La manía por pines olímpicos hace que coleccionistas corran entre sitios y colmen un centro de canje

MILÁN (AP) — Una decena de personas fuera de una estación del tren subterráneo de Milán miraban fijamente sus teléfonos el miércoles hasta las 8 de la mañana, cuando una publicación de Instagram proporcionó una ubicación.
“Corre, no camines: estamos en la zona del Castello”, indicaba la publicación. “Hay pines disponibles hasta agotar existencias”.
Eso hizo que el grupo saliera corriendo.
A primera hora de cada mañana en Milán, coleccionistas entusiastas se han estado reuniendo para esperar noticias del lugar exacto donde pueden conseguir pines olímpicos muy codiciados y de edición limitada que son gratis —siempre y cuando la persona en cuestión sea lo suficientemente rápida.
Ilaria Pasqua se ha levantado y ha salido temprano todos los días desde el sábado para hacerse con los codiciados prendedores de YesMilano, la agencia de promoción de la ciudad, y planea completar la colección de siete barrios —incluidos Isola y Porta Venezia—, así como de cinco lugares emblemáticos, como el Duomo. Se unió a tres coleccionistas que conoció el primer día, y han desarrollado un sistema para estar entre los primeros de la fila.
“Sé que puede sonar un poco extremo, y como una pérdida de tiempo. Pero en realidad, he conocido a estas personas con las que estoy haciendo esto, así que está bien”, comentó Pasqua, profesora de inglés en Milán. “Es una manera de conocer la ciudad en la que vives o que estás visitando. También es algo social. La verdad es que lo estoy disfrutando mucho. Y te llevas a casa un pequeño tesoro cada día, así que es divertido”.
Cada día, después de recibir sus pines, Pasqua cuenta que se los guarda bien al fondo del bolsillo del abrigo, fuera de la vista de los rezagados que buscan un canje que ella no quiere hacer.
Coleccionar pines es una parte esencial de la subcultura olímpica. Muchas personas viajan desde muy lejos a los Juegos sólo para abultar lo que a menudo es una colección muy considerable de pines esmaltados que guardan en casa.
Quienes tienen poca paciencia para la búsqueda del tesoro y quieren ir directo al grano han encontrado una buena noticia en Milán. Ésta es la primera edición olímpica que ofrece un centro oficial de intercambio de pines desde Pyeongchang en 2018.
Patrocinado por Warner Brothers, el centro incluye un área donde los niños pueden interactuar con personajes de Looney Toons con disfraces, cultivando la próxima generación de intercambiadores de pines, además de una docena de mesas donde ávidos comerciantes de lugares tan lejanos como Estados Unidos y Japón exhiben tableros con sus artículos.
Eddie Schneider, de Lindenhurst, Nueva York, lleva intercambiando estas insignias desde los Juegos de Verano de 1984 en Los Ángeles. Entre sus 25.000 pines hay uno de los Juegos de Londres de 1948, a los que asistió su madre.
“Lo considero como ir a una Exposición Universal cada dos años”, expresó en el centro. “Puedes ir a distintos lugares, experimentar diferentes culturas y divertirte”.
Los coleccionistas de élite conocen el valor intrínseco de cada categoría, incluidas las de venta minorista, delegación, equipo, patrocinador, medios y comités olímpicos nacionales. Los pines de medios japoneses están entre los más codiciados por los coleccionistas más dedicados, por su rareza, mientras que en Cortina los atletas estaban ansiosos por conseguir un prendedor de Irán.
Y en París, las insignias de Snoop Dogg fueron las que más dieron de qué hablar.
Los pines oficiales incorporan el logotipo de Milán Cortina 2026 y los aros olímpicos, y son producidos en exclusiva por la empresa Honav, con sede en Los Ángeles, titular de los derechos para los Juegos de Invierno de Milan Cortina y los próximos Juegos de Verano de Los Ángeles 2028.
El propietario de Honav, Mario Simonson, señaló que su empresa diseñó cientos de pines y produjo millones para estos Juegos —cada uno con el sello posterior de Honav como garantía de autenticidad. El Comité Olímpico Internacional recauda regalías por el uso del logotipo y los aros.
Los pines sin esas características oficiales tienen “valor cero” para los comerciantes serios, afirmó.
Josh Waller, residente de Londres, de 21 años, coleccionó su primer pin en los Juegos de Verano de 2012, cuando tenía 8 años. Ahora tiene más de 10.000 guardados en su habitación, y llevó 1.500 a Milán para intercambiar. Lo llama “pindemonio”.
Su colección de pines olímpicos de Londres, incluidas ediciones antiguas, ha ganado premios. Pertenece a un grupo de comerciantes en línea que creció de forma explosiva después de los Juegos de Tokio, cuando la pandemia mantuvo a los espectadores en casa.
Waller ha desarrollado software para autenticar pines de alto valor. Es voluntario en el centro de intercambio de pines, donde, según contó, miles de personas, incluidos atletas y familias con niños, hicieron fila durante el fin de semana para comprar e intercambiar.
“Toda la comunidad de intercambio de pines es muy unida”, le dijo a The Associated Press Mark Gabriel, un ejecutivo de productos de consumo de Warner Brothers.
Gabriel espera que el intercambio “alcance el clímax” en el segundo fin de semana de los Juegos.
Mientras tanto, los entusiastas de los pines están recorriendo la ciudad de un lado a otro a primera hora de la mañana, en busca de la serie completa de YesMilano.
Han tenido éxito más allá de lo que imaginaban los organizadores. Si bien los pines de la ciudad han sido parte de los Juegos desde hace tiempo, la campaña de YesMilano va más allá, al promover zonas poco visitadas de la ciudad y alentar a la gente a conocer lugares emblemáticos.
El primer día, más de 1.000 personas se presentaron en el barrio del norte de Piazza Loreto (NOLO). El segundo día, en el hito arquitectónico Torre Velasca, esa cifra fue de 600, a medida que se difundía la noticia del límite diario de 250.
Los rezagados reciben pegatinas como premios de consolación, pero pueden comprar los prendedores de YesMilano con vendedores oficiales de recuerdos por 20 euros (24 dólares), frente a un precio inicial de 12 euros debido a la demanda.
Beatrice Biondi se levantó a las 6:30 de la mañana para viajar a Milán desde Varese, a una hora de distancia, con el fin de ser la primera en la fila en el Castillo Sforza. Era su primer intento de coleccionar recuerdos olímpicos, un día después de terminar los exámenes universitarios.
“Tuvimos que correr un poco, pero lo logramos, así que estamos muy contentos”, manifestó.
Después de conseguir su pin del Castillo Sforza, planeaba añadir el pequeño colgante con forma de bolsa de focaccia de la cadena de supermercados Esselunga, y un pin de Coca-Cola del patrocinador olímpico.
“Todos los pines que pueda encontrar, me los llevaré”, afirmó Biondi.
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