Irán: La población, entre la incertidumbre y falta de esperanzas
Una docente iraní reveló la dura vida cotidiana en Irán, por factores externos e internos

Esta superposición de amenazas, de hecho, ja sumido a la sociedad en un estado de inacción forzada.
En ese sentido, ya no existe la capacidad de planificar el futuro ni de responder activamente a las crisis.
La vida continúa en un nivel mínimo: sin esperanza, sino en suspenso; sin decisiones, sino con aplazamientos, mientras la gente se esfuerza por mantener la normalidad como última forma de resistencia al colapso psicológico.
Así lo relató Hasti DiyŠ, una profesora iraní que huyó de su país varias veces tras ser arrestada en varias ocasiones, y que ahora se encuentra en Irán, donde quería regresar para estar cerca de su familia, declaró a ANSA.
Sin embargo, en medio de esta doble presión, gran parte de la sociedad está haciendo algo que a menudo pasa desapercibido: lucha por resistir.
No solo para sobrevivir, sino para mantener un nivel básico de salud mental, relaciones y solidaridad.
Ayudarse mutuamente, no dejarse solos y cuidar lo que queda de humanidad.
En un contexto donde la inseguridad se convirtió en la norma, estos esfuerzos diarios por mantenerse sanos y unidos representan la verdadera forma de resistencia social", continuó la profesora.
"El miedo a la guerra -continúa Hasti- no es solo miedo a las bombas o a los ataques, sino miedo al colapso total de lo que queda de la vida normal. Esta incertidumbre hace que incluso pensar en la guerra sea paralizante".
"En este contexto, las recomendaciones oficiales de prepararse, acopiar alimentos, agua, medicamentos y primeros auxilios generan más inseguridad que consuelo. Sin embargo, gran parte de la sociedad no sigue estas recomendaciones, no por ignorancia, sino por agotamiento psicológico".
"Prepararse para la guerra implica aceptar su inevitabilidad, y muchos prefieren posponer esta aceptación para preservar algo parecido a una vida normal", añadió.
La amenaza, sin embargo, según la docente iraní, "no es solo externa".
"Una sociedad que vive bajo la presión constante de una posible guerra externa está expuesta simultáneamente a la violencia estatal interna".
"Mientras la gente lucha por evitar que el miedo a la guerra se apodere de su vida cotidiana, el propio gobierno se convirtió en una fuente persistente de inseguridad mediante la represión, las detenciones, las desapariciones y los asesinatos.
El resultado es una doble presión: una sociedad amenazada desde fuera y desgastada desde dentro", completó. (ANSA).



