La "Yugoslavia del futuro" lucha contra el nacionalismo en Serbia

Ante el mausoleo de Tito en Belgrado, hombres y mujeres vestidos con uniformes que datan de la Segunda guerra mundial, adornados con símbolos comunistas, se preparan para rendir homenaje al difunto jefe de la ex-Yugoslavia.
Muchas de las personas, que vinieron a conmemorar a inicios de mayo el 43º aniversario de la muerte de Josip Broz Tito, jefe del único país que consideran como verdaderamente suyo, están cerca de los 80 años de edad.
Pero décadas después del dislocamiento sangriento de la Federación yugoslava según líneas de fractura étnicas, hay también jóvenes entre los manifestantes.
En la Serbia actual, donde el nacionalismo es tan virulento como en otras partes de los balcanes, el número de quienes se identifican como yugoslavos crece, según resultados del último censo publicados en abril.
Ivan Cvetkovic, estudiante de economía de 23 años, se declaró yugoslavo "por desafío" contra las autoridades y también porque para él, Yugoslavia es "una realidad".
"Ser yugoslavo es simplemente natural para mi, que nací de un matrimonio mixto" croata-serbio, dice a la AFP. "En los balcanes compartimos la misma lengua, historia y mentalidad", agrega.
La República Federal Socialista de Yugoslavia, que estaba compuesta por las Repúblicas de Serbia, Croacia, Bosnia, Montenegro, Eslovenia, Macedonia y dos regiones autónomas, fue creada por los partidarios de Tito luego de su victoria sobre los ocupantes nazis.
La Federación yugoslava, relativamente próspera comparada con otros países socialistas, cultivó durante cuatro décadas la idea de una identidad compartida, basada en una cultura e historia comunes, que trascendía etnias y religiones.
Pero para los críticos del sistema, esta identidad era artificial. Muchos yugoslavos se consideraban antes que todo serbios, croatas o macedonios.
Privada del magnetismo de Tito y de su dirección autoritaria, la Federación y su mosaico de pueblos solo resistió una década tras la muerte del jefe, antes de explotar en una serie de guerras que causaron más de 130.000 muertos.
- "Yugonostalgia" -
En la actualidad, los "yugonostálgicos", como se ha denominado a quienes reivindican los buenos viejos tiempos de su juventud, se recuerdan de un país donde había cierta relativa prosperidad e independencia.
"Soy yugoeslavo. Me piden mi nacionalidad y respondo que macedonio y yugoeslavo. Será así hasta la muerte", declara a la AFP Zivko Mitrev, de 78 años, quien vino desde Macedonia del Norte para colocar flores en la tumba de Tito, como otros peregrinos que llegaron de toda la ex-Yugoslavia.
El "renacimiento" de la identidad yugoslava apenas está balbuciente ahora pero es bien real, particularmente en Serbia.
En el último censo, donde se muestra que Serbia perdió más de 500.000 personas desde 2011 y solo tiene ahora 6,6 millones de habitantes, 27.000 personas se declararon yugoslavas frente a 23.000 hace 12 años.
Para muchos, eso es la expresión del combate entre los nacionalismos rampantes en los balcanes.
"Veo al +yugoslavismo+ como una forma de resistencia, de antinacionalismo, que me parece más natural. Si alguien puede decirse serbio o croata con base en su nacionalidad, entonces yo puedo ser yugoeslavo con base en mi ausencia de nacionalidad", dijo a los medios locales Viktor Ivancic, periodista conocido de Croacia.
Bosnios, Roms, húngaros, Ashkalis... Serbia cuenta con unas veinte minorías étnicas oficialmente reconocidas, lo que les confiere ventajas electorales y financiamientos para la preservación de su cultura.
Algunos, como Dasko Milinovic, popular autor serbio y animador de radio, quisieran que ese estatuto sea también acordado a los yugoslavos que superan en cantidad a la mitad de las minorías oficiales.
El que el país ya no exista, no es un problema, afirma Milinovic.
"El reino de Rutenia está muerto desde hace tiempos, pero los rutenos existen aún", dice como ejemplo.
La última tentativa para hacer reconocer a los yugoslavos como minoría nacional, en 2010, fracasó.
Las autoridades serbias alegaron la falta de "lengua, de alfabeto y de literatura".
Sin embargo, Dasko Milinovic señala que la historia de Yugoslavia está bien establecida, pues tenía una lengua oficial, dos alfabetos y en Ivo Andric, un premio Nobel de literatura comprendido por todos.
"Todas las naciones son inventadas, representan un concepto político. La nación no existe en estado natural, sino los osos, los pájaros y las ardillas tendrían una", señala.
Esta vez, las autoridades serbias parecen menos hostiles a la idea.
"Como ciudadano de este país de ideas liberales, por supuesto que apoyo (esta iniciativa)", declara a la AFP el ministro serbio de Derechos humanos y minorías, Tomislav Zigmanov.
Si la comunidad reúne las condiciones necesarias, como obtener las firmas del 40% de la gente que se ha identificado como tal en el censo, los yugoslavos se convertirán en una minoría oficial.
Milinovic dice que no es "yugonostálgico". Para él la identidad yugoslava surge de la esperanza de un futuro mejor donde el progresismo ganaría al nacionalismo.
"No somos exyugoslavos, somos los yugoslavos del futuro. No hablamos de la ex Yugoslavia sino de la del futuro".
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