Comercio: el pacto Xi-Starmer empieza con visados, impuestos al whisky y fútbol
La visita del premier británico a Pekín, también un mensaje para Trump

El presidente Xi Jinping y el primer ministro Keir Starmer, primer ocupante de Downing Street en la República Popular desde 2018, encontraron puntos en común durante más de tres horas de diálogo, desde la reunión bilateral en el Gran Salón del Pueblo hasta el posterior almuerzo de bacalao y albóndigas de arroz dulce.
Starmer, acompañado por unos 60 líderes empresariales para la firma de una serie de acuerdos, explicó que cree que la relación con China se encuentra en una "posición sólida" y que ve a Xi como alguien con quien puede hacer negocios.
Esos comentarios coinciden con los del primer ministro canadiense, Mark Carney, quien también visitó Pekín recientemente, sobre la mayor "previsibilidad" de China en comparación con la actual administración estadounidense.
El premier británico, definido como "cálido y constructivo" en su reunión con Xi, también abordó el tema del fútbol, hablando de la Premier League, que tiene un gran número de seguidores en China.
"Hice una promesa hace 18 meses, cuando fuimos elegidos para dirigir el gobierno, de que me aseguraría de que el Reino Unido volviera a abrirse al exterior", dijo Starmer a Xi durante la cumbre.
El premier también le regaló al líder comunista un balón de un partido reciente entre el Manchester United, el equipo favorito de Xi, y el Arsenal, el equipo de los "Gunners", del que el primer ministro es un gran aficionado.
Starmer acordó el acceso sin visado a China durante 30 días para los ciudadanos británicos, lo que contribuirá a la reactivación de los negocios y la industria.
Además, abordó la reducción de los aranceles chinos sobre el whisky —del 10% al 5%— y dio la bienvenida a la inversión de US$15.000 millones de la empresa británica AstraZeneca en China.
Más allá del fútbol, obviamente hubo espacio para debatir sobre comercio y seguridad, y la guerra en Ucrania, desatada hace cuatro años por la agresión rusa.
Xi, por su parte, afirmó que China y el Reino Unido deben "superar sus diferencias", al reconocer que las relaciones bilaterales han pasado por altibajos que no favorecieron los intereses de nuestros países.
Pero ahora, añadió, "debemos construir una asociación que resista la prueba de la historia, que es lo correcto y que sirve a los intereses fundamentales del país y del pueblo".
La visita de Starmer fue promocionada por los medios estatales chinos como una oportunidad para inaugurar una "nueva era de relaciones" y una prueba de la "seriedad" de Pekín, capaz de atraer a los aliados más cercanos de Estados Unidos.
El primer ministro, que aterrizó en Pekín el miércoles, visitó un restaurante Yunnan en Sanlitun, un distrito céntrico de Pekín, esa misma noche.
Fotos y vídeos de su visita e interacciones con la comunidad china se viralizaron en las redes sociales en mandarín.
Starmer le dijo a Xi: "También debemos permitir un diálogo significativo en las áreas en las que discrepamos, ya que es la única manera de avanzar".
Asimismo, Starmer declaró al final de las conversaciones que planteó temas como el caso del magnate editorial prodemocrático de Hong Kong, Jimmy Lai —condenado por sedición y ahora enfrentándose a cadena perpetua— y la crisis de derechos humanos en Xinjiang.
No obstante, todos esos temas quedaron eclipsados por la necesidad de "reiniciar" las relaciones bilaterales.
El juicio de la oposición conservadora fue severo: Starmer fue a Pekín "para doblegarse a Xi". (ANSA).



