Comercio: Trump advierte a Londres, "peligroso acercarse a China"
"Estados Unidos estaba avisado", replica el premier británico, Keir Starmer.

La advertencia del líder estadounidense se produjo al concluir el importante viaje del primer ministro laborista a Pekín y la cumbre con el presidente Xi Jinping, que se caracterizó por varios acuerdos económicos, incluyendo la reducción a la mitad de los aranceles chinos sobre el whisky británico.
La respuesta de Londres a su gran aliado estadounidense fue rápida: había sido "informado con antelación" del viaje de Sir Keir y "de sus objetivos". Downing Street también señaló que el propio Trump tiene una misión a China programada para abril.
Mientras tanto, Chris Bryant, subsecretario de Estado de Comercio, calificó de "erróneo" el comentario de Donald y aseguró que el Reino Unido pretende "revitalizar las relaciones con Pekín manteniendo los ojos bien abiertos", añadiendo que "sería una insensatez ignorar la presencia de China en la escena mundial".
Y en su última escala en Shanghai, después de Pekín, el primer ministro británico "abrió la puerta" a una próxima misión oficial al Reino de Xi, informo el progresista The Guardian al respecto, y destacó el progreso, aunque parcial, del viaje de Sir Keir, marcó un deshielo en las relaciones entre ambos países.
Empero, la reacción mediática predominante a la visita —la primera de un primer ministro en ocho años, tras la de la conservadora Theresa May en 2018, seguida de un período de creciente tensión y sospechas— estuvo marcada por el escepticismo, o al menos la cautela. El Financial Times se limitó a enfatizar la esperanza de Starmer de restablecer "relaciones más sofisticadas" con China, en el contexto de la imprevisibilidad global impulsada por la presidencia de Trump, más aún a la luz de las críticas de este último a la estrategia asiática de Londres.
Mientras tanto, periódicos de derecha, desde el proconservador Daily Telegraph hasta el tabloide Daily Mail, adoptaron un tono acalorado y despectivo, exaltando la imagen de un primer ministro dimitido pasando revista a legiones de unidades militares chinas. Esto también se hace eco de las acusaciones de la oposición conservadora, que acusa a Sir Keir de "doblegarse" ante Xi, comprometer la "seguridad nacional", sospechas de espionaje o derechos humanos a cambio de "migajas" en las relaciones económicas con el gigante asiático.
Y frente a estas imputaciones, Starmer anunció que Xi se comprometió a retirar las sanciones impuestas, en su momento por Pekin, contra algunos parlamentarios británicos (actualmente en el cargo y ex) conocidos por las críticas a China.
Pero los siete partidos involucrados, tanto de la mayoría como de la oposición, no acogieron con agrado la "concesión" del Dragón. En un comunicado, plantearon la sospecha de que Sir Keir solicitó la revocación a cambio de un futuro levantamiento de las sanciones impuestas previamente por Londres contra funcionarios de la República Popular imputados ;;de participar en la represión de la minoría musulmana uigur en Xinjiang.
"No queremos ser moneda de cambio", fue su respuesta al primer ministro, quien estará en Tokio este fin de semana para reunirse con la nueva premier ultranacionalista de Japón, Sanae Takaichi. (ANSA).



