FOCUS: En el Met en otoño la historia de amor de Jackson y Lee
Pollock y Krasner, "dos planetas en órbita el uno alrededor del otro"

Abierta desde el 4 de octubre, la muestra, con más de 120 obras procedentes de unos ochenta museos y colecciones privadas, se basa en una premisa radical: considerar a marido y mujer en igualdad de condiciones, como artistas autónomos, revolucionarios de la abstracción, compañeros en la vida pero no reducibles a una sola narrativa.
El subtítulo, "Past Continuous", tomado de una obra de Krasner de 1976, es una elección programática: el pasado no está concluido, sino que continúa actuando en el presente.
La exposición sigue así las respectivas trayectorias en paralelo, desde su irrupción en la Nueva York de la posguerra hasta los últimos desarrollos de la pintura de Krasner tras la muerte de Pollock en 1956, a los 44 años, en un accidente automovilístico: conducía ebrio y junto a él murió una mujer que no era su esposa.
Krasner le sobrevivió durante mucho tiempo: falleció a los 75 años en 1984 tras haber seguido creciendo como artista y trabajar al mismo tiempo para consolidar el legado de su compañero.
La relación fue tormentosa, marcada por el alcoholismo crónico, las infidelidades y la inestabilidad emocional de él.
Krasner sufrió profundamente, pero permaneció unida a su marido tanto por amor como por convicción artística, en una relación creativamente simbiótica pero emocionalmente destructiva.
Krasner y Pollock se conocieron en 1942 en una exposición de artistas emergentes organizada por John Graham. Ella ya era una artista formada, con una sólida educación europea filtrada a través de Hans Hofmann y la asimilación de Picasso, Matisse y Mondrian. Él todavía buscaba un lenguaje propio, atravesado por las influencias de Thomas Hart Benton, el muralismo mexicano, el surrealismo y la psicología junguiana.
El matrimonio en 1945 y el traslado a un granero-estudio en Springs, Long Island, marcaron el inicio de una fase crucial.
Para ambos, la abstracción no fue evasión sino respuesta a un mundo marcado por la guerra. Pollock inventó la técnica del drip, mientras que Krasner desarrolló las Little Images, audaces collages y lienzos gestuales que interrogaban ritmo, naturaleza y color.
La exposición insiste en este punto: no un genio y su sombra, sino dos prácticas en diálogo constante, forjadas en el mismo terreno cultural y divergentes en su resultado formal.
La última galería estará dominada por los collages de la serie de 1976 de Krasner Eleven Ways to Use the Words to See, entre ellos el Past Continuous que da título a la muestra, con un solo cuadro de Pollock evocando ese pasado. (ANSA)



