cuando lo terminé, pensé: “Ya tengo una doble página, me faltan 198”. Me dio confianza para seguir.
Pero cuando nos juntamos con Nacho Iraola a ordenar el libro, lo miré de nuevo y me pareció horrible. Era un balbuceo. Todavía no había encontrado el tono. Como pasa con el primer capítulo de un texto, que muchas veces es el que más se corrige. Así que lo hice otra vez.
-¿Qué esperás que encuentre un lector que conoce la música de Charly, pero no necesariamente sabe de dibujo, al recorrer Charly absoluto?
-Es un libro de amor por Charly. Se suma a los homenajes que está recibiendo, a lo que hace Elena Roger en el teatro, a Hilda Lizarazu y a tantas otras expresiones de cariño. Hay una gran bola de amor alrededor suyo y quería que mi libro fuera parte de eso.
Pero también es mi Charly. Dejé una parte importante de mi vida ahí. Quiero que la gente lo abra y lo disfrute como disfruta su música. Y que, además, pueda ordenar algunos momentos de su historia.
Por ejemplo, ubicar cuándo ocurrió lo de la pileta, en el año 2000, o comprender mejor cómo fue pasando de una etapa a otra.
-¿La vida es una performance?
-Para Charly, seguro.
-¿Y para vos?
-Mi vida es bastante más tranquila. El dibujo es un oficio del que me enamoré en la infancia y que, de alguna manera, sigue siendo una prolongación de esa etapa.
-¿Una vida tranquila? Me acabás de contar que pasaste una noche con Fito y Charly en un hotel.
-Me refiero al oficio. En el dibujo no existe la crítica de la misma manera que en el cine, el teatro, la literatura o las artes plásticas. Entonces uno tiene que construir su propia vanguardia, romper con lo que hizo y volver a empezar.
Esta es una profesión en la que podrías pasarte toda la vida dibujando al mismo personaje. Quino podría haberse jubilado dibujando a Mafalda, pero decidió dejarla después de nueve años.
Ese es un ejemplo que sigo. No quiero quedarme repitiendo algo que ya hice. Busco permanentemente temas que vuelvan a entusiasmarme, y la única manera de procesarlos es dibujándolos. Yo entiendo las cosas cuando las dibujo.
-El libro salió hace cuatro meses, ya va por la tercera edición y todavía estás disfrutando de Charly. Pero ¿ya sabés cuál será tu próximo proyecto?
-Tengo dos o tres ideas. Una es hacer algo sobre Quino, más desde la escritura. Hace años que doy charlas sobre él y ahora también voy a hacer un taller en Mendoza.
Otra es contar la historia argentina. Vengo de hacer Evita, nacida para molestar y Diego, nacido para molestar. Me gustaría hacer Argentina, nacida para molestar.
Empezaría con la llegada de los primeros seres humanos a América, a través del estrecho de Bering, hasta alcanzar el territorio argentino. Fuimos de los últimos en llegar y, sin embargo, queremos ser los primeros. Somos bastante incordios.
También me gustaría ilustrar Hamlet. Ya hice las dos partes del Quijote y toda La divina comedia. Me interesa entrar en el mundo de otros autores, siempre que sus obras me generen imágenes. Si no me generan imágenes, no tendría demasiado sentido que yo las ilustrara.
-Última pregunta. ¿Quién sos, Rep?
-Un chabón que dibuja a ciegas. Un chabón que nació para molestar, pero que disfruta que lo quieran. Y una crisálida que todo el tiempo muestra en público cómo se equivoca y cómo acierta.
Porque quienes trabajamos en los medios crecemos en público, o decrecemos en público. Todo eso hace, más o menos, a quien soy. Pero soy Miguel. Sobre todas las cosas, soy Miguel.

