Los habitantes de Crimea no temen quedarse sin agua

Vendiendo lavanda en una estación de tren en la península ucraniana anexada por Rusia, la jubilada Tatiana Bocharnikova no se inquieta ni por los combates ni por una hipotética escasez de agua tras la destrucción de la represa de Kajovka.
"Los pozos están llenos de agua, el río también y las represas están llenas", dice esta mujer de 64 años, de pelo rubio y piel bronceada.
A cambio de un puñado de rublos, Tatiana vende lavanda cerca de la estación de Simferopol, capital administrativa de la península que está más expuesta que nunca al conflicto.
A principios de junio, la destrucción de la represa de Kajovka en el río Dniéper, que abastece un canal que riega la árida Crimea, suscitó preguntas en cuanto a su suministro de agua.
Pero Bocharnikova asegura que quedarse sin agua es "imposible".
También declara que no ha sentido el impacto de los combates, que se intensificaron en las semanas recientes.
Anexada por Moscú desde 2014, Crimea es cada vez más blanco de ataques y actos de sabotaje de los que Rusia acusa a Ucrania.
Pero esto tampoco inquieta a la jubilada.
"Estamos contentos de que llevamos viviendo en Rusia tantos años. Es realmente una gran suerte", dice la mujer que, de todos modos, se queja del aumento de precios de la comida.
"¿Qué puedes hacer? Tienes que tirar adelante de todos modos", dice con una sonrisa acompañada por un guiño del ojo.
Igor Dedenov, de 21 años, asegura también que el agua en el canal es suficiente para que él y su amigo puedan pescar.
"Parece que el nivel se mantiene de momento por las abundantes lluvias", dice el hombre de pelo corto que viste una camiseta con la inscripción "Kansas".
- "No hay preocupación" -
Tras la anexión de Crimea, el suministro de agua a través del canal disminuyó y la península sufrió escasez.
Todo cambió cuando las fuerzas rusas tomaron control de la totalidad del canal tras el comienzo de la ofensiva sobre Ucrania en febrero de 2022.
Los residentes de Simferopol son optimistas de que esa escasez no volverá.
"No creo que nuestro gobierno nos deje sin agua", dice Matilda Galushkina, trabajadora cosmética de 21 años. En el peor de los casos se puede filtrar agua marina, asegura.
"Puede que tengamos que ahorrar agua un poco y que la corten durante algunos periodos como hicieron antes, pero no es tan malo", añade.
"Conocemos todo esto. Hemos estado sin agua y sin electricidad y hemos sobrevivido. Todo está bien. No hay preocupación", insiste.
Su amiga Alexandra Kostenko, de 22 años, afirma que hay solo "casos muy raros" de gente que entra en pánico, especialmente aquellos que han llegado a Crimea más recientemente.
Pero la cuestión del agua es solo una de las amenazas que acechan a la península.
La región se ha visto golpeada de manera repetida por ataques de drones y misiles.
Las autoridades rusas informaron el jueves que un puente entre Crimea y el territorio controlado por Moscú en el sur de Ucrania fue blanco de un ataque.
El Kremlin también culpó a Ucrania de una explosión en el puente principal que conecta Crimea con el territorio continental ruso.
Nikita Volkov, de 33 años, afirma que Rusia está reforzando sus defensas en respuesta a estos ataques y que no está preocupado por la situación.
"La defensa aérea se hace cargo de los drones. Si este no fuera el caso, entonces podríamos estar preocupados", dice antes de subir a su motocicleta en su chaqueta de cuero negro con la espalda decorada con un símbolo soviético.
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