Ambiente: inédito en Argentina, rastreo satelital de ballenas azules jorobadas
Busca develar las rutas migratorias y las zonas de alimentación de esta especie

Tras cinco años de fotoidentificación, se colocaron dispositivos en tres ejemplares para entender cómo proteger mejor los corredores marinos.
Así, la costa de la provincia de Chubut vuelve a ser escenario de un avance crucial para la ciencia y la conservación marina. Si bien el seguimiento satelital de cetáceos tiene historia en la región, esta temporada marcó un punto de inflexión: por primera vez en Argentina se colocaron dispositivos de rastreo en ballenas jorobadas, y el escenario elegido fue el Parque Provincial Patagonia Azul, detalla Lucas Beltramino, biólogo del Proyecto Patagonia Azul de Rewilding Argentina.
Aunque el marcado de ballenas francas se realiza hace más de una década en Península Valdés y el de la ballena sei lleva dos años en Punta del Marqués, por primera vez se marcan ballenas jorobadas en Argentina. Se trata de la culminación de un proceso de investigación sostenido en el tiempo. "El trabajo para llegar a marcar estas ballenas empezó 5 años antes cuando comenzamos a registrarlas y estudiarlas", explica Beltramino.
Durante ese tiempo, la fotoidentificación permitió detectar individuos que regresaban temporada tras temporada, e incluso algunos reportados en zonas tan distantes como Brasil o la Antártida.
"Esto nos llevó a preguntarnos: dónde están las ballenas cuando no están acá? por dónde viajan? qué desafíos enfrentan?", comentó el especialista.
La campaña se realiza en colaboración con investigadores de la Universidad de Santa Cruz de California (Estados Unidos), quienes aportaron su experiencia en la capacitación para las maniobras de aproximación y colocación de los dispositivos en los cetáceos.
Se trata de un operativo que requiere una precisión quirúrgica, ya que es necesario acercarse a unos cinco metros del animal para, mediante un rifle neumático adecuado para esta actividad, colocar el dispositivo intradérmico en la capa de grasa, que actúa como aislante térmico y supera los 20 centímetros de espesor.
El sistema funciona con una red de satélites de órbita baja. Cuando la ballena sale a respirar y la antena del dispositivo queda expuesta al aire, envía la ubicación con un margen de error mínimo, apenas cientos de metros en travesías de miles de kilómetros.
El cuerpo de la ballena encapsula y expulsa el dispositivo con el paso de las semanas o meses, pero el tiempo que permanece activo es oro en términos de dato. Así los científicos obtienen información muy valiosa sobre las áreas que ocupan, sus traslados, dónde se alimentan y durante cuánto tiempo nadan.
La información recolectada es vital para diseñar estrategias de conservación efectivas. Los datos preliminares ya recolectados indican que las ballenas permanecen largos periodos alimentándose en áreas relativamente chicas, de unos 300 kilómetros cuadrados. Sin embargo, al salir de las zonas de resguardo, enfrentan amenazas como colisiones con embarcaciones, riesgos de la pesca industrial y contaminación acústica.
La presencia de las ballenas jorobadas es un espectáculo natural para el visitante, un atractivo turístico, pero también un motor biológico para el ecosistema debido a que aportan nutrientes y empujan cardúmenes hacia la superficie, beneficiando la alimentación de las aves marinas, destacan los expertos.
Ahora, es claro que las ballenas jorobadas eligen las aguas argentinas para alimentarse intensamente, ahorrar energía y evitar migraciones innecesarias antes de volver a las áreas reproductivas. (ANSA).



