Katie Ledecky o la felicidad de nadar

Nueve veces campeona olímpica, Katie Ledecky se erigió el sábado en París-2024 como una de las dos mujeres más laureadas en la historia de los Juegos, prueba de una constancia a prueba de bombas que esconde su clave de vida: un amor profundo a la natación.
"Cada año que pasa tengo la impresión de disfrutar más", decía en junio la reina del medio fondo durante la clasificación a sus cuartos Juegos con 27 años.
Su exuberante palmarés cuenta 21 títulos mundiales -de los cuales 16 individuales, uno más que Michael Phelps-, y ahora 14 medallas olímpicas, nueve de ellas de oro, una cosecha dorada que sólo logró la legendaria gimnasta soviética Larissa Latynina.
La nadadora de Maryland, tan demoledora en la piscina como dulce fuera del agua, no descarta además competir ante su público en los Juegos de Los Ángeles en 2028.
Tras darse a conocer a los 15 años, cuando sorprendió al mundo de la natación al ganar los 800 m libre de Londres-2012, Ledecky se hizo con otros cuatro títulos en Rio-2016 (200 m, 400 m y 800 m libre y relevo 4x200 m).
En Tokio-2020 superó la decepción de un quinto lugar en los 200 m y un segundo en los 400 m para triunfar de nuevo en los 800 m y los 1.500 m.
Aunque la australiana Ariarne Titmus ya la supera claramente en los 200 y 400 m, su supremacía en la larga distancia es tal que posee los 29 mejores tiempos de la historia en los 800 m y los 19 mejores en los 1.500 m.
- La 'anti-Jordan' -
La técnica de la norteamericana es de una precisión milimétrica, siendo capaz de nadar con un vaso de chocolate en el gorro sin volcar una sola gota, y se caracteriza por un crol potente y ligeramente asimétrico.
Pero la clave definitiva está en su disciplina mental, que le ha permitido mantener persistir en un deporte marcado por la monotonía y la soledad de los entrenamientos, que costó depresiones a los más grandes, como Michael Phelps, Caeleb Dressel o el británico Adam Peaty.
"Espero que mi tenacidad dure más que cualquier gloria deportiva", escribía la nadadora en sus memorias, "Just add water", publicadas en junio.
Esta hija de nadadora, iniciada en este deporte a los seis años, encuentra en el elemento líquido el placer de "hacer piruetas, girar el cuerpo en todos los sentidos", e incluso, a nivel más existencial, "poner a prueba" su psique, para sacar lo mejor.
"Katie intenta siempre maximizar sus rendimientos y no dejar nada en reserva", contaba en 2021 en el LA Times True Sweetser, uno de sus compañeros de entrenamiento en Stanford.
Su voracidad en los entrenamientos, tanto en el agua como en la musculación, contrasta con la calma que muestra en competición, donde suele celebrar sobriamente sus triunfos y nunca olvida felicitar a sus rivales.
"Katie siempre quiere ganar con el mayor margen posible, pero no creo que tenga la intención de romperle el alma a nadie, como sí hacía Michael Jordan", describió Matt Barbini, del equipo de natación de Estados Unidos.
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