Medio Oriente: el centro de Tel Aviv cubierto de vidrios y sangre
Es en la zona donde un misil iraní provocó muerte y destrucción
A lo largo de las calles que conducen al gran cráter dejado por el misil iraniano, incluso a un kilómetro de distancia y en las calles laterales, los escaparates de las tiendas están hechos añicos, las ventanas cuelgan de los marcos y las persianas están descolgadas. A su alrededor aún persiste el fuerte olor de explosivos. En lugar de los grandes ventanales del Teatro Nacional Habima, quedaron huecos vacíos.
La agencia de noticias ANSA accedió al área afectada, acordonada y restringida a los no residentes, con el permiso del ministerio de Relaciones Exteriores israelí.
Las sirenas de alarma suenan de forma continua, hay que correr varias veces al refugio cercano.
El más accesible es precisamente el que usaron el sábado por la noche los residentes de los edificios devastados.
La puerta está destrozada, hay manchas de sangre en las escaleras y trapos usados para detener las hemorragias antes de que llegaran las ambulancias.
Algunos no pudieron cerrar la puerta de hierro detrás de ellos, fueron alcanzados por esquirlas, y ahora están en el hospital en estado crítico.
Dentro del refugio están los habitantes de los dos edificios reducidos a escombros, han venido a ver si pueden recuperar algún objeto, una prenda, un recuerdo. Pero después del shock del bombardeo, ahora se dan cuenta de que no hay nada que recuperar. Todo ha sido quemado: muebles, colchones, libros, reducidos a una pasta indistinguible.
La vida anterior se ha desvanecido, como ocurre con los seres humanos que se encuentran ante la ferocidad de la guerra.
Son en su mayoría personas mayores, algunos jóvenes abrazan a sus inseparables perros, una pareja se abraza desolada, y una mujer con muchos años y un rostro triste ha puesto una diadema de princesa, porque de todos modos es Purim.
La festividad judía que recuerda eventos del siglo V antes de Cristo, cuando la esposa del rey, Ester, logró cambiar el destino de los judíos en Persia y salvarlos.
Después, las sirenas callan; fuertes explosiones sacuden el refugio, son los interceptores israelíes que derriban las poderosas bombas lanzadas por las Guardias de la Revolución.
Cuando los estruendos cesan, se puede volver a la luz del sol.
"Yo vivía aquí al lado, mi casa está dañada, ahora somos desplazados", contó amablemente Alona, hija del ministro de Relaciones Exteriores Gideon Sa'ar y conocida actriz. Está sentada en un muro que quedó en pie a pocos pasos del apartamento donde vivía hasta el día anterior.
Entre los árboles desarraigados por la onda expansiva, hay escombros irreconocibles y manchas de sangre a lo largo de toda la acera. Cuenta que brindó primeros auxilios con su compañero a uno de los heridos graves del impacto, ayudándole a detener el sangrado. Frente a ellos está el enorme cráter dejado en el suelo por el misil iraniano, que podría albergar un pequeño lago.
Para los aproximadamente 200 desplazados, la administración de la ciudad ha previsto alojamiento en hoteles. Las bulldozers están moviendo los escombros, y los trabajadores ya están listos para demoler los esqueletos de concreto que quedan en pie. Solo ha pasado un día, pero hay que empezar a vivir de nuevo. (ANSA).



