Cuatro vidas rotas por los cuatro años de guerra en Ucrania
Decenas de miles de civiles y cientos de miles de soldados han muerto desde el inicio de la invasión rusa de...

Decenas de miles de civiles y cientos de miles de soldados han muerto desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania hace cuatro años.
Millones de ucranianos se vieron obligados a huir de sus hogares para escapar de los combates y en Rusia cientos de personas que se oponen al conflicto fueron condenadas a duras penas o tuvieron que dejar su país para evitar ser perseguidas.
Cuando se cumplen cuatro años del inicio del conflicto, AFP reconstruye cuatro historias que retratan el impacto de la guerra: la matanza de una familia completa, la vida de un soldado ucraniano amputado, un comediante afín al Kremlin y una activista rusa contra la guerra.
- Una familia destruida -
Kira tenía cuatro meses, su madre Valeria, 28 años, y su abuela Liudmila, 54, cuando un misil ruso golpeó su vivienda en Odesa, en el sur de Ucrania, en abril de 2022. En segundos, el impacto segó tres generaciones de esta familia.
El padre de Kira, Yurii Glodan, estaba haciendo la compra en el momento de la tragedia. Las imágenes posteriores muestran al hombre conmocionado buscando entre los escombros de lo que fue su casa.
Después de perder a su familia, Yurii —un abogado que dejó el traje para trabajar en una panadería en Odesa— se alistó en el ejército en marzo de 2023.
Murió ese mismo año, unos meses después, en septiembre, cerca de Bajmut, en el frente oriental, en una de las batallas más rudas del conflicto.
La historia de la familia Glodan se transformó en un símbolo del sufrimiento de los civiles ucranianos desde el inicio de la invasión.
"Hay cientos de historias como esta en todo el país", declaró Alla Koroliova, la mejor amiga de Valeria, en una entrevista con AFP en Odesa en febrero de 2026.
Ella "era un rayo de sol. Adoraba Odesa, la cultura ucraniana, la ópera", contó su amiga.
En su teléfono todavía tiene fotos de Kira, que le envió su amiga. Un bebé que nunca llegó a conocer.
- El amputado que quiere combatir -
Volodomir cumplió 32 años el día que Rusia lanzó la invasión. Cuatro años después, pese a haber perdido una pierna y un antebrazo en un bombardeo mientras estaba en el ejército, quiere volver a combatir.
La AFP lo había entrevistado en la región nororiental de Járkov unos meses antes de su grave lesión. Declaró entonces que los drones alcanzan su objetivo en 90% de los casos, "si el piloto es bueno".
En enero de 2026, Volodimir, de barba corta y pelo rapado, relata el trauma de su herida.
"Levanté la cabeza cuando estaba tumbado, miré mi pierna y un tipo (...) me la estaba serrando", recordó.
Fue sometido a 21 operaciones en un mes: "Casi todos los días, excepto el sábado, día de descanso para muchos médicos".
Volodimir, ahora con una prótesis en la pierna, habló con AFP durante un torneo de fútbol sala en Pavlogrado, una ciudad donde acostumbraba a jugar antes del accidente. Se desplaza con soltura y sin muletas.
Decidido a volver a alistarse, este hombre sonriente sigue una reeducación desde hace 18 meses.
Quiere volver con sus "hermanos de armas", pero en un puesto más alejado del frente.
Pese a su determinación de combatir, Volodimir espera que se alcance un acuerdo para poner fin a la guerra.
"Hace dos años, estábamos firmemente convencidos de que podíamos volver a las fronteras de 1991", con la península de Crimea y el este ucraniano bajo control de Kiev.
"Pero ahora, tras estar en el ejército y haber visto todo eso de cerca, comprendo que el precio a pagar por las fronteras de 1991 será muy alto", admite.
- El comediante oportunista -
En la década de 1990, el humorista Andréi Bocharov, alias "Bocharik", encarnaba para millones de rusos un "hijo de mamá" en una serie de culto.
La guerra le permitió reorientar su carrera, que estaba en un punto muerto.
Este siberiano se había convertido en estrella de la serie "33 m2", en la que interpretaba al benjamín de una familia y seducía al público con sus sonrisas, sus torpezas y sus expresiones ingenuas.
Más tarde esta estrella de la pequeña pantalla, que encarnaba aquellos años en los que Rusia se reía de sus defectos, vivió una época de menos luces.
Pero el 24 de febrero de 2022 relanzó su carrera. En momentos que la sociedad rusa se dividía en campos irreconciliables entre partidarios y detractores de la guerra, Bocharov —hoy de 59 años— eligió sin dudarlo "su patria y sus raíces".
En sus publicaciones y podcasts despliega un patriotismo ardiente, denuncia toda crítica a la ofensiva y arremete con sarcasmo mordaz contra quienes huyeron del país en señal de protesta, para evitar represalias o ser movilizados en el ejército.
Seguido por más de 350.000 suscriptores en sus canales de Telegram y la red social rusa VK, Bocharik encontró un eco mediático a sus críticas contra un Occidente "decadente".
Los viernes presenta un programa en la radio estatal Sputnik.
A diferencia de sus numerosos colegas que tomaron el camino del exilio, Bocharik alza la voz para defender los intereses nacionales y los "valores tradicionales", que se han vuelto obligatorios para "los verdaderos patriotas".
"Somos los primeros porque tenemos alma y no solo dinero, y nuestros muchachos en el frente lo demuestran cada día", afirma en Sputnik, comparando Rusia y Occidente.
"Rusia siempre gana: ¡somos rusos y el borsch está con nosotros!", repite en tono de broma en referencia a la tradicional sopa cuya autoría disputan rusos y ucranianos.
- La opositora silenciosa -
El 24 de febrero de 2022, Varvara (nombre cambiado) participó en una manifestación en Moscú contra la guerra. Posteriormente perdió su empleo en un organismo público por firmar una petición contra el conflicto.
Declaró a la AFP que cuando salió a manifestarse ese día, tenía "la sensación difusa de no saber qué iba a pasar".
Avisó a unos allegados de que podían detenerla, dejó un juego de llaves de reserva y esperó que su gato "no muriera de hambre" en su ausencia.
Se libró de la represión judicial.
En los primeros días de la invasión, Rusia adoptó una censura militar draconiana. Cientos de personas fueron condenadas a largas penas de prisión y miles más recibieron multas o penas cortas de cárcel.
Varios amigos de Varvara abandonaron el país. Ella lo pensó pero no lo hizo. "No sabía cómo, ni adónde, ni de qué iba a vivir".
La visita de la policía que tanto temía nunca ocurrió. Encontró un nuevo empleo en una organización benéfica.
Dice que, tras la invasión, tardó dos años en volver a sentir alegría sin culpa: "una amiga y yo habíamos salido a dar un paseo. Era verano, y de repente me di cuenta de que simplemente era un día precioso y que no me quería sentir culpable por disfrutarlo".
Actualmente está casada y desea tener hijos. Por ello, no quiere arriesgarse a ser detenida y renunció a expresarse públicamente. Como ella, la mayoría de los rusos opuestos al conflicto se encierran en el silencio.
La guerra aún pesa en su vida. Su padre, miembro de las fuerzas del orden, sirvió en Ucrania. Ella lo ama y él regularmente le ofrece ayuda financiera, que ella siempre rechaza.
Varvara no cree posible cambiar el régimen ruso en la situación actual.
"Toda resistencia que venga de abajo será aplastada, solo espero que sobrevivamos a todo esto, físicamente", expresó.



