Fernando Mendoza espera coronar una increíble campaña con el primer título nacional de Indiana

Fernando Mendoza llegó al campus de Indiana en enero pasado con grandes expectativas para él y el programa.
Se le señaló como el quarterback que podría llevar al equipo de fútbol americano de Indiana a alturas sin precedentes. Algunos incluso sugirieron en ese momento que Mendoza podría ser un candidato al Trofeo Heisman y posiblemente el mejor prospecto en el draft de la NFL de 2026.
Pero el nieto de inmigrantes cubanos no se deja llevar por estos comentarios y mantiene los pies en la tierra, ignorando los rumores centrándose en demostrar su valía.
Mendoza no perdió tiempo en ganarse el respeto de sus nuevos compañeros de equipo gracias a una ética de trabajo incansable. Rápidamente impresionó a los entrenadores con su aplomo inquebrantable, sus instintos naturales asombrosos y sus hábitos de estudio poco convencionales.
El nativo de Miami y ex estrella de Cal encontró que su personalidad humilde y exuberante encajaba perfectamente en Bloomington, la ciudad universitaria del medio oeste que John Mellencamp describió en su exitosa canción "Small Town". La inclinación de Mendoza por gestar jugadas decisivas lo llevó al gran escenario, ganando el premio individual más prestigioso del fútbol universitario de manera aplastante.
Ahora, mientras el joven de 22 años intenta escribir un capítulo final en este guion de Hollywood aparentemente hecho para televisión, Mendoza sigue insistiendo en que él solo está disfrutando del viaje.
A estas alturas, las herramientas de Mendoza en el campo deberían ser obvias incluso para los observadores casuales.
Su brazo es lo suficientemente fuerte como para hacer cualquier lanzamiento y su precisión es casi inigualable. También es capaz de extender jugadas con sus piernas y cuando los Hoosiers, clasificados en primer lugar (15-0, No. 1 CFP), necesitan una jugada clave, Mendoza parece cumplir en el momento justo.
Y aunque Mendoza comparte generosamente el crédito con quienes lo rodean, los entrenadores y compañeros de equipo saben que se dirigen al duelo por el campeonato debido a la capacidad de Mendoza para hacer una jugada que cambia el juego.
“Los lanzamientos que hace, te sorprenden cada vez”, dijo el linebacker All-American Aiden Fisher. “El trabajo que ha hecho este año ha sido nada menos que notable. Es el mejor jugador de fútbol del país, y no creo que haya comparación. Es fantástico en todo lo que hace”.
Eso incluye la parte que la mayoría de los fanáticos nunca ve, pero que sí vieron sus compañeros.
Las incontables horas estudiando videos, analizando defensas y preparándose para cada posible contingencia en el día del juego.
Eso ayudó a Mendoza no solo a ganarse el vestuario, sino también a convertirse en una figura querida dentro de él.
Pero el alcance de Mendoza va mucho más allá del fútbol.
Reconoce que la batalla diaria que su madre, Elsa, libra contra la esclerosis múltiple le ayudó a aprender a valorar cada momento precioso de este increíble viaje. Mendoza también habla abiertamente sobre cómo su fe le ha ayudado a sobresalir como persona y jugador y confía en la oración, la meditación y las sesiones de estudio de la Biblia para navegar por los altibajos de la vida y el fútbol.
Y su capacidad para equilibrar tantas cosas ha llegado a una edad tan temprana que ha convertido incluso a las personas más endurecidas en verdaderos creyentes.
Mendoza apenas era un nombre conocido al salir de la escuela secundaria Christopher Columbus en Miami.
Su primera oferta de beca llegó de Yale. Su única oferta de un programa de fuste fue de California. Pero fue allí, en Berkeley, donde la trayectoria de la carrera de Mendoza cambió.
Ganó el puesto titular en 2023 y lanzó para 1728 yardas, 14 touchdowns y 10 intercepciones. En 2023, su porcentaje de pases completados mejoró del 63,0% al 68,7% mientras terminaba con 3004 yardas, 16 TDs y seis intercepciones.
El problema: fue capturado una asombrosa cantidad de 41 veces.
Así que cuando surgió la oportunidad de jugar detrás de una mejor línea ofensiva, perseguir un título nacional y unirse a su hermano menor, Alberto, en Bloomington, Fernando Mendoza se convenció.
Mendoza lidera la nación con 41 pases de touchdown, un récord universitario. Es el primer jugador de Indiana en ganar el Trofeo Heisman y solo el tercer QB en llevar a los Hoosiers a una corona de la Big Ten. Ahora es el favorito para ser la primera selección del draft en abril, y se encuentra en medio de quizás una de las transformaciones de dos años más asombrosas en la historia del deporte.
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