EEUU: Groenlandia, el frente que erosiona a Trump dentro y fuera de EEUU
La ofensiva retórica de Trump provoca rechazo en el Congreso y desconfianza en aliados
En los últimos días, legisladores republicanos —además de demócratas— elevaron el tono de sus críticas frente a las reiteradas declaraciones de Trump sobre su interés estratégico en Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía del Reino de Dinamarca.
Dentro del propio oficialismo, la iniciativa comenzó a ser calificada sin eufemismos como "absurda", "irresponsable" y "estratégicamente peligrosa", en un giro poco habitual para un partido que históricamente evitó confrontar públicamente al expresidente.
El rechazo no se limita al Capitolio. Encuestas recientes muestran que la mayoría de los estadounidenses se opone de manera clara a cualquier intento de control o adquisición de Groenlandia, y el rechazo se vuelve casi unánime cuando se plantea la hipótesis de un uso de la fuerza. Para analistas políticos, este dato resulta clave: el tema no solo no suma apoyo electoral, sino que introduce un flanco vulnerable en un electorado ya polarizado.
En el plano internacional, el impacto es aún más sensible.
Senadores y expertos en seguridad nacional advirtieron que la presión —incluso simbólica— sobre Groenlandia erosiona la confianza entre aliados y pone en cuestión uno de los pilares fundamentales de la OTAN: la previsibilidad y el respeto mutuo entre Estados miembros. Dinamarca, socio histórico de Estados Unidos y aliado central en el Atlántico Norte, quedó así en el centro de una controversia que trasciende lo bilateral y afecta a toda la arquitectura de seguridad europea.
El episodio adquiere mayor gravedad en un contexto de creciente competencia geopolítica en el Ártico, donde Estados Unidos, Rusia y China disputan influencia estratégica en un escenario marcado por el deshielo acelerado, el acceso a recursos naturales críticos y el control de nuevas rutas marítimas.
Si bien Washington considera a Groenlandia una pieza clave desde el punto de vista militar y logístico, los críticos subrayan que la forma en que se plantea el interés estadounidense puede generar el efecto contrario al buscado, reforzando resistencias europeas y debilitando consensos dentro de la Alianza Atlántica.
Desde Copenhague y Nuuk, capital groenlandesa, las autoridades reiteraron con firmeza que el territorio no está en venta y remarcaron el derecho de la población local a decidir su futuro. Las protestas registradas en Dinamarca y las declaraciones oficiales reflejan una creciente incomodidad frente a lo que se percibe como una presión incompatible con el derecho internacional y con los principios básicos de autodeterminación.
De este modo, el "caso Groenlandia" se consolida como un ejemplo de cómo una iniciativa concebida para exhibir poder estratégico termina generando aislamiento, desgaste político y dudas profundas entre aliados, en un momento en el que Estados Unidos enfrenta el desafío de sostener liderazgo global sin fracturar las bases mismas de su sistema de alianzas. (ANSA).



