Medio Oriente: petróleo, un campo de batalla entre Washington y Teherán
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Tras el choque diplomático y militar entre Washington y Teherán se esconde un factor más discreto, pero más decisivo: la estabilidad de los mercados energéticos y el control de los flujos de crudo.
De hecho, analistas regionales destacan cómo las tensiones se desarrollan en múltiples niveles.
En la superficie, las conversaciones se centran en la energía nuclear y los misiles. Pero en el fondo, se desarrolla un juego económico que se extiende desde el Golfo hasta el importante equilibrio de poder entre Washington y Pekín.
El primer nivel es regional. Irán, según observadores, sigue siendo una potencia energética sancionada, pero capaz de exportar millones de barriles diarios a través de redes comerciales paralelas.
Una parte significativa de este crudo se dirige a China a precios reducidos, lo que proporciona a Teherán ingresos esenciales para su poder interno y su proyección exterior.
Controlar estos flujos afectaría directamente la capacidad financiera de la República Islámica.
Sin embargo, la geografía también ofrece a Irán herramientas de disuasión.
El Estrecho de Ormuz, por donde pasa más de una quinta parte del petróleo mundial, sigue siendo un centro estratégico.
Los observadores del Golfo señalan que, sin un cierre formal del estrecho, incluso las amenazas, las incautaciones selectivas o los ataques a la infraestructura energética del Golfo podrían provocar un aumento inmediato de los precios, con repercusiones en los mercados globales.
El segundo nivel es global. La mayor parte del petróleo crudo iraní se destina actualmente al este de Asia, con China como principal destino.
Pekín se beneficia de suministros en condiciones favorables, lo que refuerza su seguridad energética y apoya su competitividad industrial.
Reducir drásticamente estos volúmenes obligaría a China a recurrir al mercado internacional a precios más altos.
Por ello, según expertos, la presión estadounidense sobre el petróleo iraní no se limita a contener a Teherán.
El tercer nivel es interno en Estados Unidos. Washington es actualmente un importante productor y exportador de energía.
Una suba moderada de los precios podría beneficiar al sector interno, pero un aumento significativo en los precios del petróleo impactaría la inflación y los precios de los combustibles, con consecuencias políticas directas.
Los analistas afirman que, en vista de las elecciones intermedias del próximo noviembre, la Casa Blanca debe calibrar su presión sobre Teherán, evitando al mismo tiempo repercusiones excesivas en el mercado.
Por lo tanto, las opciones de la Casa Blanca siguen siendo graduales y diferenciadas.
El endurecimiento de las sanciones afectaría progresivamente los ingresos iraníes.
Medidas más contundentes contra el tránsito marítimo afectarían más rápidamente los flujos asiáticos, pero con efectos inmediatos en los precios.
Los ataques directos a la infraestructura energética, en cambio, allanarían el camino para una escalada regional difícil de controlar.
Lo que emerge es una dinámica ordenada por escala: el Golfo como espacio físico de presión y disuasión; Asia como salida comercial crucial; Estados Unidos como centro político llamado a equilibrar la estrategia global y los equilibrios internos.
El petróleo, insisten los observadores de Medio Oriente, trasciende esos niveles y representa el punto donde convergen la confrontación regional y la rivalidad entre grandes potencias.
(ANSA).



