Ciencia: un circuito cerebral liga el apetito con los recuerdos
Su alteración podría ser la causa de los trastornos alimentarios y la obesidad

Los hallazgos, obtenidos en ratones, fueron publicados en la revista Neuron por un equipo de investigadores dirigido por el Hospital General Brigham de Massachusetts en Boston.
El descubrimiento sugiere que una alteración en este circuito podría ser causa de trastornos alimentarios y obesidad, lo que significa que estas neuronas podrían ser un objetivo para nuevos tratamientos.
Al observar la actividad cerebral de ratones, investigadores dirigidos por Amar Sahay demostraron que ciertas neuronas son responsables de transmitir información entre el hipocampo, la región encargada de almacenar recuerdos, y el hipotálamo, que controla la alimentación.
Estas neuronas producen prodinorfina, una molécula que al activarse genera sustancias opioides como la dinorfina, que desempeñan un papel importante en la regulación del dolor y los circuitos de recompensa.
Al silenciar estas células o impedir su producción, los autores del estudio observaron que los animales presentaban un apetito inusualmente alto incluso en lugares desconocidos. La estimulación de estas mismas neuronas aumentó la probabilidad de que los ratones se abstuvieran de comer.
"Una disfunción en la producción de dinorfina o en los circuitos neuronales que la utilizan podría contribuir a los trastornos alimentarios", afirma Travis Goode, autor principal del estudio.
"Estos hallazgos -agrega Sahay- podrían arrojar luz sobre las terapias para los trastornos alimentarios humanos, como los atracones, que surgen en parte de una pérdida de control contextual o de calibración de la alimentación".
En Italia, casi 6 millones de personas, el 11,8% de la población adulta padece obesidad y aproximadamente el 34% tiene sobrepeso, lo que repercute significativamente en la salud pública y los costes sanitarios.
Las enfermedades cardiovasculares se encuentran entre las principales y más graves complicaciones de las personas obesas y son una de las principales causas de muerte en el país, representando aproximadamente el 31% de todas las muertes.
La estrecha correlación entre la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, además de provocar un aumento significativo de la mortalidad, también tiene un impacto significativo en las hospitalizaciones y rehospitalizaciones, lo que constituye uno de los mayores retos para la salud pública mundial del siglo XXI.
En vista de esto, la obesidad fue recientemente reconocida en la península como una enfermedad verdaderamente crónica, progresiva y recurrente, y se incluyó en el Plan Nacional de Enfermedades Crónicas.
"Italia promulgó la primera ley del mundo, que yo mismo promoví, para la prevención y el tratamiento de la obesidad, reconociéndola como una enfermedad progresiva y recurrente. Esta respuesta pionera mediante un marco regulatorio avanzado, marca un avance histórico para garantizar que los pacientes obesos reciban atención temprana, estructurada, continua y multidisciplinaria", explicó Roberto Pella, diputado y presidente del Intergrupo Parlamentario sobre Obesidad, Diabetes y Enfermedades Crónicas No Transmisibles.
"Mantener una alta atención institucional y apoyar el progreso médico con políticas sanitarias, sociales y de bienestar con visión de futuro, incluso a nivel local, es esencial para generar beneficios para la sociedad en su conjunto", sostuvo.
Por su parte, Andrea Lenzi, presidente del Consejo Nacional de Investigación (CNR) y profesor emérito de endocrinología de la Universidad La Sapienza de Roma, afirmó que "la obesidad es una auténtica emergencia sanitaria con importantes repercusiones clínicas, sociales y económicas, y se asocia a numerosas complicaciones, entre las que las enfermedades cardiovasculares se encuentran entre las más graves".
"El reconocimiento de la obesidad como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial representa un hito histórico que sitúa a Italia a la vanguardia", subrayó.
"Ahora es fundamental continuar el camino iniciado, dotándonos de herramientas adecuadas a la complejidad de la enfermedad para garantizar a los pacientes la misma dignidad clínica y sanitaria que se concede a otras enfermedades crónicas", concluyó Lenzi. (ANSA).



