Mascotas: cómo educar a los gatos "rebeldes"
Nuevas fronteras en las reglas de adiestramiento para una buena convivencia

Desde el minino que destroza la tapicería de cortinas, sillones y camas, hasta el que baila "samba" sobre su humano en plena madrugada, o el gato explorador que se cuela en el jardín o el departamento del vecino y picotea todo lo que encuentra.
El vínculo entre humanos y felinos está cada vez más en el centro del debate, con investigaciones en curso como las del Institute for Applied Ethology and Animal Psychology, en Horgen, Suiza, que analiza cómo mejorar la convivencia con los gatos, tanto en casa como en el vecindario, en un estudio publicado en Science.
"Hay manera de manejar a un gato maleducado?" es una de las preguntas más frecuentes en foros y redes sociales. Según veterinarios especialistas y psicólogos, sí es posible, aplicando estrategias educativas y conductuales relativamente simples.
Las reglas básicas comienzan por entender la inclinación del animal —algunas razas tienden a ser más dóciles que otras—, ganarse su confianza, aplicar el refuerzo positivo (premios y caricias ante cada conducta adecuada), ofrecer alternativas a la "travesura" —principalmente más juego— y evitar los gritos, ya que un tono de voz elevado solo genera distancia. Y, sobre todo, practicar la paciencia.
Sobre cómo mantener el equilibrio en una relación que a menudo parece inclinarse a favor del "rey de la casa", reflexiona también la psicóloga Grazia Giovanardi, estudiosa del comportamiento felino y autora de un libro para mejorar la convivencia con los felinos domésticos.
"Con el gato no funciona ceder en todo. A veces es él quien debe adaptarse", señala el texto. "Se pueden establecer reglas de convivencia pacífica sin convertirse en sus súbditos, pero el método resulta más eficaz si se aplica desde que es cachorro; de lo contrario, será más difícil".
La especialista recomienda, ante todo, descifrar su carácter para comprender qué está expresando incluso cuando adopta comportamientos extraños o inusuales. También subraya la importancia de encontrar el equilibrio entre mimos y límites, saber cuándo ceder a un capricho y cuándo imponer normas para una convivencia armónica.
"Un ejemplo concreto? Atreverse a hacerlo dormir fuera del dormitorio si tiene la costumbre de despertarnos a zarpazos. La clave está en prepararle espacios adecuados y atractivos —camas elevadas y, en invierno, cerca de radiadores o zonas cálidas— en otras áreas de la casa, y resistir sus maullidos con la puerta cerrada. Con el tiempo, se acostumbrará. Un humano que descansa bien estará más dispuesto a jugar y brindarle atención en otros momentos del día, quizá viendo televisión con el gato en brazos.
"¿Y si quiere jugar cuando estamos cansados o distraídos? El juego es una buena señal: indica que está sano y en equilibrio con su entorno y sus humanos convivientes. Por lo tanto, hay que acompañarlo", aconseja.
Los rascadores y postes para afilar las uñas son una alternativa eficaz frente a la destrucción del sofá. Puede ayudar el uso de sprays repelentes para telas y reforzar positivamente cuando el gato utilice el rascador —incluso acercándolo físicamente y premiándolo con una golosina—.
La clave, insiste el manual, es la constancia: con el tiempo, aprenderá. (ANSA).



