Cine: Los ochenta años de Charlotte Rampling
Antidiva, brilló a las órdenes de varios grandes directores.

Hija del ex campeón olímpico Godfrey Rampling —medalla de plata en 1932 y oro en la posta 4x400 cuatro años después—, coronel del Ejército británico, y de la pintora Isabel Anne Gurteen, creció entre Gibraltar, España y Francia, siguiendo los destinos militares de su padre, quien en 1964 llevó de regreso a la familia a Londres.
Durante toda su infancia, Rampling tuvo una sola amiga: su hermana Sarah, tres años mayor, confidente y compañera de escena (cantaban juntas). Luego llegó la ruptura: Sarah se enamoró de un argentino llamado Carlos, se fue a vivir a la pampa y en 1967 se suicidó. La noticia cayó como un rayo en la familia. El padre obligó a Charlotte a guardar el secreto para proteger el dolor de la madre, que nunca supo que Sarah se había quitado la vida, y la actriz tampoco viajó a despedirse al otro lado del mundo.
Contaría la verdad recién en su autobiografía, escrita junto a Christophe Bataille, coincidiendo con The Look, el documental de Angelina Maccarone en el que la actriz y la mujer se revelan en diálogo con otros artistas, de Paul Auster a Juergen Teller, el último fotógrafo que la retrató desnuda, muchos años después de la célebre imagen de Helmut Newton de 1973 que dio la vuelta al mundo y marcó durante largo tiempo su estilo transgresor.
Criada en un entorno acomodado y políglota, Rampling aún no había cumplido 18 años cuando debutó como modelo mientras trabajaba como secretaria. Poco después, en 1964, fue descubierta por Richard Lester —entonces el director de los Beatles—, quien la hizo aparecer sin acreditar en A Hard Day's Night y Help!. Sus primeros papeles importantes, en cambio, se los debe al italo-canadiense Silvio Narizzano, que la eligió para Georgy Girl (nominada al Óscar en 1965), y a Ken Annakin en El largo duelo (1967), donde compartió el set con una estrella como Yul Brynner.
Expulsada de la casa paterna, llegó a Italia, donde Gianfranco Mingozzi y Franco Nero la quisieron para Secuestro de persona. Fue el primer gran punto de inflexión de su vida: Luchino Visconti, impresionado por su personalidad, la convocó en 1969 para La caída de los dioses. A pesar de su juventud, le confió el papel de una madre deportada a un campo de concentración junto a sus dos hijos. Dos años más tarde regresó a Cinecitt… para Adiós, hermano cruel de Giuseppe Patroni Griffi, seguida en 1973 por Giordano Bruno de Giuliano Montaldo.
Así comenzó una auténtica historia de amor con Italia, que en 1974 la consagró, de manera inesperada, como ícono de una nueva feminidad, provocadora e intensa, gracias a El portero de noche, dirigida por Liliana Cavani y protagonizada junto a Dirk Bogarde. La imagen de Rampling con gorra de las SS, largos guantes negros y tirantes sobre el pecho desnudo recorrió el mundo, pero la actriz huyó de la popularidad repentina por temor a quedar atrapada en la etiqueta de "reina de la perversión".
En esos años trabajó intensamente también en su país, atravesando todos los géneros y alimentando a la prensa sensacionalista con su comentada relación con su esposo Brian Southcombe y su mejor amigo, el fotógrafo Randall Lawrence, en un ménage … trois que evocaba Jules et Jim de Truffaut. Fue una etapa fértil, marcada por películas de calidad como Zardoz de John Boorman (con Sean Connery), El invernadero de Patrice Chéreau, Marlowe, detective privado de Dick Richards (con Robert Mitchum), pero también Yuppi Du junto a Adriano Celentano e incluso la superproducción hollywoodense Orca, la ballena asesina de Michael Anderson, producida por Dino De Laurentiis.
Con la llegada de los años 80, Charlotte Rampling ya era una estrella mundial: la convocaron Woody Allen (Stardust Memories), Sidney Lumet (El veredicto, con Paul Newman), Claude Lelouch (Viva la vida), Nagisa Oshima (el escandaloso Max, amor mío) y Alan Parker (Angel Heart, con Robert De Niro). Sin embargo, de manera paradójica, en una filmografía que supera los 120 títulos, comenzó entonces un período de profundo distanciamiento del cine. La actriz retomó la meditación y atravesó una grave depresión tras el nacimiento de los dos hijos que tuvo con su segundo marido, Jean-Michel Jarre.
Durante casi toda la década de 1990 rechazó la mayoría de los proyectos, se dedicó a la televisión y volvió a Italia solo en 1989, convocada por un joven director debutante, Massimo Guglielmi, para Rebus, producida por Roberto Cicutto y Luigi Musini. Todo cambió tras la muerte de su madre en 2001, el divorcio de Jarre y el encuentro con su último compañero, el periodista Jean-No‰l Tassez. Rampling eligió entonces París como su nueva patria, fue celebrada por Henry Chapier en una memorable exposición fotográfica en la Maison de la Photographie y se convirtió en la musa de Fran‡ois Ozon, con quien rodó seis películas a partir de Bajo la arena (2000).
En estos últimos veinte años, Rampling no se ha negado nada: premios, cine de autor como Melancholia de Lars von Trier o 45 años de Andrew Haigh, éxitos comerciales como Basic Instinct 2 o Assassin's Creed, y hasta el reciente Dune de Denis Villeneuve.
El llamado de Italia nunca se apagó: en 2004 regresó para Las llaves de la casa de Gianni Amelio, y en 2017 protagonizó Hannah de Andrea Pallaoro, papel que le valió la Coppa Volpi en Venecia.
Ganadora del Premio Europeo de Cine a la Trayectoria en 2015 y del Oso de Oro Honorífico en la Berlinale 2019, en la última Mostra de Venecia volvió a estar presente junto a Jim Jarmusch con Father Mother Sister Brother. (ANSA).



