En un agotado Kiev, veteranos ucranianos heridos convierten la poesía épica en testimonio vivo

KIEV, Ucrania (AP) — Sentados en círculo en la víspera de la noche del estreno, veteranos de guerra ucranianos y estudiantes de arte dramático se turnaban para leer sus líneas en un guion que viajó siglos para llegar hasta ellos.
En el centro estaba Olha Semioshkina, que dirigía al grupo en su adaptación de “Eneida”, de Ivan Kotliarevskyi, una reinterpretación ucraniana del siglo XVIII de la “La eneida” de Virgilio. Pero esta producción incluye un mensaje contemporáneo sobre la resiliencia frente a la guerra, que se acerca a su cuarto año desde que Rusia lanzó una invasión a gran escala sobre Ucrania.
Entre los actores —hombres y mujeres de entre 20 y 60 años— hay veteranos militares ucranianos que regresaron del frente con amputaciones, quemaduras graves y pérdida de visión. Otros han soportado la guerra en la retaguardia. Muchos nunca habían pisado un escenario antes de esta obra.
Se necesitó más de un año de preparación para el estreno del jueves en el Teatro Académico Nacional Molodyy de Kyiv.
“Sabíamos que los chicos acababan de volver de la rehabilitación y que teníamos que empezar desde cero”, dijo Semioshkina.
“Pasamos unos cuatro meses simplemente aprendiendo a comunicarnos, a caer, a agruparnos, a rodar, a reunirnos”, explicó. “Luego empezamos a desarrollar el cuerpo, quitándonos las prótesis y aprendiendo a existir sin ellas”.
El concepto de la directora, de 51 años, era sencillo: “Cada hombre en el escenario es Eneas. Cada mujer en el escenario es Dido”.
En la epopeya de Virgilio, tras la caída de Troya, Eneas vaga en busca de una nueva patria. En la adaptación satírica de Kotliarevskyi, el héroe troyano se convierte en un cosaco, alborotador y terrenal.
En el escenario en Kiev, Eneas lleva extremidades protésicas y muestra cicatrices de la guerra que comenzó cuando las tropas rusas entraron en suelo ucraniano el 24 de febrero de 2022.
“Eneas es un héroe que pasa por muchas cosas en la búsqueda de su tierra”, señaló Semioshkina. “Conserva el humor, la pasión, cae, atraviesa horrores, toma y se divierte. Pero es un ser humano y tiene un objetivo: encontrar su lugar y conservar a su familia”.
La directora traza paralelismos entre los veteranos que soportaron los combates y el personaje que interpretan en escena. “Eneas es el que fue a la guerra. Sí, volvió mutilado, roto”, indicó, pero los actores que dan vida a esta adaptación “están aprendiendo a vivir” de nuevo.
Durante un ensayo, Yehor Babenko, un veterano del Servicio de Fronteras de Ucrania que sufrió quemaduras graves al inicio de la invasión rusa, pronunció una frase con una sonrisa: “¿Te sientes quemado en el trabajo? Tenemos mucho en común”.
Más adelante en la obra, su monólogo tocó también una fibra sensible al hablar del fuego que le arrebató las manos, las orejas y la nariz. “No podré mostrarles a los niños un truco sin un dedo", dice. “Quizás el de hacer desaparecer los diez dedos”.
La oportunidad de actuar sobre un escenario, contó Babenko, ha sido una experiencia sanadora.
“Para mí, el teatro es una rehabilitación tanto psicológica como física. He notado que siento mejor mi cuerpo, me siento más seguro en público, expreso mejor mis pensamientos”, afirmó.
Para Babenko, la historia de Eneas resuena más allá del escenario: “Trata sobre la búsqueda de tu tierra (...) Y para nuestro país, eso es muy relevante ahora”.
El acto final de la obra se alejó por completo de la poesía épica cuando los actores dieron un paso al frente para relatar sus propias historias: heridas de combate, compañeros de batalla perdidos, desplazamiento y la vida bajo la ocupación.
Un veterano describió cómo perdió la pierna en un ataque con un dron y cómo usó una ametralladora como muleta para ponerse a cubierto. Una actriz relató como vivió bajo la ocupación rusa con sus dos hijas.
Otra, que se ofreció como médico voluntaria —primero en 2014 cuando Rusia se anexionó ilegalmente la península de Crimea y fuerzas prorrusas tomaron parte de las regiones ucranianas de Donetsk y Luhansk, y de nuevo tras la invasión de 2022— habló de volver a la guerra con más de 60 años.
Andrii Onopriienko, que perdió la vista en un ataque de artillería rusa cerca de Avdiivka, en Donetsk, en 2023, narró gran parte de la función con una voz profunda y vibrante. En un momento dado, cantó: “Dejad que nuestros enemigos caven hoyos, pongan cruces y se tumben en ellos", mientras el resto del elenco se unía a él.
En un primer momento, Onopriienko se negó a unirse al proyecto. “No entendía qué iba a hacer en el escenario siendo ciego”, explicó. Más tarde lo convencieron de que habría un papel para él.
“Son positividad, risas, apoyo”, dijo acerca de los ensayos. “No importa con qué ánimo llegues, te vas con una gran sonrisa; aquí te distraes del presente. Entras en otro mundo”.
En escena, las prótesis de piernas y brazos se quitaban y se volvían a colocar como parte del lenguaje visual de la obra. Las largas varas metálicas servían como espadas, remos y muletas, y se usaban tanto como instrumento artístico y como herramienta para ayudar a los actores con amputaciones a mantener el equilibrio.
La guerra se hizo notar incluso antes de que se levantara el telón el jueves. Un aviso pidió al público que siguiese el protocolo habitual del teatro y silenciara los celulares, para advertir después que, en caso de ataque aéreo, debían dirigirse al refugio del sótano. En caso de apagón, añadió, la función se detendría para encender los generadores de reserva.
Y mientras Babenko pronunciaba su monólogo, a pocos minutos del final, se fue la luz.
Semioshkina subió al escenario con una linterna en la mano, seguida por otros que también llevaban linternas. Babenko dijo sus frases bajo el foco improvisado. El público, con algunos llorando en silencio y otros riendo entre lágrimas, se quedó.
Cuando terminó el último monólogo y el telón cayó y volvió a levantarse, los actores recibieron una ovación de pie. Cuando se inclinaron por segunda vez, volvió la electricidad y los aplausos se intensificaron.
Para Semioshkina, el mensaje de los veteranos sobre el escenario va más allá de la poesía épica y de las paredes del teatro.
“Me gustaría enviar un mensaje a todos los veteranos que están sentados en casa: salgan”,dijo. “Salgan. Pueden hacer cosas. Vivan. No se encierren. Vivan cada minuto”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.



