Medio Oriente: Líbano exige desarme de Hezbolá
El gobierno declaró ilegal el lanzamiento de misiles
Sin Ali Khamenei, muerto en un ataque israelí, Hezbolá aparece más expuesto que nunca desde su fundación. El eje con Teherán —pilar político, financiero y simbólico del movimiento— se ha resquebrajado en el momento más delicado.
Incluso Nabih Berri, inamovible presidente del Parlamento y aliado histórico dentro del chiismo libanés, optó por no quedar atrapado en la crisis: expresó pleno respaldo a las decisiones del gobierno y tomó distancia del partido armado.
Para el líder del movimiento Amal, la disputa también es interna: reducir el peso de un aliado convertido en lastre supone intentar recuperar la conducción de la vía chiita.
La presión occidental sobre Beirut se mantiene constante. El presidente Joseph Aoun, considerado cercano a Washington, se reunirá en las próximas horas con los embajadores del llamado Quinteto —Estados Unidos, Francia, Qatar, Arabia Saudita y Egipto—, en un movimiento que suena más a advertencia política que a simple gesto diplomático.
Aoun se desmarcó de los lanzamientos de misiles: "Lo ocurrido no tiene que ver ni con la defensa del Líbano ni con la protección de los libaneses", afirmó, al calificar de "inaceptables" acciones que ofrecen a Israel nuevos pretextos para destruir lo que queda en pie.
Quien lanzó los misiles, añadió Aoun, debe asumir la responsabilidad de sus decisiones y no trasladarla al "pueblo libanés".
El giro político llegó al término del Consejo de Ministros.
Por primera vez en la historia del país, el gobierno —aun con la presencia formal de dos ministros de Hezbolá— declaró ilegales las actividades militares del Partido de Dios.
"El Estado libanés declara su rechazo absoluto e inequívoco a cualquier acción militar al margen de sus instituciones legítimas", señala el texto aprobado.
El Ejecutivo impuso "la prohibición inmediata de todas las actividades de seguridad y militares de Hezbolá" y exigió la entrega de sus armas al Estado, limitando su acción al ámbito exclusivamente político. Beirut manifestó además su disposición a abrir negociaciones con Israel bajo tutela internacional.
Mientras tanto, oleadas de desplazados del sur y del valle de la Bekaa buscan refugio en el centro y el norte del país, aunque no todas las escuelas han abierto sus puertas. En la propia comunidad chiita crece el malestar. "Cuando es demasiado, es demasiado", se escucha en calles y pasillos del poder tras el lanzamiento de misiles reivindicado por Hezbolá en respuesta a la muerte de Khamenei.
Israel ha golpeado con fuerza esas zonas, apuntando también a las sucursales de la red financiera del partido, la que garantizaba préstamos y ayuda en efectivo a su base social. Un impacto que debilita aún más su capacidad de sostener apoyos, mientras no hay noticias de su líder, el jeque Naim Qassem, considerado ya un objetivo en movimiento.
En el trasfondo persiste la hipótesis de una invasión terrestre del sur del Líbano con el objetivo declarado de "borrar a Hezbolá" del territorio. (ANSA).



