Comercio: la UE, unida ante amenaza de aranceles de EE. UU
Bruselas pide respetar los pactos, en reunión del G7

El "pleno respeto" del acuerdo UE-EE.UU. es "fundamental", enfatizó el jefe negociador europeo, Maros Sefcovic, al pedir garantías a su homólogo estadounidense, Jamieson Greer, una de las voces más dialogantes dentro de la administración norteamericana.
"Queremos actuar con rapidez para evitar nuevas incertidumbres", respondió el representante comercial de Estados Unidos, dejando entrever la posibilidad de un cambio en la base jurídica para evitar un nuevo golpe arancelario contra el continente.
Palabras que, en la interpretación del viceprimer ministro italiano Antonio Tajani, marcaron el inicio de "una fase de diálogo constructivo", útil para evitar "guerras comerciales" que "no benefician a nadie".
No obstante, no fue suficiente para que el Parlamento Europeo avanzara: el acuerdo de julio sobre la tasa del 15% seguirá congelado al menos hasta el 11 de marzo, a la espera de una aclaración definitiva sobre el alcance legal de los aranceles estadounidenses.
"Está claro que tanto la UE como Estados Unidos tienen la intención de honrar el acuerdo firmado en julio", pero frente a un contexto "profundamente cambiado", la verdadera línea divisoria será entender "cómo" se respetará ese pacto, fue el mensaje transmitido por Sefcovic a eurodiputados y embajadores de los Veintisiete tras la reunión del G7.
El escenario anticipa nuevas rondas de contacto en los próximos días con Greer y el secretario de Comercio, Howard Lutnick.
El objetivo europeo es claro: desactivar la hipótesis de un arancel adicional del 5% sobre las empresas del bloque y evitar que al 15% se sume la cláusula de nación más favorecida, equivalente al 4,7%.
"Trabajaremos para que los estadounidenses cumplan los compromisos asumidos. Me parece que las respuestas de Washington van en la dirección del diálogo", señaló Tajani, al tiempo que garantizó la unidad europea en torno al negociador eslovaco e instó a las empresas italianas —reunidas en la mesa de la 'task force' sobre exportaciones y aranceles impulsada por la Cancillería— a seguir "trabajando e invirtiendo" al otro lado del Atlántico, con la certeza de que el gobierno las "acompañará".
Una postura respaldada también por el ministro de Made in Italy, Adolfo Urso, quien pidió a la UE "cautela y responsabilidad".
En contraste, desde París la presión adopta un tono más firme: entre aliados, recordó el secretario de Estado de Comercio Exterior, Nicolas Forissier, "queremos ser tratados como iguales".
Por ahora, el equipo de Ursula von der Leyen no muestra intención de blandir el arsenal de represalias: no se activarán los contraranceles congelados por 93.000 millones de euros ni se ha recurrido al llamado "bazuca comercial" en las declaraciones de la Comisión.
La prudencia hacia Washington se traduce también en la decisión de congelar el capítulo "Buy European", promovido por Francia para proteger a la industria continental y que ha quedado bajo la lupa del Pentágono por su impacto sobre las empresas de armas estadounidenses.
El comisario europeo Stéphane Séjourné decidió aplazar del 26 de febrero al 4 de marzo la propuesta legislativa sobre el Industrial Act, evitando ofrecer nuevos argumentos al magnate para elevar aún más la tensión y convertir el expediente industrial en un detonante.
Sin embargo, quien ha pisado el freno con mayor claridad es el Parlamento Europeo que, cuando parecía listo para avanzar en la ratificación del acuerdo arancelario de julio, dio marcha atrás y volvió a congelar el texto que llevaría a cero los aranceles europeos sobre productos estadounidenses.
"No tenemos otra opción", admitieron fuentes del Partido Popular Europeo, alineándose —junto con los liberales— con la línea dura impulsada por los socialistas. (ANSA).



