Medio Oriente: se multiplican los frentes de la guerra
Líbano y Chipre, nuevos escenarios
Por Luca Mirone.
El epicentro sigue siendo Irán, con Teherán bajo intensos bombardeos de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) y las principales ciudades israelíes envueltas en el sonido incesante de las sirenas antiaéreas.
Sin embargo, el perímetro de la guerra se ha ampliado: Hezbolá reapareció en el frente, mientras varios países árabes comenzaron a evaluar una respuesta militar a los ataques de los Pasdarán.
Estados Unidos también se ve cada vez más implicado, con el consiguiente aumento de pérdidas: tres cazas fueron derribados por fuego amigo en Kuwait.
La megaflota desplegada en la región ya está recibiendo refuerzos para sostener una intervención prevista para durar "cuatro o cinco semanas", informó el presidente Donald Trump, quien advirtió que existen "capacidades para ir más allá" y no descartó el envío de tropas terrestres.
El frente en Líbano se reabrió con una salva de cohetes y drones lanzados hacia Haifa y otras zonas del norte de Israel durante la noche del lunes. El ataque fue reivindicado por Hezbolá como represalia por la muerte del líder supremo iraní, Ali Khamenei.
Las milicias del Partido de Dios no atacaban a Israel desde el alto el fuego de noviembre de 2024. La ruptura provocó la protesta del gobierno de Beirut, que por primera vez en su historia prohibió toda actividad militar de las milicias chiitas.
La respuesta de las IDF fue contundente: bombardeos en el sur del Líbano, en el valle oriental de la Bekaa y en la capital. Setenta objetivos fueron alcanzados y se reportan al menos 52 muertos. Entre las víctimas figura el jefe de inteligencia Hussein Makled, mientras circulan versiones sobre la posible muerte del líder del movimiento, el jeque Naim Qassem.
En su primera declaración desde el inicio del conflicto, Trump afirmó que las fuerzas conjuntas "continúan realizando operaciones a gran escala" para cumplir cuatro objetivos: "destruir" la capacidad misilística del régimen, "aniquilar" su marina —"ya hemos destruido diez barcos"—, impedir la fabricación de la bomba nuclear y frenar la financiación de los grupos aliados.
La aviación israelí volvió a golpear Teherán, atacando el cuartel político, sedes de seguridad pública, comisarías y sistemas antiaéreos, dejando sectores de la capital sin electricidad.
Explosiones fueron reportadas cerca de la planta nuclear de Isfahán, donde el régimen almacena grandes reservas de uranio enriquecido al 60%, aunque la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) no informó daños confirmados. También habría sido atacada la instalación de Natanz.
Según la Media Luna Roja iraní, al menos 555 personas han muerto en Irán desde el sábado.
Desde la cúpula del régimen, el jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, afirmó que Irán "no negociará" y está preparado para una guerra prolongada. Los Pasdarán aseguran haber golpeado "500 objetivos" vinculados a Israel y Estados Unidos y ampliaron su radio de acción en el Golfo.
Un dron atacó la refinería saudita de Ras Tanura Refinery, una de las mayores de Medio Oriente, obligando a su cierre temporal. Qatar suspendió la producción en el mayor complejo de gas natural licuado del mundo tras incursiones iraníes, y Doha respondió derribando dos cazas de Teherán.
En Kuwait, los sistemas de defensa aérea, al intentar repeler enjambres enemigos, abatieron por error tres F-15E Strike Eagle estadounidenses. Los seis tripulantes lograron eyectarse con éxito.
La tensión con la República Islámica alcanzó niveles críticos. Riad, Manama, Ammán, Doha, Kuwait City y Abu Dhabi, en un comunicado conjunto con Washington, afirmaron su "derecho a la autodefensa" y evocaron la posibilidad de "represalias".
Los ecos de la guerra llegaron también a las puertas de la Unión Europea. Chipre fue blanco de drones iraníes. Dos aparatos Shahed fueron lanzados contra la base británica de RAF Akrotiri, en el sur de la isla.
Los drones fueron derribados y algunos restos cayeron dentro del perímetro militar, causando daños leves. Horas después, Londres ordenó la evacuación del personal, al igual que el gobierno de Nicosia, que desalojó la zona y cerró el aeropuerto internacional de Pafos.
Atenas envió dos fragatas y dos cazas F-16 para reforzar la protección de la isla de mayoría grecochipriota. (ANSA).



