Medio Oriente: Trump busca una salida, "dispuesto a hablar con nuevos líderes"
El magnate mira a modelo venezolano. La guerra es una amenaza para las elecciones intermedias

El ataque a Irán asestó un duro golpe al régimen, eliminando a 48 líderes, pero el nudo de la futura gobernanza del país y las consecuencias para los frágiles equilibrios de Medio Oriente aún está por decidirse.
"Hay buenos candidatos", se limitó a observar el presidente estadounidense, mostrando complacencia por la reacción del pueblo iraní.
"A pesar de saber que es muy peligroso, la gente salió a la calle y gritó de alegría", señaló.
No obstante, el comandante en jefe no se comprometió con una posible continuación de su campaña para apoyar una revuelta popular, en caso de que esta se produjera.
"Evaluaré la situación, no puedo responder ahora", explicó después de instar a la población a recuperar su país, su libertad y su gobierno.
No está claro si Trump tiene o no un plan para el período posterior a Alí Jamenei. Muchos consideran que la administración no tiene nada en concreto y que, como ha sostenido el exconsejero John Bolton, Trump actuó por impulso sin conciencia de las consecuencias del vacío de poder.
Otros observadores notan que el ataque podría alimentar la percepción de Estados Unidos como un "Estado canalla" que fomenta la inestabilidad, dirigido por un presidente que no ha aprendido nada de las guerras pasadas en Irak y Afganistán y de los cambios de régimen.
La administración parece esperar un conflicto relámpago y una solución al estilo Venezuela, con el liderazgo entregado a alguien del régimen capaz de mantener la calma en el país y al mismo tiempo satisfacer todas las demandas estadounidenses.
Sin embargo, este es un escenario difícil de replicar en Irán. Ningún presidente de Estados Unidos logró hasta ahora redefinir Medio Oriente mediante el uso de la fuerza, por lo que la apuesta de Trump se presenta particularmente arriesgada.
Su red diplomática en la región es densa, desde Israel hasta Qatar, que le regaló un nuevo Air Force One, pasando por la Arabia Saudita de Mohammed bin Salman, que supuestamente le instó en privado a atacar.
En Medio Oriente, con los Acuerdos de Abraham, Trump logró uno de sus mayores éxitos como presidente, y ahora no quiere poner en peligro ese logro histórico con un conflicto fuera de control que podría perjudicarlo en términos electorales a pocos meses de las elecciones de medio término.
De hecho, la guerra podría provocar un aumento en los precios de la energía, elevando la inflación y la ira de los estadounidenses contra el costo de vida que no da respiro.
"No estoy preocupado" por el precio del crudo y el impacto de la operación en el estrecho de Ormuz, "hago lo que es correcto y al final funciona", aseguró, precisando que los precios podrían subir solo si las cosas salieran mal.
Sin embargo, es la versión del magnate: todo avanza correctamente en la operación Furia Epica: "Estamos por delante de los planes. Hemos destruido 9 naves iraníes y también su cuartel naval", informó.
No hubo palabras sobre los primeros tres estadounidenses muertos en combate y los cinco heridos.
El presidente había advertido que podría haber víctimas, pero los primeros tres caídos arriesgan alimentar aún más las polémicas por su "guerra elegida", como la han definido los demócratas, y el escepticismo hacia el conflicto del mundo MAGA, ya dividido por el asalto en Venezuela.
Tucker Carlson, una de las figuras más conocidas del movimiento, criticó duramente la operación, calificándola de "repugnante y malvada".
En nombre de Charlie Kirk y de su oposición a una guerra en Irán, muchos se han abstenido hasta ahora de expresar juicios, ocultando su malestar. Otros, en cambio, confían ciegamente en Trump y lo apoyan de manera incondicional. Una fractura emblemática de las divisiones sobre quién recogerá el testigo de Trump y liderará el movimiento hacia 2028. (ANSA).



