EEUU: Trump crispa a todos con la amenaza de adueñarse de Groenlandia
El magnate invoca la seguridad nacional y abre una crisis sin precedentes entre aliados
"Es una amenaza completamente espantosa, para ser honesta", afirmó Aaja Chemnitz, una de las dos legisladoras groenlandesas en el Parlamento danés. "No se puede simplemente comprar otro país, un pueblo, el alma de Groenlandia", subrayó. Según Chemnitz, el tema domina el debate público en la isla y genera una creciente preocupación entre la población.
La alarma se extiende a las capitales europeas. El presidente francés Emmanuel Macron acusó a Estados Unidos de "liberarse de las reglas internacionales que solía promover", mientras que el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier advirtió que el mundo corre el riesgo de convertirse en una "manada de ladrones, donde los más inescrupulosos toman lo que quieren".
Aunque su tamaño aparece exagerado en los mapas, donde parece comparable al de Africa pese a ser 14 veces menor, Groenlandia rara vez ocupó un lugar central en la conciencia política occidental. La isla, de dimensiones similares a Alaska y California combinadas, tiene apenas unos 57.000 habitantes, la mayoría de ellos inuit, cuyos antepasados llegaron hace más de mil años.
Dinamarca colonizó Groenlandia hace unos 300 años y le otorgó estatus de territorio autónomo en la década de 1970, aunque Copenhague mantiene el control de la política exterior y de defensa.
El interés estadounidense por Groenlandia antecede ampliamente a Trump. En 1867, el entonces secretario de Estado William H. Seward ya había considerado la posibilidad de anexar la isla, junto con Islandia, tras la compra de Alaska a Rusia.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos asumió brevemente el control de Groenlandia para evitar que fuera utilizada por la Alemania nazi, y desde 1951 existe un acuerdo que permite a Washington construir y operar bases militares en el territorio.
La única base estadounidense en la isla, utilizada durante la Guerra Fría como sistema de alerta temprana frente a misiles soviéticos, llegó a albergar miles de efectivos. Hoy, la base de Pituffik —antes conocida como Thule— permanece bajo supervisión de la Fuerza Espacial de Estados Unidos, con una dotación considerablemente menor.
Cuando Trump planteó por primera vez en 2019 la idea de "comprar" Groenlandia, describiéndola como un "acuerdo inmobiliario", la propuesta fue recibida con incredulidad y burlas a nivel internacional. Sin embargo, tras años de presión retórica y recientes acciones de fuerza de Washington en otros escenarios, como Venezuela, el tono cambió en Europa.
El secretario de Estado Marco Rubio tiene previsto reunirse la próxima semana con los ministros de Relaciones Exteriores de Dinamarca y Groenlandia para continuar las conversaciones, mientras Estados Unidos insiste en buscar un acuerdo. No obstante, la Casa Blanca afirmó que "todas las opciones están sobre la mesa", incluida una eventual acción militar.
Un ataque del miembro más poderoso de la OTAN contra un aliado europeo podría provocar una implosión de la Alianza Atlántica, basada desde hace décadas en el principio de defensa colectiva.
"Vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no, porque si no lo hacemos, Rusia o China se apoderarán de ella", declaró Trump el viernes a periodistas en la Casa Blanca. "No vamos a permitir que Rusia o China ocupen Groenlandia, y eso es lo que ocurrirá si no la poseemos". (ANSA).



