Literatura: cartas de niños a los fabricantes de armas
Un libro italiano recopila misivas, desde Gaza a Ucrania

Con estas palabras comienzan las cartas firmadas por Arnoldo Mosca Mondadori, Cristina Castelli y Anna Pozzi, autores del volumen que acompaña las misivas enviadas a algunos de los mayores fabricantes de armas del mundo.
El libro, titulado Lettere dei bambini ai fabbricanti di armi y publicado por Il battello a Vapore Piemme, forma parte de una iniciativa que sus impulsores definen como un acto político y un llamado directo a la conciencia de la industria armamentística.
Las cartas llegarán a compañías como Leonardo Spa y Rwm Italia en Italia; Rheinmetall en Alemania; Thales Group en Francia; y Lockheed Martin Corporation en Estados Unidos, entre otras.
Junto a cada envío se incluye el mensaje de un "testimonial": Vito Alfieri Fontana, exfabricante de armas que transformó radicalmente su vida.
"Los niños son la razón de la paz —escribe Fontana—, su mejor argumento. La paz de los niños está llena de futuro porque olvidan pronto el dolor y la nostalgia, una carga triste, en cambio, para nosotros los viejos. He trabajado como operador humanitario en Kosovo —recuerda— después de la guerra que hubo allí, desde finales de 1999 hasta 2001".
En el prólogo, Mosca Mondadori —presidente de la Fondazione Casa dello Spirito e delle Arti— reconstruye la historia de Fontana, quien durante 16 años fue propietario de una empresa productora de minas antipersonales.
"Lo hacía desde hacía dieciséis años, con excelentes resultados comerciales", relata. Todo cambió cuando su hijo de ocho años encontró por casualidad catálogos con imágenes de ese armamento.
"Un día tuvo una distracción: dejó en el coche los catálogos de sus productos y el hijo, al que estaba acompañando a la escuela, los hojeó, se asustó y le preguntó: '¿Qué son las minas antipersonales?'. Él se lo explicó e intentó presentarse ante los ojos del pequeño como un hombre que hacía 'lo que alguien tiene que hacer'. El niño le preguntó: '¿Y por qué precisamente tú?', pero sobre todo, nada convencido con la explicación que recibía, le dijo: 'Entonces, papá, ¿tú eres un asesino?'".
Aquella pregunta cambió su vida para siempre y dio origen a la idea de interpelar "al corazón" de los fabricantes de armas a través de las palabras de otros niños que hoy padecen la guerra.
Una propuesta que recibió el respaldo del papa Francisco, quien escribió: "Me gusta la idea del libro.
¡Adelante!".
Como explican Castelli y Pozzi, "esto es mucho más que un libro. Es un movimiento de resistencia apolítico, de oposición tenaz y obstinada a la guerra y a todas las formas de violencia, abuso, opresión y violación de los derechos humanos, especialmente de los más pequeños".
El libro recorre escenarios de guerra como Gaza y Ucrania.
Desde los escombros, Alaa (13 años) narra una vida en la que los juegos infantiles continúan bajo los bombardeos, en una normalidad surrealista. Mariam (11 años), desde la Franja, habla de "tristeza, desesperación, tensión y miedo", y de la pérdida de tantos seres queridos.
Amal (10 años) pide "a la gente que venga a protegernos", mientras Amir (11) explica: "han destruido nuestra casa, nuestras tiendas y nuestra empresa. Lo hemos perdido todo".
También aparece Myanmar, antigua Birmania, donde Ne Ling (16 años) cuenta que los militares "han comenzado a bombardear ciudades y pueblos, a disparar contra las personas, a arrestarlas y torturarlas aunque no hubieran hecho nada".
Historias similares llegan desde la República Democrática del Congo, Ucrania y Sudán del Sur, en un mosaico de horrores y esperanzas narrado por niños y adolescentes que, en el capítulo final, expresan sus emociones a través de dibujos.
Uno de ellos proclama: "La paz siempre es posible", junto a la imagen de un sol radiante sobre un tanque que dispara flores.
Las cartas concluyen con una apelación directa a las empresas: "Les rogamos que lean las cartas de los niños como si fueran enviadas por sus hijos y sus nietos, animándolos a abrir su corazón con la convicción de que es posible pensar en un mundo sin guerras. En nombre de tantos niños y jóvenes que hemos encontrado, gracias por su atención, conscientes del coraje necesario para emprender un nuevo camino". (ANSA).



