Irán: golfo en alerta, con Riad que trata de mediar
Trump negó espacio aéreo; equilibrios entre seguridad e intereses económicos

Mientras, en todo el Golfo Pérsico, la postura es la precaución y el bajo perfil.
O sea, se trata de posicionamientos que se desmarcan de lo que pudiera parecer una alineación política con Estados Unidos o con la República Islámica.
Para esos países, de hecho, el problema ya no parece ser el régimen iraní, sino lo que puede venir después.
Y eso porque se trata de un país de aproximadamente 90 millones de habitantes, atravesado por divisiones étnicas y religiosas -persas, azeríes, kurdos, árabes, baluchis, sunitas, chiitas-, encajado entre Irak y el Golfo, Turquía y el Cáucaso, Afganistán y Pakistán, o sea, un puente inestable entre Medio Oriente, Asia Central y la antigua Unión Soviética, con fronteras porosas.
No es casualidad, según han señalado observadores regionales, que el acuerdo saudí-iraní de 2023, mediado por China, se derivó de una lógica de gestión de riesgos: distanciarse de las crisis, limitar el daño.
Con esto en mente, el líder saudí Muhammad bin Salman mueve los hilos, y trabaja discretamente con Omán y Catar para disuadir a Washington de intervenir con fuerza contra el poder encarnado por el ayatolá Alí Jamenei.
Los emisarios sauditas repiten a la Casa Blanca que una escalada militar, o peor aún, el colapso del régimen de Teherán, sacudiría los mercados energéticos y desencadenaría una crisis sistémica en el Golfo, la región clave de la economía global.
En ese sentido, Riad ya informó a Teherán de que el reino no participará en ningún conflicto potencial ni permitirá el uso de su espacio aéreo ni de su territorio para ataques.
Esa señal se produce tras las advertencias iraníes de que, en caso de un ataque estadounidense, las represalias se dirigirían contra activos y bases estadounidenses en la región.
A nivel diplomático, Omán y Qatar también mantienen abiertos los canales de mediación.
Esto se debe también a que los riesgos de contagio -sobre todo económicos-son reales.
La inestabilidad iraní podría afectar el Estrecho de Ormuz, por donde pasa más del 22% del petróleo mundial.
Los mercados reaccionarían de inmediato.
La producción de gas en el megacampo compartido entre Irán y Qatar, núcleo de las exportaciones de gas de Qatar a Asia y Europa, también está expuesta.
Por último, las amenazas de aranceles estadounidenses contra los países que comercian con Irán siguen sobre la mesa.
Los lazos comerciales del Golfo, en particular los de los Emiratos, están bajo escrutinio. (ANSA).



